La escritora se volvió poetisa, sentía que había perdido la chispa, que necesitaba encontrarla pero no sabía donde estaba escondida, por lo tanto no sabía donde buscarla porque la tinta ya no sabía como contar como se sentía vacía y hueca porque era como si una parte de su vida estuviera exiliada, ya que escribir se volvió su forma de vivir y salir del mundo cotidiano. La chispa esperaba que la poetisa dejara de buscarla y cuando menos lo esperara llegaría por sí sola en el momento donde más la necesitara.