[Advertencia: este capítulo trata temas sensibles]
Perspectiva de Izack:
Un nuevo día… Me desperté, me vestí y pensé en una forma de ver mi reflejo. No lo conseguí inmediatamente; solo salí rápidamente para no encontrarme con Daniel. La primera en buscarme fue ella…
Madelyne: ¡Izack! Te ves bien… hoy decidiste usar tu nuevo uniforme.
Comenzó a arreglar el cuello de mi camisa con delicadeza. Me sentía un poco incómodo con ella tan cerca, pero no quería demostrárselo. En su cabeza, debía tener mi control.
Izack: Sí… aunque supongo que no puedo opinar. Es raro no tener un espejo cerca. Normalmente usaba mi teléfono, pero solo para arreglar mi cabello.
Madelyne: En el salón de nuestras reuniones hay uno. De todos modos tienes que ir, así que vamos juntos.
Izack: ¿Ok?
Caminé a su lado mientras comenzaba a hacerme preguntas al azar sobre mí. Solo respondía. No confiaba en ella, y no había olvidado lo que ella y Alexandra me hicieron. No aceptaría más nada de ninguna de las dos, sin importar lo que pasara.
Perspectiva de Ariel:
Estaba preocupado. Caminaba por los pasillos; Aly se me estaba yendo de las manos. Corría de mí, y no había nada que pudiera hacer. Tampoco tenía a Izack para que me ayudara…
Izack.
Me sentía culpable, pero esa culpa era merecida. Me dije a mí mismo que se lo compensaría como fuera.
Y Alex… él estaba cayendo. Siempre fue tan frío, pero algo estaba pasando. Desde esa conversación, desde ese “juicio”, no lo vi más.
Hablé con Vivianne y me dijo que probablemente estaría en el cuarto de ella. Era… extraño. En los años que conozco a Alex, casi nunca había despertado en la habitación de Vivianne. Sin embargo, hoy lo hacía, lo que me confirmaba que algo definitivamente muy raro pasaba.
Pero… no me gustaba ese ambiente. Así que solo sonreí, pateé la puerta de Vivianne para abrirla y—
Ariel: ¡¡BUENOS DÍAS, ALEX!!
Él no decía nada. Estaba despierto, y yo lo sabía. Solo se encogió más, se puso una sábana en la cabeza y se volteó hacia la pared.
Me senté en la cama, al lado de él.
Ariel: Hey, ¿qué pasa? ¿Te terminaron? ¿O te hicieron un amarre?
Alex (entre susurros): No me terminaron si nunca fuimos nada…
No dijo nada más, y rompió en llanto.
Ariel: Wow… ¿estás bien?
Toqué su hombro, intentando consolarlo de alguna forma. Era raro, no por desconfianza, sino por sorpresa.
Alex: No lo sé…
Ariel: Entonces… ¿por qué lloras?
Alex: Porque ya no está. La extraño… la extrañaba antes de todo esto, y ahora que se va… ¿siquiera me está diciendo la verdad? ¿De verdad nadie me la quitó?
Ariel: ¿Y estás siendo orgulloso o de verdad la amas, Alex? ¿Actúas por enojo de que te “roben” algo, o porque algo que amas ya no está?
Él se calmó un poco. Seguía llorando, pero esta vez con menos fuerza. Se levantó y me miró con seriedad, solo para volver a romperse después.
Era como verlo intentando correr sin éxito.
Alex: No lo sé… nunca lo pensé, y eso es lo peor. Solo sé que quiero estar con ella.
Ariel: ¿Quieres estar con ella, o quieres que ella esté contigo?
Alex: Tengo miedo…
Me senté más cerca. Ambos recostamos la espalda contra la pared, mirando la pared de enfrente.
Ariel: ¿De qué?
Alex: De que si me quedo a su lado, la hundiré conmigo. De que si me quedo a su lado, no será suficiente. Que yo no seré suficiente para ella…
Puedo jurarle fidelidad hasta el día de mi muerte, eso lo sé. Ella es la única.
Pero… no es un tema de fidelidad, Ariel.
Ariel: ¿Entonces de qué es el tema?
Alex: No soy lo suficientemente bueno para ella.
…
Alex: Pero tampoco lo suficientemente fuerte para alejarme, y eso me duele.
Lo miré, y él seguía llorando... Solo abrazaba sus rodillas. Tenía los ojos hinchados, ojeras, estaba al límite.
Ariel: No creo que este lugar te haga bien, te recuerda a ella.
Alex: Conserva su olor... Sé que cuando salga de aquí, jamás volveré. Y no quiero.
Él estaba actuando como un niño, así que intenté ponerme a su nivel. Lo sacaría de aquí; ese lugar no le hacía bien. Encendí un cigarrillo en la habitación, y él se dio cuenta automáticamente. Me lo quitó y lo apagó contra la pared.
Alex: ¡¿Qué te pasa, Ariel?!
Ariel: Si tú te vas a quedar, yo también. La espera será larga, y necesito relajarme. No te creo que tú nunca hayas encendido un cigarrillo en este lugar, ¿no?
Solo se tapó la cara y siguió hablando.
Alex (entre murmullos): Solo yo puedo...
Ariel: Pues ahora alguien más lo hará. Pero ya no en este cuarto, sino en una bonita casa, con dos habitaciones para los niños y una para los recién casa—
Alex: ¡¿Estás intentando animarme o empeorar todo?!
Ariel: ¿Por qué animar a alguien que no quiere ser feliz?
Alex: Quiero ser feliz con Vivianne...
Ariel: ¿Felices los dos? ¿O solo feliz a costa de ella?
Él me miró con cansancio. Se levantó, abrió unos cajones y comenzó a sacar varias cosas para meterlas en su mochila: cajetillas de cigarrillos, su ropa, abrigos, dinero y unas llaves. Luego buscó debajo de la cama, limpió restos de cigarros, envolturas de comida y otras cosas. También encontró uno de sus pantalones, camisetas, un par de monedas y medias. Todo fue a la mochila.
Me empujó suavemente de la cama y ordenó las sábanas. Luego me sacó de la habitación, roció un aromatizante y también salió. Cerró la puerta con seguro.
Terminamos en su sala, y se derrumbó nuevamente al otro lado de la puerta. Se sentó en el piso a llorar. Intenté levantarlo, pero él lo evitó. Se levantó solo. Vivianne tenía cada parte de ese lugar llena de libros y cuadernos. Alex tomó un libro que aún seguía empaquetado y con un lazo, luego un cuaderno y un bolígrafo. Todo fue a la bolsa.
Me tomó de la mano, salimos del lugar y cerró la puerta.
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Editado: 09.01.2026