El Inicio Del Fin

ORIGENES 1

—¿Aquí estoy bien?
—Un poco más lejos–respondió él.
—¿Aquí?
—Ahí es .
—Toma ya la foto, me veo ridícula haciendo esta pose. 
— ¿Ridícula? Yo no te veo para nada ridícula.
—¿Ah si? Y según tú ¿Como me veo?
—Preciosa....la mujer mas hermosa del lugar.
—Tú y tus halagos.
—No son halagos, simplemente digo lo que ven mis ojos. Eres la mujer mas hermosa que jamás haya visto. Ninguna aquí se te compara. ¿Escucharon? NINGUNAAA!–gritó a todos los que se encontraban en el lugar.
—Hahaha, ya cállate. Todos nos están mirando raro.
—Da igual, no me avergüenza gritar frente a todos que tengo la suerte de tener junto a mí a la mejor mujer del mundo. Lo haría un sin fín de veces más.
—Pues creo que también influye el hecho de que estas personas no te entienden,ya que todas hablan portugués.
—Lo hiciste de nuevo.
—¿Hice que?
—Arruinaste mi forma de expresar mis sentimientos con un razonamiento simple pero elegante.
—Hehehe, bueno es lo que me gusta hacer.
El la observó por unos momentos, y ella a él.
—Te amo Gina.
—Y yo a tí Jeremy.
Jeremy le acarició suavemente la mejilla con su mano derecha. Ambos se observaban fijamente.
Jeremy siempre se preguntaba como es que una chica tan linda como Gina se haya fijado en él. 
Jeremy nunca  se caracterizó por ser el mas guapo, pero feo tampoco era.
Sin embargo, Gina era diferente. Era muy bonita, no solo por fuera. Gina era una de esas chicas que ya casi no es encuentran. De las que tienen un pensamiento maduro, de las que sabe que el exterior no es para siempre, de las que de prefiere quedarse en casa a leer un libro en vez de salir a bailar y embriagarse en una discoteca.

Era dulce en su tratar y bondadosa en su actuar. Y algo que a Jeremy le encantaba, era muy inteligente. La mujer perfecta para muchos. La indicada para pocos.
Recordar todo eso solo hacía que el se enámorase mas de ella.

Mientras seguían mirándose Jeremy acercó su rostro a ella con la intención de besarla. Pero de inmediato se detuvo.
—Jeremy se está... está– la mirada de Gina pasó de la de una chica enamorada a una asustada en cuestión de segundos.
Jeremy volteó y comprendió el motivo de su miedo.

De inmediato empezaron a correr, él la tomó por la muñeca y salió de ahí, a cualquier sitio donde no pudiese alcanzarlos. No eran los únicos, todas las personas ahí presentes corrían, casi la mayoría en la misma dirección que él. Todas estaban asustadas y gritando. 
Niños, jóvenes y ancianos corrían por sus vidas, lastimosamente estos últimos se quedaban atrás. Jeremy solo tenía en mente proteger a Gina a como dé lugar. No permitiría que muriese aquí.

Derpente un hombre que estaba por detrás de ellos intentó adelantarlos, al no poder pasó empujando a Gina, provocando que se desequilibrara y tropezase. Hubiera caído al pavimento de no ser por la rápida reacción  de Jeremy quien, la sostuvo entee sus brazos antes de que esto sucediese.
—Imbécil, que acaso no la ves.
—Sí y por eso la empujé–gritó el sujeto. Gina tuvo que detenerse un momentos había corrido demasiado para su estado actual. 
–¿Estás bien? ¿Te hizo mucho daño? ¿Puedes seguir?
–Sí, solo deja que recupere el aliento–dijo ella muy agitada.
Mientras ella descansaba otro sujeto pasó corriendo desde detrás golpeándola con su hombro. Ella cedió hacia adelante.
—No estorben el camino–gritó el sujeto mientras se alejaba .

Jeremy quiso ir y darle de puñetes para que aprendiese, pero Gina lo detuvo. 
—No me dejes por favor.
Jeremy la abrazó y se quedó a su lado.
Mientras ellos seguían ahí, una cabeza enorme cayó del cielo y se estrelló metros delante de ellos aplastando a varias personas, entre ellas las dos que habían empujado a Gina. 
Jeremy vió la horrible escena mientras abrazaba a Gina intentando que ella no la viese.
Cráneos partidos, piernas totalmente inservibles, huesos por encima de la piel y personas aún vivas pero mutiladas gritaban pidiendo ayuda.
Y unos ojos artificiales que parecían verlo le recordaron la situación en la que se encontraban.

Jeremy volteó, la estátua del Cristo redentor había empezado a caer pedazo por pedazo. Quizás un fallo en la arquitectura de su base, quizá el deterioro por los años, no lo sabía pero tampoco quería quedarse a averiguarlo. 
—Tenemos que irnos–le dijo a Gina.
—Está bien.
Siguieron corriendo por el único camino que les quedaba, junto a varias personas que también huían despavoridas.
La estatua seguía derrumbándose, una parte del brazo cayó aplastando a varias personas. La mayor parte cayó por el acantilado aplastando a los distraídos que estaban debajo.
Ninguna parte más los alcanzó, la estatua terminó de desplomarse.
Lo que antes había sido la hermosa estatua del Cristo Redentor, ahora solo era una ruina más. 
—¿Estás bien?–preguntó Jeremy.
—Mas o menos, me siento muy agutada– le respondió Gina.
—Tranquila, ya terminó.




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