El Internet Muerto

Capítulo 9: Familia

Ira. Ira que invade mi pecho, la misma ira que nubla mi mente y da paso a mis instintos más primitivos,es lo único que siento al ver que aquellos cuadros son de mis familiares, agarro con fuerza el velo y lo jalo hasta desgarrarlo, despedazando su tela roja, quedándome en el proceso con un pedazo en mi mano y, junto a eso, el barrote que sostenía todo el sistema de exhibición se derrumba, las velas y faroles que iluminaban el sitio caen y consigo, todos los cuadros caigan al piso reventando en mil pedazos los vidrios que los protegían. Las pequeñas ascuas que alcanzaron a sobrevivir a la caída empezaron un incendio entre todas las cosas, calentando el vidrio y empezando a consumir los marcos finamente tallados de madera, mi único instinto, pisotear, pisotear con tal euforia que uno de los trozos de vidrio caliente rebota por los impactos dirigiéndose hacia mi cara llegando a cortar y quemar mi cachete a su paso.

Fue un corte límpio, me dije a mí mismo, mientras observaba mi reflejo replicado en todos los trozos rotos, es ahí cuando me detengo y me doy cuenta de lo que acababa de hacer. No hay vuelta atrás, posiblemente el único recuerdo físico que haya podido tener de mis orígenes, yo mismo me encargué de destruirlo. La ira que tanto tenía, había desaparecido, del berrinche que hice solo quedaron los pesares. Del que hubiera pasado si me hubiera controlado, tal vez no me hubiera cortado la cara con vidrio caliente y podría seguir disfrutando de las memorias familiares, de haber tenido la posibilidad de verme de pequeño, pero no, fue tanta mi ira que ya no soy ni capaz de recordar como era de niño.

Las llamas avivadas por la grandiosa calidad de la madera, solo reflejan una oscuridad semejante a la del abismo, los vidrios se han oscurecido, opacos. La madera en sí no está convirtiéndose en ceniza ni en carbón, simplemente se está consumiendo así misma sin dejar recuerdos en el presente para ser recordada como “aquí alguien quemó algo”. Estoy estático observando como la última llama se resiste a morir, oponiéndose a su destino fatal. Cuando por fin muere, noto que lo único que dejó la ira fue una pequeña tablilla de metal que estaba oculta entre el lienzo y el marco de alguno de los cuadros, me agacho con cierta incertidumbre, con un pequeño anhelo de conocer qué había detrás de esa pequeña tablilla, del porqué sería como tan importante para haber sido oculta entre capas. Extiendo mi mano con delicadeza, con la misma que momentos antes me había faltado, mis dedos por fin están lo suficientemente cerca para poder sentir el calor que emanaba de ella, aún seguía caliente debido al incendio, pero mi terquedad es mayor y la volteo lo más rápido posible para ver que ocultaba su otra cara, ya que esta, estaba plana, sin símbolos ni grabados que indicaran algo. Una vez volteada, hallo que estaba grabada con un antiguo sistema de electro-gramación, BiMorse, el mismo permitía a los usuarios codificar códigos y mensajes en objetos tangibles y no tangibles de manera rápida, eficiente y eficaz, con el fin de ser instalados físicamente o escaneados en un puerto de verificación única.

Algo en mi dice que debo de cogerlo y preservarlo hasta poder hallar su puerto y así descubrir que hay detrás de todo esto. Del por qué estaba oculto entre los cuadros. Lo guardo en uno de mis bolsillos, siendo este el único objeto que poseo. Miro hacia el cielo buscando respuesta pero solo me encuentro con la parte inferior de las escaleras bloqueando el techo, recordándome que debo de subirlas manualmente hasta llegar a la cima. No me queda otra. De manera inmediata que empiezo a subirlas, mis pensamientos intrusivos se hacen cada vez más y más agudos, me seduce la idea de que con un solo un paso en falso me puedo resbalar y sufrir un descenso que acabaría con mi vida o solo el hecho de pensar que el próximo escalón que pise pueda ser el último, me hace regocijar de un éxtasis que me impide pensar con algún raciocinio. Entre más subo, más fuerte y más constante se hacen los pensamientos, pero a su vez, el cansancio es hasta el momento lo único que me detiene de seguir pensando. Habré subido unos quinientos o seiscientos escalones, acompañado de unas paupérrimas velas para al final poder ver como una tenue luz entra por las rendijas de una diminuta ventana. Desde las alturas Stigmata se veía diferente, las nubes habían dejado de ser grises para convertirse en gas blanco, tan puro como la cera que decoraba cada escalón.

Paso horas subiendo. El crujir de los tablones y el ruido del fuego que consumía cada vela eran mis únicos acompañantes, hasta que empiezo a escuchar un susurro, proveniente desde los niveles inferiores de la misma torre, al principio ininteligible, luego, vocales sueltas, luego, palabras en desorden. Apuro el ritmo, deseo quién produce los sonidos, cada escalón, cada paso que doy, hacía que se escuchara más y más nítido, hasta que, llego hasta el final de la escalera, una puerta metálica, corroía por la humedad, reclamada por la naturaleza y una pared que su única firmeza eran las raíces que sobresalen entre los agujeros de los ladrillos carcomidos por el tiempo me separaban de la verdad. Intento girar el pomo, pero la mano me tiembla, desconozco si hacerlo podría activar una trampa o en el mero intento el mismo se caería y perdería la oportunidad que tanto había anhelado.

Al intentar girar el pomo, solo se escucha un el pestillo choca contra algo metálico. Paso mi mano suavemente con la intención de averiguar cuál podría ser el causante del bloqueo, hasta que las huellas dactilares de mis dedos sienten una ligera protuberancia entre el diseño de la puerta, unos pequeños puntos que parecieran seguir un orden en concreto, es ahí, cuando saco de mi bolsillo la tablilla y la hago encajar según el orden de los mismos. Y por suerte, esta se acopla perfectamente, generando un vacío hermético que provoca que el apagado sistema de electro-gramación vuelva a funcionar pitando al ritmo que lo hacía el antiguo sistema morse, indicando que la puerta se había desbloqueado. Esta misma, por su propio peso cede, rechinando en el proceso y así mismo, un gemido ahogado se escucha en el fondo de la habitación. Dejando tan solo el espacio perfecto para que mi cuerpo cupiera sin ningún problema, pongo el primer pie sobre la habitación y ahí estaba él empalado sobre miles de cables, inyectándole un líquido azúl.




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