El internado, La colmena

Capítulo 78. Encuentro

El viaje fue de lo más genial, como explicar en pocas palabras mi emoción y el calor que abrazaba mi interior por estar tan cerca de Iracema, mi cuerpo se volvía una extraña mezcla entre el placer y la locura.

Pero la magia acabó cuando nuestra conversación sobre la fiesta de cumpleaños se vio interrumpida por Katú.

—Debemos hablar Iracema...

Crucé mis brazos esperando que Ira me pidiera cambiar de lugar, es más, bajé la vista, con la única intención de no ver a la chica para que llegado el momento no tenga que recoger mis pedazos por haber sido desplazado.

—Es verdad... debemos hablar—La voz de Ira sale con un tono conciliador y eso me lastima—, pero no ahora, estoy hablando con Luriel, y menos en el bus, tú y yo tenemos temas que nos conciernen solo a los dos, y este no es el mejor lugar Katú.

—De verdad ¿Te vas a poner del lado de éste niño?—pregunta susurrando, pero la humillación de su suplica es evidente para el que esté viendo la escena.

—Este niño, es el Cario, y el que buscó pelea fuiste tú...—Ira coloca una mano sobre el pecho de Katú y este relaja su respiración, ¿Yo? Muero de celos—, y te guste o no... no deberías andar creando grescas... no quiero hablar contigo ahora, ya te avisaré cuando esté lista, y espero que tu también lo estés, porque en ese momento solo quiero escuchar la verdad, no ese cuento con el que me vinieron.

Ira saca su mano del pecho de Katú este ahora parece un gato manso, sus ojos borran esa carga de ira y envidia que hace un rato tenia. Mueve la cabeza de manera afirmativa y se retira sin hacer contacto visual conmigo.

Yo no puedo ocultar mi inconformidad y los celos que se acumularon en mi interior, que estoy seguro que la mandíbula se me ve tensa, y mis manos están tan cerradas en puños que debo parecer boxeador.

—¿Estás bien?—pregunta posando su mano en mi hombro y me pregunto ¿Cómo es que con ese simple acto ya me tiene a sus pies? ¿Juanjo tiene razón? ¿Iracema pasó a ese otro nivel y ella no solo me gusta?

—No...—susurro y puedo notar que su expresión es de sorpresa al ver mi rostro.

—¿Qué ocurre?

—Todo... hace un momento me sentía genial, estando a tu lado, pero llega él, a los 5 minutos que me cuentas que terminaron, y estás hablándole bonito, y lo tocas, y yo...

Iracema sonríe y eso hace que mi cuerpo se estremeciera. Enloquecido, abrumado, perdido en ella, suelto un suspiro.

—No te entiendo Luriel, de verdad, hace años yo hubiera soñado este momento, y me volvería loca con esto. Pero ahora...

—¿En verdad ya no me quieres?—pregunto recostandome en el asiento.

—No lo sé —sus manos tiemblan, y sus labios apenas forman las palabras, verla nerviosa me encanta —, no puedo decir que ya no, porque no lo sé, el miedo me consume, Luriel, porque no quiero pensarlo.

>>Es complicado —se muerde los labios y cuantas ganas me dan probarlos así —, lo que siento por ti lo envié al fondo de mi cabeza, porque no quiero sufrir, no por ti.

—¿Es ese el concepto que tienes de mi? Una persona que te hará sufrir?

—No hablemos de esto por favor—se frota las manos y aleja la mirada de mi—, concentramos en la misión, en mañana, y ya veremos que pasa.

—¿Quieres a Katú?—pregunto susurrandola y ella voltea para que ambos quedemos muy cerca.

—Sí, pero aparentemente, no lo suficiente como para evitar estar tan enojada con él por su mentira.

Mis ojos la vuelven a recorrer y yo me acerco un poco más, para que su aroma siga en mi, mi cuerpo está extasiado por la cercanía, mientras las mejillas de la chica están super rojas.

—No puedo creer lo que voy a decir, pero Iracema, estoy completamente loco por ti.

La oración evidentemente afecta a Iracema quien queda pálida, sus ojos tienen un brillo extraño, mientras yo comienzo a arrepentirme por la sinceridad.

—No... Luriel, esto en verdad...

—¿Te molesta que sea honesto con lo que siento por ti?

—¡No! El problema es que me gusta... demasiado.

Este golpe de electricidad en mi estómago, las ganas incontrolables de acercarme más y la locura que me provoca su voz fueron los indicadores de que las cosas están empeorando para mi.
 

El bus se detiene y ella se levanta de golpe dejándome solo, respiro profundo, porque creo que no debí ser tan directo con ella ¿Pero qué se supone que deba hacer?

Espero a que todos bajen del bus y apoyo mis manos al respaldaron del asiento del frente mientras hundo mi cabeza buscando de esa manera reposar mis pensamientos.

—¡Vamos niño!— la voz de Orkias hizo que me reincorporarse, me pongo de pie y cuando veo que trae una sonrisa cómplice no dudo en poner los ojos en blanco.

—¿Qué tal con eso de estar arrastrado Luriel? ¿Estamos embarrados?

—Hasta el cuello...

Volteo para ver al vicerrector y con mucha intriga formulo mi pregunta.

—¿Cómo es que si apoyas mi coqueteo con Iracema y luego nos adviertes sobre lo que podemos y no hacer?

—No los vi coqueteando, número uno, número dos...tengo una apuesta con tu madre.

—¿Mi madre sabe lo de Iracema?

—Obvio, si no sabe no puedo apostar...

Vuelvo a poner los ojos en blanco y comienzo a caminar hacia la puerta del bus como para bajarme.

—No hagas una tontería Gianti— advierte mientras me llevo las manos a los bolsillos.

—Como digas Orki, como digas.

Bajo del bus, y voy junto a mis amigos quienes están jugando a algo en el celular, cuando me ven llegar guardan el celular y me prestan atención.

—Soldado herido en batalla—Juanjo simula dar un parte médico —, diagnóstico corazón roto.

—¡Lo bueno es que hay medicina!— Gustavo habla con entusiasmo —, lo puede encontrar en el segundo año y se llama Vega Apelmesi, se recomienda una dosis diaria.

—Ahora no sé que quiero—aseguro mirando a Iracema estando con sus amigas, cuando sus ojos se levantan y dan conmigo siento morir—, creo que en verdad necesito que me estripen el corazón.




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