Perspectiva de… ¿? :
Ambas corríamos de la mano. Ella no preguntaba, solo reía conmigo. No había estudiantes; la mayoría estaba en el comedor o en sus cuartos. No recordaba los pasillos, ¡para nada!, pero por alguna razón siempre sabía cómo llegar. Era algo en mi corazón, no en mi mente.
Llegamos a ese antiguo cuarto, antes utilizado para… quién sabe. Pero ahora estaba “cerrado”. Ahora solo es para nosotras. Había una ventana de esas que tienen un sillón justo al lado; no recuerdo el nombre. La ventana daba al jardín de este lugar, el que también estaba cerrado. Yo me senté sin pensarlo demasiado y ella frente a mí.
—Jazmín: El jardín es lindo desde aquí, ¿eh?
—Dulce: Sí… Oye, Jazmín.
—Jazmín: ¿Sí?
—Dulce: …Ese chico…, el que te besó… ¿es tu novio?
Jazmín dudó, me miró un poco… ¿Eso era un sí? Si somos amigas…, ¿por qué me lo ocultaría?
Ella sabía que yo estaba dudando, que debía responder. ¿Eso la alejaría o la mantendría cerca? Todos sabían que yo sí tenía novio, pero… ella no era todos. ¿Debería negarlo? ¿Estaría bien negar a Izack?
—Jazmín: Oh, pues… Francis ha besado tu frente y… ¿ustedes son novios?
—Dulce: ¡Claro que no! Pero… ustedes se ven cercanos…, no ese tipo de cercanos.
—Jazmín: Tú y yo nos vemos cercanas.
Estaba barajando mucho esta situación.
¿Cómo decir ni sí ni no? Izack es mi novio, pero… ¿qué pensaría Dulce de eso?
Ella olvidó el tema… creo.
Comenzó a rebuscar en su bolsillo.
—Dulce: ¿Quieres algo dulce?
—Jazmín: ¿Dulce de tú o dulce de comida?
—Dulce: Ja… bueno… quizás… no lo sé. Tengo caramelos, ¿quieres uno?
—Jazmín: Yo tengo mentas. ¿Tú quieres una?
Nos miramos un rato más en silencio. No dijimos nada y las intercambiamos.
—Jazmín: Linda noche. Tiempo sin ver la luna.
—Dulce: Este lugar nos encierra…
—Jazmín: ¿Eso te hace olvidar?
—Dulce: No sé. No estoy segura de si el problema soy yo o lo que tomo.
—Jazmín: ¿Eh?
—Dulce: No lo sé, pero me agrada estar contigo. Me siento más… consciente.
No lo dije en voz alta, pero los días que estaba con ella era más fácil recordar, menos borroso. Quizás por eso me gustaba estar cerca.
—Jazmín: Puedo ayudarte.
Dejé de ver la ventana; ahora la miraba a ella. El reflejo de la luz le sentaba bien, pero también podía ver algo más… su fragilidad, ese tono rojizo que casi siempre estaba en sus mejillas por la fiebre. Me acerqué y toqué su frente con el dorso de la mano, en el mismo punto que ese chico besó… solo quería saber si tenía fiebre.
—Dulce: ¿Y quién te ayuda a ti?
—Jazmín: No necesito ayuda…
Estaba cerca de mí aún. Ya había retirado su mano de mi frente; ahora estaban a los lados de mi cuerpo, intentando apoyarse.
Yo… ¿necesito ayuda?
—Dulce: Todos la necesitamos.
—Jazmín: Yo… supongo…
Me acerqué buscando una respuesta, quizás algo más. Tenía mi frente sobre la suya, sentía su respiración. Ella quitó un mechón de cabello de mi rostro con suavidad, cerrando los ojos. Yo hice lo mismo mientras la abrazaba.
Sentía su respiración en mi cuello en ese abrazo… era bastante frágil, bastante pequeña. Me preguntó si había notado que yo tenía fiebre…
—Dulce: ¿Por qué te acercaste a mí?
Buena pregunta, pero el apego no califica como parte de una misión.
Perspectiva de Izack :
Ambas se fueron. Dulce era… no lo sé, ese era el punto: impredecible, casi como un armario cerrado, una puerta sin abrir, una con un seguro llamado “Francis”… o quizá tenía otro nombre… uno como “sustancias”.
—Izack: Eso fue… raro.
—Daniel: Sí, ajá.
Dalia y Luz se miraban; Dalia con una sonrisa, Luz nerviosa intentando comer. Ariel también parecía estar analizando algo mientras veía un punto fijo con los ojos entrecerrados… Daniel… Daniel solo comía.
—Izack: ¿Qué son esas caras?
De un momento a otro… Dalia estalló en risas.
—Izack: ¿¡Por qué se ríen!?
—Ariel: Díganme que ustedes no lo vieron…
—Dalia: ¡Claro que lo vi!
—Luz: Dalia, eso no nos incumbe…
—Dalia: ¡Sí, claro!
—Daniel: Espera… ¿¡en serio piensan eso!?
—Luz: ¡No! Bueno… un poco.
—Izack: ¿¡Podrían dejar de hacer eso!? ¿¡A qué se refieren!?
—Ariel: ¡Nos referimos a que tu novia—!
—Daniel: ¡Ariel, no! Ninguno de ustedes tres tiene el tacto para decir una simple especulación.
—Izack: ¿¡Decirme qué!?
—Daniel: Reconoces esa “mirada”, ¿no? La que te dice “te amo” sin palabras, esa que grita “estoy enamorado”.
…
—Izack: ¿Me estás diciendo que me preocupé todo este tiempo por Francis cuando debí preocuparme directamente por Dulce?
—Dalia: ¡Era obvio!
—Izack: ¡Apenas acabo de llegar aquí! ¡Cálmate!
—Luz: De todos modos no es igual: Dulce grita “te amo” y Jazmín grita “hola, amiga”.
—Ariel: Además, que nosotros sepamos, a Jazmín no le gustan las chicas en general, y si así fuera… ella no te sería infiel, ¿verdad?
—Izack: No, pero no quiero que me deje…
—Dalia: ¡Ja! Pues comienza a ponerte en acción si no quieres que te la quiten.
—Daniel: ¡Dalia!
Estrellé mi cabeza contra la mesa. Ya era costumbre… ¿Por qué siempre tiene que pasar algo?
—Izack: No salgo de una para entrar en otra…
—Daniel: Tranquilo, niño. Ella te ama, no te preocupes.
—Ariel: No creo que Jazmín tenga interés romántico en Dulce. No te revuelvas la cabeza pensando en eso.
—Izack: Me voy a morir… ¿Al menos tienen una idea de a dónde fueron?
—Dalia: Probablemente besándose a la luz de la luna en la aso—
—Ariel: ¡Dalia!
—Dalia: Ok, ok, perdón. Ya me lo tomo en serio.
—Ariel: La verdad sé que estás medio asustado, pero prefiero que te quedes aquí. Contigo lo de “me quiero matar” no es un chiste… ni una forma de hablar últimamente.
—Izack: Eso… sabes que no fue con esa intención…
—Ariel: Y sabes que tú me preocupas.
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Editado: 10.03.2026