Así como el artista necesita de la tinta para que el alma respire sobre el papel, la geisha necesita de su guardarropa, de las capas de seda que son la máscara que guarda su historia.
Entre el eco lejano del sumo y entre el humo del incienso, el kimono pesaba sobre mis hombros como un secreto antiguo cosido con hilos de silencio, y cada paso debía parecer ligero, aunque mi corazón caminará con miedo a veces la vida me encerraba entre paredes de silencio, como si el destino ya estuviera escrito sobre la piel.
Como una anguila escondida en su cueva, como la belleza escondida en la jaula, como una lámpara encendida que decide arder para siempre en la misma noche la geisha entrega su vida a una sola persona.