El internado Sweet home

Las perspectivas

Perspectiva de Alex:

Estábamos juntos en su cama. Habíamos permanecido hablando de cosas de su vida; eso era lo único que quería saber. Ella acariciaba mi cabello como siempre, mientras yo permanecía sobre su cuerpo.

—Vivianne: Es raro que no me cuentes nada esta noche...

—Alex: No quiero abrumarte con eso.

—Vivianne: Me gusta escucharte. ¿Qué pasa?

—Alex: No lo sé... Las cosas están raras con Izack, casi tanto como lo que pasó cuando Ariel llegó. Es algo extraño, no sé por qué actúo así.

—Vivianne: Ja... recuerdo cómo eras con Ariel..., pero también recuerdo cómo pasaste eso.

—Alex: Yo no...

—Vivianne: Tienes una cuestión rara con quienes te ves “reflejado”, ¿sabes?

—Alex: Lo sé. No me gusta. Lo llevo bien hasta que se habla mucho de eso y se vuelve extraño.

—Vivianne: Nunca lo llevas bien, Alex. Si es igual que fue anteriormente, solo aléjate por unos días. Creo que deberías revisar eso con un experto.

—Alex: En otro momento. Es extraño... solo tengo esa necesidad de que no repitan mis pasos, e Izack se esfuerza en no seguirlos. Sin embargo, desde su perspectiva mis consejos son mis pasos, y no lo son. Es lo contrario: él está haciendo exactamente lo mismo que NO debería hacer. ¡Incluso lo está haciendo peor que—!

—Vivianne: Shh... deja de pensar en eso. Ahí está, deja de preocuparte. Pasaron muchos momentos de tensión y le tienes aprecio, pero son sus decisiones.

—Alex: Recuerdo a Ariel...

—Vivianne: Cuando llegó, lo molestaban como nunca.

—Alex: Aún sucede.

—Vivianne: No es tan malo ahora. Lo aconsejaste y lo soltaste, y míralo: fuerte, independiente, y—

—Alex: Y roto, porque no hice lo suficiente.

—Vivianne: Hiciste lo que podías. Intentemos pensar que nadie morirá esta noche.

—Alex: ...Te amo.

—Vivianne: Yo más.

Perspectiva de Ariel:

Estaba en el cuarto de Aly; ella me pintaba las uñas mientras hablábamos de cosas al azar.

—Ariel: ¿Por qué te alejas así?

—Aly: ¿Así cómo?

—Ariel: Te desapareciste dos veces sin decir nada hasta el momento.

—Aly: Perdón.

—Ariel: No quiero tener control sobre ti, solo quiero cuidarte.

—Aly: Puedo sola.

—Ariel: No tienes por qué estar sola.

Aly dudó un momento... Luego levanto la vista con el ceño fruncido.

—Aly: No quiero que hagas todo por mí.

—Ariel: No quiero hacer todo por ti, quiero apoyarte, estar ahí… Recuerdo la primera vez que te vi bailar ballet.

—Aly: Ja…, solo estabas tú y nuestra abuela…

—Ariel: Sí, pero después llegaron nuestros padres… No estás sola, jamás permitiré que lo estés. ¿Para eso están los hermanos, no?

—Aly: ¿Cómo la vez en que de alguna forma pensaste que meterme en una cajeta y arrojarme por la escalera era buena idea?

—Ariel: ¡En un cerebro de cinco años tenía lógica!

—Aly: Ujum…

—Ariel: ¿Cómo está tu tobillo?

—Aly: Mejor. No creo ir a clases, tampoco es como si importe, como dice papá.

—Aly / Ariel: “Todos tienen un precio”.

—Aly: Bueno, creo que terminé.

—Ariel: ¿Crees que este color me queda?

—Aly: Te queda, pero te queda horrible.

—Ariel: Si me queda horrible es porque pintas horrible.

Ese sarcasmo y esas peleas típicas entre hermanos, ese “te odio” que sabes que significa hermandad… Solo seguimos hablando de cualquier cosa mientras esperábamos a que el esmalte de uñas se secara.

Después de un tiempo me fui; me aseguré de que ella tuviera todo lo que necesitaba. Dalia y Luz estaban en el otro cuarto, pero aun así, a Aly no le gustaba “depender”.

Perspectiva de Aly:

Él se había ido y yo estaba aburrida. No podía moverme; me dijeron que no lo hiciera. Sin embargo, aun así me arrastré y, con pequeños saltos, salí de mi cuarto. Luz estaba durmiendo en el sillón.

—Aly: ¿Hmmm? ¿Qué haces durmiendo ahí?

—Luz: Dalia me sacó de la habitación.

—Aly: ¿Se pelearon? Ja… se parecen a una pareja con problemas.
Luz suspiró, luego se reincorporó, giró para verme y notó mi tobillo.

—Luz: ¿Qué te pasó en el pie?

—Aly: Me torcí el tobillo.

—Luz: Oh… ¿estás bien? ¿A dónde vas?

—Aly: Sí, he tenido lesiones peores. Quería ir a ver a Dalia…

—Luz: Hm… ¿te ayudo a llegar a la puerta?

—Aly: Te lo agradecería.

Luz me ayudó a acercarme a la puerta de Dalia. No es como si estuviera tan lejos, pero con mi tobillo hecho nada era difícil. Dalia me abrió la puerta sin mirar; como estaban enojadas, no se querían ver. Entré con cuidado. No estaba acostumbrada a que a Dalia le importara mi presencia; sin embargo, me arrojó una almohada al azar y escuché su voz ahogada en llanto.

—Dalia: ¡¡VETE DE AQUÍ!!

—Aly: ¡Oye! ¡Con cuidado!

Dalia se levantó, quitó la almohada que estaba sobre su rostro. Vi cómo su maquillaje se había arruinado con las lágrimas. Esto era extraño… nuevo.

—Dalia: ¡A-Aly! ¡Lo lamento! ¡Pensé que eras Luz!

—Aly: Wow, de verdad están mal. Me recuerdan a mis padres… ¡casi como estar en casa!

—Dalia: P-perdón… déjame ayudarte.
Ella me ayudó a sentarme en su cama. Intentaba actuar como si nada pasara, pero sabía que no era así.

—Aly: ¿Qué pasa? Cuéntame…

—Dalia: Yo… ¡extraño mi alineación!

—Aly: ¿Qué? ¿Qué es eso? ¿Te gusta el fútbol?

—Dalia: Ni siquiera tú me entiendes… ¡Extraño cuando solo éramos nosotros siete! O ocho, contando a Dara… extraño a Dara… extraño cuando funcionábamos bien. Había dolor, pero estábamos bien. ¡Llegaron Jazmín y Vivianne a arruinar todo!

—Aly: Dímelo a mí… no lo sé, siento que intentan encajar donde no deben. Pero Vivianne respeta esa línea, entiende nuestro vínculo con Alex, y tampoco nos obliga a mirarla hasta en la sopa. Por eso funciona. ¡Pero Jazmín se mete en medio como si nada!



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En el texto hay: asesinato, amor complicado, drama

Editado: 09.01.2026

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