Hay pactos que no se gritan,
hay tactos que no se explican,
hay actos que no se evitan.
La espera sangraba porque cada persona se anhelaba, se buscaba con la mirada y ansiaba ser tocada. Un gesto bastó para que el cuerpo hablara primero, rompimos el silencio, desatamos el deseo, desordenamos el pulso llevando al aliento a un ritmo agitado y terminando con latidos apresurados nos fundimos entre orgasmos dónde los besos se quedaron tatuados en los labios.
Aunque el tiempo cedió y el incendio ardió nos demoramos en tocarnos porque lo que más amamos es lo que más apreciamos por eso nos marcamos para recordarnos que cada vez que nos mordemos nos pertenecemos.
En medio del placer que lo hace temblar él sabe que sólo quiere quedarse porque no todo lo que arde consume, porque en todo pacto existe un tacto que lo vuelve humano y en el acuerdo sin firma el cuerpo no domina porque no es poseer sino permanecer.
-Quiero alguien con quien crezca,
quiero alguien que me humedezca,
¿y si esa persona es la correcta?