El Jaque Mate del Fantasma: Guerra global

La Reina del Rey

Capítulo 4

Tokio seguía brillando bajo millones de luces.

Pero detrás de aquella belleza se escondían secretos, conspiraciones y enemigos.

La reunión vigilada por Aleksei había dejado más preguntas que respuestas.

Habían identificado movimientos.

Habían descubierto nuevas conexiones.

Y, sobre todo…

Habían visto al misterioso hombre que parecía estar por encima de Sergei Markovic.

Sin embargo, por primera vez desde que comenzó la guerra, Aleksei decidió hacer algo inesperado.

Esperar.

—¿Esperar?

Preguntó Anastasia.

—Sí.

—Eso no suena a ti.

Aleksei sonrió levemente.

—Porque todos esperan que reaccione de inmediato.

Su mirada permaneció fija en la ciudad.

—Y cuando tus enemigos esperan una jugada…

Lo mejor es no hacerla.

Aquella misma mañana.

Danna caminaba por una de las terrazas privadas del hotel.

Observaba la inmensidad de Tokio.

Aún le parecía increíble todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo.

Meses atrás luchaba por sobrevivir.

Ahora estaba rodeada de guardaespaldas, estrategas y una guerra internacional.

Sin embargo…

Nunca había olvidado quién era.

Ni de dónde venía.

—Pensando demasiado.

Dijo una voz familiar.

Era Viktor.

El anciano mayordomo sostenía una taza de té.

—Creo que heredaste eso de Aleksei.

Danna sonrió.

—Es contagioso.

Viktor tomó asiento.

Durante unos segundos ambos observaron la ciudad.

—¿Tienes miedo?

Preguntó Viktor.

Danna reflexionó antes de responder.

—A veces.

Era una respuesta sincera.

—Eso es bueno.

Ella lo miró confundida.

—Los valientes no son quienes no sienten miedo.

Viktor sonrió.

—Son quienes siguen adelante a pesar de él.

Danna guardó aquellas palabras.

Porque sabía que las necesitaría.

Horas más tarde.

Una nueva crisis golpeó al imperio.

Uno de los bancos utilizados por la familia Volkov-Moretti sufrió un ataque financiero coordinado.

Millones desaparecieron en cuestión de minutos.

La sala de estrategia estalló en actividad.

Analistas corriendo.

Computadoras trabajando al máximo.

Alarmas sonando.

—Intentan vaciar varias cuentas.

—Están usando empresas fantasma.

—Las transferencias vienen desde cuatro países distintos.

Anastasia observó los datos.

—Esto es una locura.

Aleksei permanecía inmóvil.

Pensando.

Calculando.

Entonces alguien habló.

—Necesitamos cerrar todas las operaciones.

—No.

Respondió Aleksei.

—Si cerramos todo, ganan.

Los presentes se quedaron en silencio.

Porque tenía razón.

Era exactamente lo que el enemigo quería.

Provocar pánico.

Forzar errores.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Danna dio un paso adelante.

—¿Puedo ver los informes?

Varios hombres intercambiaron miradas.

No porque dudaran de ella.

Sino porque aquella era una sala de guerra.

Aleksei, sin embargo, le acercó la carpeta.

Sin dudar.

Danna comenzó a leer.

Página tras página.

Cuenta tras cuenta.

Transferencia tras transferencia.

Y entonces recordó algo.

Algo que había aprendido años atrás sobreviviendo en las calles.

Cuando alguien roba.

Siempre deja una huella.

—Aquí.

Dijo de repente.

Toda la sala levantó la vista.

—¿Qué encontraste?

Preguntó Aleksei.

Danna señaló una serie de movimientos.

—Estas transferencias son demasiado perfectas.

—¿Y?

—Porque alguien quiso que parecieran perfectas.

El silencio se hizo absoluto.

Los analistas revisaron la información.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Y finalmente comprendieron.

Había una cuenta repetida.

Una pequeña conexión.

Una diminuta grieta.

Pero suficiente.

—La encontramos.

Murmuró uno de ellos.

—Encontramos la ruta principal.

La sala estalló en actividad.

Nuevas órdenes fueron enviadas.

Nuevos rastreos comenzaron.

Y todo gracias a una observación que nadie más había visto.

Anastasia sonrió.

—Parece que tenemos una nueva estratega.

Danna se sonrojó ligeramente.

Pero Aleksei no parecía sorprendido.

Porque él ya sabía algo.

La inteligencia no siempre nacía en academias militares.

A veces nacía en las calles.

A veces nacía de la necesidad de sobrevivir.

Y Danna había sobrevivido toda su vida.

Aquella noche.

Cuando finalmente estuvieron solos.

Aleksei encontró a Danna observando nuevamente las luces de Tokio.




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