El internado, La colmena

Capítulo 83. Menos

Acomodé mi cabello, volví a pasarme agua en el rostro, y me estudié, para sacar finalmente como conclusión de que yo no puedo quedarme con la excusa que Iracema acaba de ponerme.

Me seco la cara, y salgo del baño decidido a hacer lo que tenga que hacer.

Si Iracema no me quiere, que lo diga, pero que no me ponga una excusa como la de Yara.

Al caminar por el pasillo choco contra un hombre, un aroma extraño me llega, pero no lo reconozco, no le doy importancia, pido disculpas y continuo mi camino.

Desde donde estoy puedo ver que los chicos siguen recorriendo el piso de arriba, ahora me falta encontrar a Iracema de nuevo.

La gente se está alocando con la música que ambienta el lugar, por lo que el paso se me dificulta un montón.

Una mujer de quizás unos 25 años se cruza conmigo, muy sensual, muy mona, me aparta suavemente apoyando sus manos en mi hombro.

—Permiso chicos lindo—Dice sin mirarme.

Si una mujer así me dice chico lindo, ¿Cómo es posible que Iracema no se quiera quedar conmigo?

Desordeno mi cabello, intentando responderme cosas lógicas, como que la chica acaba de terminar una relación, que quizás y no me quiera lo suficiente para estar conmigo o que ella en verdad está intentado ser leal a una amistad. Pero la frustración gana a la lógica, y mi corazón no quiere puntos medios, quiere la verdad absoluta.

Llego hasta el box en donde se encuentran mis amigos, ellos están comiendo y bebiendo sentados hablando, conviviendo.

—¿Vieron a Iracema?—Pregunto casi sin verlos.

—Se fue para allá —Vega me apunta hacia las escaleras que dan hacia el patio.

—Gracias...—me quito el traje y lo dejo en el box en lo que voy hacia la dirección que me marcó Vega.

—¡Luriel!—Me grita Jazmin, yo volteo y la veo con la copa en alto —, No tardes que aún nos falta brindar.

Solo afirmo, mientras voy caminando más rápidamente, la música suena a todo volumen cada que me acerco más a la puerta, y cuando la atravieso busco con desesperación a la chica.

En la barra de afuera hay mucha gente bebiendo y fumando, y eso hace que mis sentidos se atonten un poco.

—¡Hey! Gianti—La voz de Daniel me hace girar hacia la dirección de donde viene.

Él está vestido totalmente de negro, fumando un cigarrillo, sentado en una butaca.

—¿Qué tal?—saludo pasandole la mano, pero mirando de nuevo a todas las direcciones.

—Bien, parece que tú no...

—Busco a mi amiga...

—¿La chica morena bonita?—pregunta y yo afirmo con la cabeza—, la vi por aquella dirección —apunta hacia un árbol gigantesco en medio del patio.

—Gracias... y disculpa voy por ella.

—Cuando vuelvas a ver a mi hermana, dile que yo siempre tengo razón, ella entenderá.

Frunzo el ceño y no digo más, supongo que son códigos de hermanos, yo voy por Iracema y dejo al chico quien acaba de apagar su cigarro en el cenicero y tomar de su bebida.

Corro, porque ya quiero encontrar a Iracema, y porque en verdad, ay una leve sospecha de mal presentimiento en el aire.

La zona a la que llego está vacía, solo plantas y luces, el aroma a agua fresca regando el suelo y nada más.

—¿Ira?—llamo casi susurrando mientras me adentro más a la oscuridad.

<<¡MIerda! Esta es un trampa>>

Susurro entre dientes la invocación a Yvytú quien aparece ante mí, no necesito decirle nada ella ya sabe que hacer.

Camino con cuidado, y en mis manos atraigo luciérnagas, estas cenaron a salir de las plantas que me rodean emitiendo una intensa luz.

De fondo escucho el leve ruido de unas piernas forcejear contra las rocas del suelo, en ese momento ya tenia ubicada la dirección. El forcejeo era más intenso, y fue acompañado por un pequeño silbido.

—Vayan a avisar a Cariem y a Orkias —Susurro a las luciérnagas y las libero.

—Ya sé hacia donde estás...—digo en voz alta—, te doy dos opciones... la primera liberas a la chica y te dos 5 segundo de ventaja para correr, la segunda, voy por tu cabeza.

—Una abeja—La voz, sela distorsionada—, intentando matar a una gota...

—Serias la segunda de la noche—digo caminando hacia la dirección de donde salia aquella voz.

—Mientes...—dice desesperado.

—No... que te lo diga la chica que tienes en tus brazos, yo maté a tu compañero y si continúas así, tú serás el próximo.

De nuevo oigo el forcejeo, miro a Yvytú y le hago un gesto para que se adelante en algún movimiento. El espíritu gris se mueve entre los escombros y se adentra a los matorrales.

—Bien, tienes 3 segundos para decidir que harás—asvierto.

—Tú no vas a poner las reglas—la voz suena asquerosa.

—Me alegra saber que te merecerá lo que te va a pasar.

Voy corriendo hacia la dirección en l que se encontraba, y la verdad que por algo el chófer de uber no le cerraba a Gustavo. La cara deformada del hombre que en teoría era el chófer está muy cerca de la cara de Iracema.

—Se ve una delicada y deliciosa abeja—dice pasando su lengua negra sobre el cuello de Iracema quien está con los ojos llorosos—Mmm para más es dulce... como la miel... que rica abejita la que me voy a cenar hoy.

Aprieto mis manos en puños, por sobre todo al ver como Ira intenta permanecer fuerte, pero el asco y el miedo la dominan por completo.

El hombre, terminó convirtiendose por completo en ese ente deforme parecido al anterior, pero mucho más grande. El cuerpo de la pequeña Iracema estaba colgando de los brazos de la deformidad y mi rabia seguía en aumento.

—Ataca, y rompo su cuello—amenaza mientras coloca sus manos en el cuello de la chica.

Los labios de Iracema estaban tapados por una especie de cinta negra, pero al ver la posición en la que está, por como las lagrimas caen y no produce casi sollozos, significa que tiene algo más en la boca y que a demás obstruye su garganta.

—Nadie vendrá a su rescate, están aislados—Dice la deformidad—y yo me comeré  dos abejas... y al parecer abejas importantes.




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