01- “El viejo recuerdo de alguien sin memoria”
(La página reconoce el guion largo de los diálogos como 3/4)
Oscuridad, todas las buenas historias comienzan con oscuridad, ¿no es así?
Una linterna iluminó el interior de la vieja residencia Palmer, pertenecía a una risueña anciana que abandonó su hogar tras enviudar; un olor ligeramente húmedo cubría de pies a cabeza el viejo papel tapiz; de entre la madera roída de la puerta a espaldas de un adolescente de piel pálida y sudorosa; se podía sentir un leve zumbido que emanaba desde lo profundo de su pecho.
Se distinguía un suave eco, resonaba entre las paredes y más enfocado por sobre el espacio donde se abría la puerta, una respiración, dificultada y rasposa. Aquello se escuchaba como alguien cuyos pulmones estaban empolvados junto a una garganta desecha por el humo que sería brea a este punto.
El chico tenía la respuesta sobre la procedencia del sonido; un cuervo, la pequeña ave estaba camuflada entre la oscuridad, posada cerca de la canaleta del desagüe, mirando fijamente al chico del rostro pálido y la camisa desabrochada cuando este apenas se proponía entrar a la casa, el animal había abierto el pico justo frente al joven, emitiendo aquel sonido, carrasposo, oxidado. Quizás solo lo copio o aprendió de algún lugar, fueron algunas de las explicaciones que pasaron por su mente.
¾Un cuervo…me asuste con un cuervo ¾murmuró, quizás un intento de calmarse.
La cámara enfocó a un pasillo estrecho, un poco descuidado, que respondía a los latidos y respiraciones dificultadas, con el más absoluto silencio; rápidamente activó la grabación de video de la cámara, apuntando hacia sí mismo.
¾Bueno…vine al lugar que me dijeron ¾murmuró, con un tono breve casi nervioso¾ la casa Palmer. Dejen sus sugerencias en los comentarios y si les gusta mi blog, les agradecería que me compraran un café.
Tras una risa un tanto nerviosa, la cámara se centró en grabar su recorrido, caminó hacia el interior de la casa, el pasillo era angosto, la vivienda estaba sumergida en completa oscuridad ya que la luz apenas iluminaba unos metros adelante.
De nuevo se escuchó una respiración, tenue pero presente, aunque esta vez el chico no reaccionó, estaba convencido de que solo sería el cuervo con ese desgarrador tono.
El recorrido fue anormalmente largo, pues por más que avanzaba no encontraba la esquina final, grabó las paredes de a su alrededor, recubiertas por un papel tapiz de un color crema desgastado, aquel papel cubría incluso el techo y el espacio donde deberían entrar las luminarias, como si alguien, al momento de colocar la tapicería, hubiera obviado que ahí debería haber un foco.
Se detuvo de repente al oír algo, casi que cada pelo de su cuerpo se erizó, al escuchar cómo es que al interior o quizás al otro lado de la pared, rasgó la madera, fue un sonido limpio, cada pequeña tabla o imperfección hizo eco de aquel lento sonido.
¾¿Oyeron eso?, parece que hay una rata, ¿verdad? ¾en voz alta, tratando de calmarse a sí mismo.
Cuando finalmente puso un pie tembloroso en lo que era el final del pasillo, miró a sus alrededores, la puerta principal estaba frente a él, a unos cuantos metros, doble puerta, a sus lados ventanas tapiadas con lo que suponía era madera y mortero puesto que estaban cubiertas por un enfermizo color verde, quizás fruto del moho.
A la izquierda, otro espacio abierto que suponía ser la sala de estar, amueblada con una televisión de tubo con la pantalla rota, sofá doble cubierto con una gruesa capa de polvo y una estantería vacía con la madera astillada.
Decidió, por cualquier cosa, explorar el espacio a su derecha, la cocina, algunas macetas vacías adornaban el espacio desordenado, ollas desbaratadas en el lavabo, suciedad y algo de grasa enmarcando el uso de la estufa, las ollas al interior del lavabo se movieron, y de nuevo, respiración.
Tranquilízate, Michael, es una jodida rata, no te puede asustar una jodida rata, pensó.
Esquivó muy deliberadamente la cocina, en su lugar decidió seguir avanzando hacia lo que parecía la puerta de un baño, al lado derecho de la cocina, la puerta estaba hinchada, pero se deformaba hacia afuera, como si algo la empujara desde adentro, quizás por la humedad del interior.
El pomo, anormalmente frio, giró con un sonido limpio, la puerta se abrió lo justo para revelar la habitación, el baño estaba cubierto en azulejos de pies a cabeza, suelo y techo tenían un color blanquecino enfermizo que denotaba una excesiva limpieza que rayaba en la perfección. El lavabo y el inodoro estaban perfectamente pulidos, como si ni una sola mota de polvo pudiera habitar el espacio.
Lentamente, Michael giró hacia el lavabo, sin llave de paso, sin tuberías, sin evidencia de que aquel lugar pudiera estar destinado a un habitad humano. Al cerrar la puerta tras de sí, pudo disfrutar de la ausencia del canto oxidado del cuervo.
Cuando había alzado la vista, apuntando la linterna al espejo que había a unos cuantos centímetros del lavabo, sus ojos se entrecerraron, buscando en el reflejo su propia forma, pero no había persona alguna en aquella imagen, sin cámara, sin linterna, como si el espejo mismo hubiera olvidado que había alguien dentro de aquella habitación.