Perspectiva de Ariel:
Sabía por qué me buscaban. No estaba asustado. Entramos a una habitación, me senté en una silla y, cuando vi a Dave y Danna, arrojaron a Aly en la silla al lado mío. Madelyne estaba delante de nosotros y Sam en la silla de la izquierda.
—Ariel: Hey, si quieres escúpeme o algo así, pero ni siquiera te atrevas a volver a arrojar así a mi hermana.
—Madelyne: No me gusta la violencia, Ariel. Solo… ¿dónde está?
—Ariel: ¿Eh?
—Sam: El broche, el tuyo y el de Aly, los que les di ayer. ¡No me digas que los perdiste!
—Ariel: Pues yo no tengo el mío.
De la nada, Aly sacó de su abrigo el pequeño broche rosado. Luego cruzó las piernas y miró a Madelyne.
—Aly: Si tanto te importa, ahí está el mío. El de Ariel está guardado. Si lo quieres, tómalo. Solo deja de molestarnos.
—Madelyne: Oh… pequeña… claro que no.
Madelyne tomó un pañuelo y, con un leve movimiento, volvió a acercarle el broche a Aly.
—Madelyne: No quiero sus broches. Solo… como sabrán, aquí mi querido Sam es el encargado de entregarlos. Es uno de los pocos con ese poder. Ni siquiera yo debo intervenir. Sin embargo…
—Ariel: ¿Sin embargo?
—Sam: Madelyne piensa que ustedes no lo merecen.
—Madelyne: No. Más que nada me pregunto el porqué… No crean que no sé lo que hacen. Solo no tengo pruebas, y nuestros antecesores crearon un sistema tan esquematizado que… ¿romperlo? No… me gusta.
—Ariel: ¿Y eso por qué hace que yo esté aquí?
—Madelyne: ¿Sabes qué significa lo que recibiste?
—Ariel: Que eres como yo.
Esa sonrisa, esos ojos… punto débil. Ella… ella me ve como inferior. Decirle eso fue un golpe bajo.
—Madelyne: No.
—Ariel: Lo que digas.
—Madelyne: ¿Qué? ¿Le hiciste un “favor” a Sam para obtener eso?
—Sam: ¡Claro que no! Mirage y tú me dieron esta tarea. Jamás haría algo como eso. No soy ese tipo de persona y Ariel no es mi tipo.
—Ariel: No valgo un broche. Valgo lo mismo que tú cuando llegaste aquí. Los tiempos cambian,Madelyne.
—Madelyne: Tú y yo no somos iguales. Bien, tú eres… como Sol, ¿no? Ambos cortados con la misma tijera.
—Ariel: Y tú como Mirage. ¿De quién hablan más actualmente?
—Madelyne: Tu poder viene de un placer momentáneo; el mío, de un respeto que durará por siempre. No somos iguales. Y ella…
—Aly: ¿Yo?
—Madelyne: Eres casi tan invisible en tu grupo como Sael en el consejo estudiantil. ¿Por qué ganar algo tan importante como un broche? Ni siquiera es una réplica.
—Aly: No lo sé, yo no lo pedí. Solo me lo dieron.
—Madelyne: ¿Sam?
—Sam: Ella hace más de lo que ven, pero las razones son privadas. Es regla.
—Madelyne: Entonces… ¿nadie dará respuestas?
—Sam: Pregúntale a las chicas del lugar.
—Madelyne: ¿Algo que decir alguno de ustedes?
—Sam: Fue todo justo, nada comprado o regalado. Usaste el sistema de Mirage para elegirme. ¿Ahora dudas de ella?
—Ariel: Yo no quiero poder, no te preocupes por tu lugar, Madelyne.
—Madelyne: Gracias. Pueden irse.
—Ariel: Ja.
Salimos del lugar. El tobillo de Aly aún no estaba del todo bien. Quería hablar con Sam, pero mi hermana primero.
Perspectiva de Sam:
Salí de ese lugar lo más rápido que pude… Madelyne me tendría vigilado. Tendría que estar a su disposición por un par de semanas. ¡Genial! ¡Lo que me faltaba!
No tenía ganas de ir a clases y, recordando mi privilegio mínimo de estar con Madelyne de “puedo faltar a clases cuando quiera”, hago uso de mis derechos, así que… que se joda la primera hora de clases.
Abrí la puerta del dormitorio… Lucas estaba ahí. Raro.
—Sam: ¿Qué haces aquí?
—Lucas: Compartimos cuarto.
—Sam: ¿No te la pasas siguiendo los horarios al pie de la letra? Pensé que tenías clases.
—Lucas: Aún no hay reemplazo del profesor que Madelyne se encargó de echar. Esta hora era con él, así que la tenemos libre. Algo anoche no me cuadraba en ciertas cuentas, así que quiero ver si no es el sueño afectándome.
—Sam: Oh… eso. Saqué un poco de dinero para algo…
Lucas dejó los papeles sobre la mesa, girándose lentamente a verme con cierto enojo y seriedad.
—Lucas: Se supone que somos equipo, ¿me puedes explicar por qué no me dices?
—Sam: ¿Porque este es mi negocio?
Me senté frente a él en el sillón, arrojando mi mochila al piso. Yo estaba relajado, con una sonrisa, pero esta idea a Lucas no le hacía mucha gracia.
—Lucas: Nuestro.
—Sam: ¿Existe un “nosotros”?
—Lucas: Ja…
—Sam: ¿Tú riendo? Wow.
—Lucas: ¿Ahora te vas a poner de egoísta?
—Sam: Bien, bien. Tú sabes que es nuestro.
Lucas se acercó a mí con una sonrisa. No de felicidad, una que quería ponerme a prueba. Le agradaba llevarme la contraria, y a mí me agradaba que me diera pelea. No había nadie lo suficientemente estúpido o valiente para eso y él… él era inteligente. Por eso sabía que, no importa cuánto nos peleáramos, nunca pasaría nada.
—Lucas: Si vuelves a sacar dinero sin decirme, juro que voy a cortarte el cabello mientras duermes.
—Sam: Hey, el cabello es sagrado.
—Lucas: ¿Y en qué gastaste?
—Sam: Necesito retocar el tinte de mi—
Él comenzó a jalarme del cabello con una mano y con la otra a zarandearme. Yo solo tomé sus brazos intentando apartarlo.
—Lucas: ¡¡DEJA DE GASTAR EN ESA ESTÚPIDA COSA, MALDITO IDIOTA!!
—Sam: ¡Hey! ¡Es mi estilo! ¡Mi esencia! ¡Aparte, te encanta ese color!
—Lucas: ¡SE TE VE HORRIBLE, SAM!
Me soltó, empujándome hacia el sillón mientras yo reía. Luego me dio un leve empujón en el hombro y se sentó en el otro extremo del sofá.
—Sam: Sí, ajá… te encanta ese color. Es parte de mi personalidad, Lucas.
—Lucas: Eres un idiota, y el tinte te quema aún más las neuronas.
—Sam: Ujum… tú, idiota.
Lo miré con una sonrisa. Me acerqué a él. Sabía leer su mirada, esa mirada que siempre delataba lo que sus palabras no decían.
#1289 en Thriller
#570 en Misterio
#2559 en Fantasía
#1004 en Personajes sobrenaturales
Editado: 10.03.2026