Antes de que brotará la primera hoja, el árbol ya respiraba. Cada rama colgaba un latido donde la savia escribía en silencio, esto hacía que la corteza se abriría para mostrar las heridas como promesas clavadas y talladas entre los anillos del tronco.
Entonces llegaron los pájaros con hilos del viento en el pico, construirían nidos y cocerían refugios, después con el paso del tiempo alzarían el vuelo y cada nido se volvería polvo dejando al árbol vacío, pero aún vivo por dentro.