Perspectiva de Sam:
Estaba al lado de Lucas, apenas sacudiendo mi cabeza con el ritmo de la música. Quería bailar, pero él… no. ¿Y así qué gracia?
—Sam: ¿Oye… quieres bailar, Lucas?
—Lucas: No.
—Sam: Ahhh, pero si fuera Madelyne…
—Lucas: Madelyne no pedía, solo lo hacía.
—Sam: ¿Y por qué no puedo solo hacerlo?
—Lucas: Porque eres Sam.
Idiota. Sabía qué decir… no sé si me agradaba demasiado o me enojaba.
—Sam: ¿Cuánto has vendido?
—Lucas: ¿Hablarte a ti sobre dinero en una fiesta?
—Sam: ¿Sí? ¿Qué tiene?
—Lucas: Lo gastarás de forma idiota.
—Sam: Ja… ¿notaste cómo las amiguitas de Ariel salieron antes de tiempo? Algo está pasando en ese grupito.
—Lucas: ¿Y eso por qué nos importa?
—Sam: Soy del pueblo y de Madelyne, cariño. ¡Hora de la diversión!
—Lucas: ¿En serio vas a ir?
—Sam: Tú no quieres bailar conmigo y me aburro.
—Lucas: Como quieras.
Salí… Después de mirar un poco los alrededores del lugar, vi unas zapatillas con detalles en negro, blanco y rojo. ¡Lotería!
—Sam: ¿Todo bien, señoritas?
—Luz: Aléjate de nosotras, idiota.
—Sam: ¿Por qué tan agresiva?
—Dalia: ¿Qué haces aquí?
—Sam: ¡Yo organicé esa fiesta! ¡Literalmente me están pagando para que el ambiente esté bien!
Ella suspiró. Me senté a su lado. Dalia levantó la mirada lentamente y vi algo que nunca había notado antes en ella… vulnerabilidad.
—Sam: ¿Qué pasa? Esta vez no cobro por hacer de psicólogo.
—Dalia: Ja… ¿por qué tan “chistoso”?
—Sam: ¿Para hacerte reír? ¿Me dices qué pasa o…?
—Dalia: Solo… hice algo estúpido y es mi culpa.
—Sam: ¿Y cuál es el plan? ¿Redención o volver y hacer todo peor?
Dalia lo pensó un poco… luego se encogió de hombros, con los ojos brillosos.
—Dalia: Redención, pero… no una linda, probablemente.
—Sam: Wow… tú y redención, dos palabras que no creí escuchar juntas.
—Dalia: ¿Quieres hablar de eso? ¿De todas las personas, en serio tú?
Y yo sé a qué se refería… porque claro, Sam, estar del lado de Madelyne —que es la persona más jodidamente aburrida— pero también vender drogas en el lugar donde literalmente manda su abuelo es una graaan idea. Obviamente no me atraparán nunca… sí, claro.
—Sam: Mira, hay niveles. Yo no traiciono a nadie porque nunca prometí nada. Es como veneno puro… y tú… tú eres más como un pie de moras con vidrio dentro.
—Dalia: Wow…
—Sam: Pero hey… te ves más feliz.
—Dalia: Solo más suelta.
—Sam: Entonces… si quieres un idiota igual de horrible que tú para soltarte, puedes buscarme.
Revolví su cabello un poco, pensando en todo… A veces estaba bien, pero que me recordaran lo que está pasando aquí me ponía de nervios… No soy idiota, esto no se resolvería con una simple “amonestación escolar”. Si alguien que realmente no tenga dinero para sobornar se entera, esto involucrará policías y gente que no dudará en meterme tres metros bajo tierra si esto compromete una red mucho más grande… y yo… yo no soy Lucas. Yo no tengo un padre que pague para que me dejen en paz y cambiarme hasta el alma si es para que no me reconozcan… yo no…
Aunque las últimas palabras de Luz me hicieron salir un poco de mi “trance”.
—Luz: ¡Dalia, no me digas que solo por ese momento lo empezarás a ver distinto!
Ja… ¿verme distinto? No lo creo. Dalia es… triste. No se da cuenta de que, a pesar del tiempo, es hermosa. No se da cuenta de que, a pesar del tiempo, sigue siendo igual de infantil… y un simple “perdón” no funciona con ciertas cosas…
Regresé hacia Lucas, saludándolo como si tuviera años sin verlo.
—Lucas: ¿Por qué tan feliz?
—Sam: ¿Por qué no? ¡Ven aquí!
Tomé a Lucas de ambas manos, llevándolo hacia la pista de baile. La luz del lugar apenas lo escondía, pero yo lo noté: él estaba totalmente rojo, intentando convencerme de que no… pero ya estábamos tan en el centro de todo que era bailar y fingir que todo estaba bien o avergonzarse… y, por una vez en la vida, al fin Lucas me permitió fingir algo de “normalidad”
Perspectiva de Jazmín:
Izack seguía bajando y bajando vasos mientras hablábamos… sus mejillas estaban rojas, su cabeza tambaleaba un poco. Noté cómo su mano se aferraba a la mesa. Me acerqué un poco a él, tocando su pecho; su respiración iba algo… rara. Izack dirigió su vista automáticamente hacia mí, sonrió pequeño y me tomó de la cintura.
—Jazmín: ¿Estás bien…?
—Izack: Si te quedas a mi lado, sí.
—Jazmín: Creo que fue demasiado, Izack.
—Izack: ¿Eh? ¡Estoy perfecto!
Alex miró de reojo nuestra conversación. Tomó el vaso que Izack aún terminaba y lo apartó, aunque… Izack le devolvió una expresión de enojo.
—Alex: Es mucho para tu edad y resistencia. No más.
—Izack: ¡Oye, estoy bien!
—Alex: ¿Y quién es el que te va a cargar y limpiar si terminas ebrio en el piso y con vómito, eh?
—Daniel: Buen punto.
—Izack: ¡Heyyy! ¡Tú lo dices porque puedes tomar lo que quieres! ¡No lo defiendas! Somos compañeros de cuarto, deberías protegerme a mí, eh.
—Daniel: Yo sí puedo beber porque yo sí comí antes de tomar, no tengo catorce, ya estoy acostumbrado. Solo llevo dos tragos y estoy completamente bien.
—Vivianne: Y tú ya estás a punto de vomitar sobre Jazmín, Izack.
Izack se “ofendió” ante ese comentario.
—Izack: ¡Yo jamás haría eso!
—Vivianne: Lo que digas, niño.
—Alex: Tsk… ¿Ariel, tienes agua en algún lugar?
…
—Alex: ¡Ariel!
Ariel no respondió… solo miraba hacia otra dirección, totalmente inmerso. Daniel se levantó y sacudió un poco a Ariel.
—Daniel: ¡¡ARIEL!!
—Ariel: ¿¡Eh?! ¿¡Por qué me gritas?!
—Daniel: ¿Qué miras tanto? ¿Te enamoraste o qué?
—Ariel: ¡Claro que no! Míralo como nuestro pase a una fiesta gratis.
—Alex: Recuerdo ese tema… ¿qué pasó con eso?
#1543 en Thriller
#708 en Misterio
#3093 en Fantasía
#1147 en Personajes sobrenaturales
Editado: 09.04.2026