Perspectiva de Ariel:
Pasó tiempo. Estaba en la habitación de Aly; ella estaba abrazada a Dulce, casi durmiendo. Ellas eran buenas amigas casi desde que se conocieron.
—Aly: Así que..., tus amigos se odian entre sí y tú planeas una fiesta.
—Dulce: Me gustan las fiestas...
—Ariel: ¡Es simbólico! Debemos mantener apariencias.
—Aly: Te quiero, pero suenas a papá.
...
—Aly: Y eso es horrible.
—Ariel: No digas eso...
—Aly: Te lo digo como advertencia, no reproche.
—Ariel: ¿Y qué debo hacer?
—Aly: Solo sé tú, Ariel.
Perspectiva de Izack:
Estaba con Jazmín en mi habitación; ella, con la cabeza sobre mi pecho, mientras yo jugaba con su cabello...
—Jazmín: ¿De verdad no quieres ir a la fiesta?
—Izack: ¿Tú sí quieres ir?
—Jazmín: Pues..., diste al menos cincuenta dólares para esa fiesta...
—Izack: Quiero estar contigo, Jazmín.
—Jazmín: Puedo acompañarte a ir, además te verías lindo con otro tipo de ropa que no sea pijama 24/7...
—Izack: ¿Eso es algún tipo de manipulación romántica?
—Jazmín: Quizás... siempre usas el uniforme o el mismo pantalón con distintos suéteres sucios. ¿No tienes una camisa bonita o algo?
—Izack: Una de un color extraño, crema. Mi madre me obligó a traerla por si acaso.
Jazmín se levantó y me miró. Yo no quería levantarme; sin embargo, había un brillo optimista en sus ojos que me hizo sentarme al borde de la cama, con ella frente a mí.
—Jazmín: ¡Entonces vamos!
—Izack: ¿Estás segura de que quieres ir?
—Jazmín: ¡Claro!
—Izack: Está bien..., pero solo un rato. Mañana tengo que hacer algo.
—Jazmín: ¡Sí! Iré a mi habitación, me vestiré con ropa linda y nos vemos en la fiesta.
—Izack: Bueno...
Ella salió y Daniel se asomó por la puerta...
—Daniel (irónico): ¿Puedo hablar contigo, Izack, que claramente ya no es un niño y ahora es un adulto responsable?
—Izack: Muy gracioso... Puedes pasar.
Él se acercó y se sentó a mi lado. No quería verlo; no era un resentimiento fuerte, pero... ellos... me mintieron. Todos.
—Daniel: ¿Estás bien...?
—Izack: ¿Tú qué crees?
—Daniel: L-Lamento... todo. No debimos ocultarlo.
Me recosté hacia atrás, sintiendo los ojos arder mientras Daniel me observaba; sin embargo, no quería llorar.
—Izack: ¿Crees que es suficiente?
—Daniel: No...
—Izack: ¿Sabes cuántas pesadillas tuve con ese momento? No tenía ni la menor idea de qué me había pasado, lo callé por no ser dramático. ¡Y resulta que todos sabían que querían beber mi sangre!
—Daniel: No queríamos que vivieras con eso. Son... ese tipo de cosas en la escuela que están demasiado estructuradas para ser rumores, pero nadie tiene pruebas seguras.
—Izack: Aquí todo lo considerado “sin prueba segura” termina siendo la pura verdad.
—Daniel: ...Lo lamento, niño.
Él se recostó a mi lado en la cama. Ambos miramos el techo unos segundos y luego nos vimos a los ojos.
—Izack: ¿Por qué me dicen niño?
—Daniel: Es un apodo...
—Izack: No me gusta. ¿Por qué insisten tanto en llamarme así? ¿Y por qué ese? ¿No había nada mejor?
—Daniel: Queda contigo. Te llamamos así porque tú tienes algo que nosotros no.
—Izack: ¿Qué cosa?
—Daniel: Hmm... moral, corazón, sentimientos limpios.
—Izack: ¿Eh?
—Daniel: Es algo que todos tuvimos de niños y ahora... ya no.
Por eso te decimos así. No es algo... “hablado”, es algo que todos sabemos...
—Izack: Menos yo, como siempre.
—Daniel: Eres muy joven para saberlo todo.
—Izack: ¿Y por qué ustedes saben tanto?
—Daniel: Porque estamos rotos. ¿Quieres estarlo?
Nos miramos un tiempo más. Yo suspiré, pero Daniel comenzó a respirar como si un peso sobre él ya no estuviera.
—Izack: ¿Quieres dejar de ocultarme cosas sobre mí, al menos?
Él asintió.
—Daniel: ¿Vas a ir a la fiesta o quedarte aquí llorando? La invitación que nos envió Ariel es patéticamente adorable.
—Izack: Ja. ¿Una tarjeta musical que dice “no peleen”? ¿¡De dónde sacó eso!?
—Daniel: No lo sé, pero está desesperado y es adorable. No podemos fallarle, ¿verdad?
—Izack: ¡Bueno, bueno! ¡Sal de aquí! ¡Voy a cambiarme para ir a la fiesta!
—Daniel: Vale, está bien...
Él salió con una sonrisa, mientras yo intentaba contener la risa... Solo, por favor, que todo saliera bien esta vez.
Perspectiva de Dalia:
Sentía mi perfume favorito en el ambiente. Me estaba maquillando frente al espejo: zapatillas rojas, mi abrigo de siempre, un vestido corto negro junto con medias blancas un poco más arriba del tobillo. ¡Perfecto!... Aly estaba en mi cama viendo unas cosas de mi bolsa de maquillaje. Su tobillo todavía no estaba del todo bien y, sumándole su edad..., Ariel jamás la dejaría ir a la fiesta. Por otro lado, Luz intentaba buscar algo que ponerse, aunque su clóset siempre estuviera lleno.
—Dalia: Sabes, Aly, si yo tuviera tu edad y supiera que mi hermano va a dar la fiesta del siglo y no me dejaran ir, me volvería loca.
—Aly: No me gustan las fiestas, aunque debo admitir que me da curiosidad.
—Dalia: Bueno, tú y yo podemos hacer un trato—
—Luz: ¡No! ¡Haces algo raro y Ariel nos mata! ¿No te basta con lo que hiciste en la tarde?
—Dalia: Ella se metió donde no debía. Alex es un idiota con olor a humo y desesperación. No me gusta, no me interesa, pero a Vivianne le duele, así que lo usé.
—Luz: Eso es cínico, Dalia.
—Dalia: Yo...
—Luz: No eres perfecta.
—Dalia: N-No, pero...
—Luz: ¿Algo que decir?
—Dalia: Bien, perdón...
Luz se acercó a mí, se inclinó un poco y colocó su mano sobre mi hombro.
—Luz: Esas disculpas no van conmigo, Dalia.
—Dalia: ¡Vivianne no es una joyita de plata, Luz! ¡No lo merece!
—Luz (cruzando los brazos): Ella no es perfecta, pero tú menos si piensas que no debes disculparte...
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Editado: 26.03.2026