Una chica abrió su alma con el primer chico que conoció, le lanzó una bomba de inseguridades, miedos y traumas. El chico se sorprendió tanto que tuvo miedo y huyó corriendo.
La chica lloraba a cántaros, puso una barrera con ladrillos en su corazón para que nadie nunca más la lastimara, pero lo que ella no sabía era que cuando conociera a otro chico esa barrera se caería por sí sola, porque así es el amor, es abrirse y mostrarse vulnerable.
Esta vez el chico le dijo algo típico de las películas cliché. - No eres tú soy yo. Quiero estar sólo y por ahora no busco una relación. - Le dolió porque sólo la ilusiono, pero gracias a eso ella le puso una armadura a su corazón y usó una máscara para ocultar las emociones que sentía.
Nuevamente conoció a un chico, pero esta vez no le lanzó la bomba de golpe, sino que poco a poco cada uno se abrió, contaron sus secretos y encontraron similitudes en sus miedos y traumas. Aun así, la chica tenía miedo de que él también se fuera, pero cuando le contó el último secreto él le respondió. -Cada herida te hace ser tu misma y sin ninguna la vida sería aburrida.
Después de mucho tiempo había encontrado al indicado, la chica lloró porque después de tanto buscarlo, de tanto anhelarlo por fin podía abrazarlo.