El Jaque Mate del Fantasma: Guerra global

Por Fin Salen de sus Escondites

Capítulo 1

El mundo dormía.

Pero la guerra ya había comenzado.

Las luces de la sala de estrategia permanecían apagadas.

La única iluminación provenía del gigantesco mapa digital que cubría toda una pared.

Rusia.

Italia.

China.

Japón.

México.

Estados Unidos.

Los Balcanes.

Medio Oriente.

Sudamérica.

Decenas de puntos rojos brillaban sobre el mapa.

Cada uno representaba una organización.

Cada uno representaba un enemigo.

El silencio dominaba la habitación.

Anastasia observaba la proyección con los brazos cruzados.

Viktor permanecía detrás de ella.

Los principales comandantes del Imperio Volkov-Moretti ocupaban sus posiciones.

Y junto a Aleksei…

Estaba Danna.

Ya no como una invitada.

Ya no como alguien ajena a aquel mundo.

Ahora estaba a su lado.

Donde pertenecía.

Una nueva alerta apareció en la pantalla.

—Movimiento confirmado en Hong Kong.

Otro punto rojo.

—Actividad sospechosa en Osaka.

Otro punto.

—Transferencias irregulares en México.

Y otro más.

La lista parecía interminable.

Uno de los analistas tragó saliva.

—Cada día aparecen más.

Nadie respondió.

Porque todos estaban pensando lo mismo.

La alianza internacional estaba despertando.

Aleksei observó el mapa durante varios segundos.

Luego sonrió.

Una sonrisa tranquila.

Peligrosa.

La misma sonrisa que aparecía antes de que alguien cometiera un error fatal.

Finalmente habló.

—Por fin salen de sus escondites.

El silencio se hizo aún más profundo.

Aquellas palabras no sonaban como una preocupación.

Sonaban como una promesa.

Aleksei avanzó lentamente hacia el mapa.

—Han venido por mi imperio.

Su mirada recorrió los continentes.

—Han venido por mi familia.

Su voz se endureció.

—Han venido por todo lo que construimos.

Entonces apoyó una mano sobre la mesa de estrategia.

—Ahora yo iré por el suyo.

La sala quedó inmóvil.

Porque todos comprendieron lo que acababan de escuchar.

Aquello no era una declaración defensiva.

Era una declaración de guerra.

Horas después.

Las órdenes comenzaron a salir hacia todos los rincones del mundo.

Equipos activados.

Contactos movilizados.

Informantes despertados.

Operaciones preparadas.

El Fantasma estaba moviendo sus piezas.

Más tarde.

Aleksei encontró un raro momento de tranquilidad en los jardines de la mansión.

Por primera vez en días no estaba frente a una pantalla.

Ni estudiando informes.

Ni planeando estrategias.

—Te estaba buscando.

Dijo una voz detrás de él.

Danna.

Aleksei sonrió ligeramente.

—Me encontraste.

—No fue difícil.

Ella se sentó a su lado.

Durante unos segundos ninguno habló.

Simplemente observaron las luces de la ciudad.

—¿Tienes miedo?

Preguntó Danna.

La pregunta sorprendió a Aleksei.

—¿De la guerra?

Ella asintió.

Aleksei pensó unos segundos.

—No.

—¿De nada?

Aquella vez sí dudó.

Y Danna lo notó.

—¿De qué tienes miedo entonces?

Por primera vez, el hombre que aterrorizaba a organizaciones enteras respondió con absoluta sinceridad.

—De perderlos.

Danna lo observó.

—¿A Anastasia?

—Sí.

—¿A Viktor?

—Sí.

Entonces ella sonrió suavemente.

—¿Y a mí?

Aleksei la miró directamente.

Y por primera vez en mucho tiempo no había ninguna máscara.

—Más que a nada.

El corazón de Danna se aceleró.

Porque sabía que aquellas palabras eran reales.

Más reales que cualquier promesa.

Ella tomó su mano.

—Entonces vuelve.

—¿Qué?

—Cuando todo esto termine.

Sus ojos brillaron bajo la luz de la noche.

—Prométeme que volverás.

Aleksei observó sus dedos entrelazados.

Y comprendió algo.

Podía conquistar imperios.

Podía derrotar enemigos.

Podía ganar guerras.

Pero todo eso carecía de sentido si perdía aquello que más amaba.

—Te lo prometo.

Danna sonrió.

Y durante unos instantes…

La guerra dejó de existir.

Sin embargo.

A miles de kilómetros de distancia.

En una sala oculta protegida por múltiples capas de seguridad.

Varias figuras observaban una fotografía reciente de Aleksei Volkov-Moretti.

El silencio reinaba.

Hasta que uno de ellos habló.

—Ha comenzado a moverse.

—Como esperábamos.

Respondió otro.

—¿Debemos actuar?

Una tercera figura observó la imagen.

Sus ojos permanecieron fríos.

—No.

—¿No?

—Todavía no.

La habitación quedó en silencio.

Entonces aquella figura añadió:




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