Perspectiva de Izack:
Seguimos ahí varios minutos más… Yo me mantenía junto a la puerta. De repente, la puerta se abrió y Giselle corrió a abrazarme.
—Giselle: ¡LO LAMENTO! ¡EN SERIO LO SIENTO! M-Madelyne… ella está viendo, y si uno de ustedes no llega a 70, ella me—
—Madelyne: Es tan patético ver cómo te quiebras…
Madelyne apareció desde la primera “pared” que habíamos atravesado.
Dalia se acercó a Madelyne con toda la intención de enfrentarla; sin embargo, ella la tomó del brazo y se defendió con facilidad.
—Madelyne: Yo no soy Giselle. Acércate y terminas mal, punto.
La soltó y luego miró a Giselle. Asintió, y una nueva “mesa” apareció frente a nosotros. Madelyne estaba trayendo al juego otro mazo.
—Madelyne: Verán… creé este juego cuando tenía tan solo 14 años, y lo amo. ¿Saben por qué el puntaje es de 70? Nací un día siete… ¿Cero siete? ¿Setenta? ¿Entienden? ¡Es hermoso!
—Dalia: Estás loca.
—Madelyne: Hmm… yo diría que soy más consciente. Creé este juego para mis antiguos compañeros del consejo estudiantil. Lo usé para medir y castigar; sin embargo, las cartas están confeccionadas específicamente para cada jugador, para cada equipo. Pero alguien aquí cambió mis equipos y mezcló mis cartas.
Todos giramos a ver a Giselle, que se encontraba en el suelo, llorando.
—Alex: Espera… ¿trucaste un juego que ya lo estaba?
—Giselle: Y-yo… yo solo quería… ayudar…
—Madelyne: Y quizás lo hiciste. El juego necesitaba pareja y, con Dara muerta… me parecía interesante dejar a mi amatista aquí con ustedes.
Señaló la segunda habitación cerrada. Ahí estaban Alexandra y Aly.
—Madelyne: Ella sí sigue órdenes. Sabía que Alexandra jugaría como se debía, no como ustedes. Otra cosa que intuí fue a Giselle rompiendo órdenes… ¡y para eso está el nuevo mazo! ¡Quiero jugar antes de irme, y ustedes me ayudarán!
—Ariel: ¡Estás jodidamente loca si piensas que jugaremos contigo esta cosa!
—Madelyne: Y ustedes son idiotas si piensan que los dejaré salir de aquí con vida si no obedecen…
Giselle seguía llorando, aferrada a mí.
—Izack: Está bien. Jugaremos.
—Dalia: ¿¡Qué!? ¿¡Estás loco!?
—Ariel: Si esto saca a mi hermana… yo estoy dentro.
—Izack: Es la opción más lógica ahora, Dalia.
—Daniel: Odio admitirlo… pero… hagámoslo.
—Madelyne: ¡Genial!
Regresamos a los asientos. Madelyne abrió la puerta que encerraba a Alexandra y Aly. Ariel corrió hacia su hermana, y Alexandra iba a sentarse al lado de Madelyne, pero ella la rechazó.
—Madelyne: Hay que… reorganizar las cosas.
—Dalia: ¿Ahora qué?
—Madelyne (jugando con las cartas): Yo… quiero jugar con alguien nuevo.
—Alex: ¿Podrías dejar tu “entrada dramática” y hablar de una vez?
Madelyne suspiró y dejó las cartas sobre la mesa.
—Madelyne: Izack… ven aquí.
—Izack: No… no, no, no, no. Yo… no puedo.
—Madelyne: Yo no pregunté si querías.
—Izack: ¡Madelyne, yo no pue—!
—Madelyne: Izack. Las rondas pasadas fueron… reconocimiento. Esta va muy en serio, así que más te vale venir aquí.
—Alex: No te lo vas a llevar. Si quieres, juega conmigo o lo que sea, pero ya hiciste mucho. ¿Por qué no lo haces con alguien de tu tamaño?
Madelyne suspiró, cruzó las piernas, apoyó el codo sobre la mesa y el rostro en su mano.
—Madelyne: Es curioso ver cómo funcionan “ustedes”.
Alex frunció el ceño y se acercó a ella.
—Alex: ¿Cómo que “ustedes”?
—Madelyne: Gente como tú… bueno… no personas. Animales.
—Alex: ¡Ven aquí, maldita sea!
Alex intentó abalanzarse sobre Madelyne, pero Daniel y Alexandra lo sujetaron rápidamente. Madelyne ni siquiera se inmutó.
—Madelyne: Y ahí está… solo pruebas lo que digo… animal.
—Alex: ¡Tú no tienes derecho!
Lograron alejar a Alex de Madelyne. Ella se levantó y comenzó a explicar.
—Madelyne: Bien. Yo iré con Izack. Ariel con Alex, Dalia con Daniel, Alexandra con Luz. Giselle manda el juego y… Aly.
—Aly: ¿Hmm?
—Madelyne: Agradécele a tu madre y a tu hermano. ¡Vamos! Inicia, Daniel.
—Daniel: Bueno, inicio… “Intenté salvar a tu compañero de su mayor miedo.”
—Madelyne: Dalia…, ¿te importaría entrar a la habitación de nuevo?
—Dalia: ¿Tengo más opciones?
—Madelyne: Ja… no.
Nos levantamos de nuevo. Madelyne sujetó a Giselle de la ropa. Dalia entró a la habitación y notamos algo nuevo: tenía una ventana, casi como una sala de interrogatorios. Dalia estaba ahí como si nada. Ahora no había nada más.
Madelyne susurró algo al oído de Giselle, que seguía llorando; luego tocó la puerta y, por alguna razón, una esquina de la habitación comenzó a incendiarse.
—Madelyne: Inicia, Daniel… Además, ¡el que tenga la suerte de obtener el reto más peligroso y hacerlo gana!
Daniel comenzó a intentar romper el cristal de la ventana mientras Dalia estaba forcejeando la puerta del otro lado. De este lado no se escuchaba nada; básicamente, la habitación cambiaba dependiendo de lo que Madelyne quisiera.
—Alex: ¿¡Me estás jodiendo!? ¡¿Seguirás cambiando todo a tu antojo?!
—Madelyne: Quizá. Busco entretenimiento, así que hagan algo para entretenerme.
—Alex: Vete al infierno.
—Madelyne: Me encargaré de que tú lo hagas, Alex.
—Daniel: ¿¡PODRÍAN AYUDARME A QUE NO SE QUEME VIVA?!
—Madelyne: Alguien más toca esa puerta y me aseguro de que ninguno salga de aquí.
Daniel dejó la ventana al ver que no podía abrirla y comenzó a forcejear la puerta; incluso se arrojó contra ella un montón de veces. En la habitación, solo se veía a Dalia a través de la ventana. El fuego se estaba acercando; ella se tapaba la boca y estaba en una esquina, llorando.
—Daniel: ¿¡En serio la van a dejar por ganar!? ¡¿Qué no piensan?!
Alex comenzó a forcejear la puerta también y a golpearla. Estaba empezando a creer que la puerta estaba arreglada, como todo aquí, y cuando estaba cerca...
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Editado: 23.01.2026