El Jaque Mate del Fantasma: Guerra global

Sangre y Acero

Capítulo 9

El mensaje seguía en la pantalla.

“Bienvenido a Shanghái, Fantasma.”

La habitación estaba en silencio.

Nadie hablaba.

Nadie se movía.

Porque todos entendían lo que aquello significaba.

Por primera vez en años…

Alguien se había adelantado a Aleksei.

Pero el Fantasma no era un hombre que entrara en pánico.

Era un hombre que pensaba.

Y cuanto más peligrosa era la situación…

Más frío se volvía.

—Quieren que reaccionemos.

Dijo finalmente.

Anastasia asintió.

—Y quieren que reaccionemos rápido.

Aleksei observó nuevamente el mensaje.

—Entonces haremos lo contrario.

La sala quedó en silencio.

Porque todos sabían lo que significaba.

Paciencia.

La peor pesadilla para un enemigo que cree controlar la situación.

Durante las siguientes horas.

Los equipos del Imperio revisaron cada rincón de Shanghái.

Cada empresa.

Cada cuenta bancaria.

Cada almacén.

Y finalmente encontraron algo.

Una anomalía.

Un puerto industrial.

Nada llamativo.

Nada especial.

Precisamente por eso llamó la atención de Aleksei.

Porque en medio de cientos de movimientos sospechosos…

Aquel lugar parecía demasiado normal.

—Quiero toda la información.

Minutos después.

Las imágenes comenzaron a aparecer.

Contenedores.

Grúas.

Barcos mercantes.

Trabajadores.

Todo parecía legítimo.

Hasta que uno de los analistas detectó algo.

—Estos registros fueron modificados.

—¿Cuándo?

Preguntó Aleksei.

—Hace apenas dos días.

La misma fecha en que llegaron a Shanghái.

Una sonrisa apareció en el rostro de Aleksei.

—Por fin.

Habían encontrado una grieta.

Aquella misma noche.

Comenzó la operación.

Desde un edificio cercano.

Aleksei observaba el puerto mediante drones de vigilancia.

Danna permanecía a su lado.

—Tienes esa mirada otra vez.

—¿Cuál?

—La que aparece cuando ya resolviste algo.

Aleksei soltó una pequeña risa.

—Tal vez.

Ella sonrió.

Porque estaba aprendiendo a leerlo.

Y eso era algo que pocas personas podían hacer.

De repente.

Una alarma apareció en la pantalla.

—Movimiento detectado.

Todos giraron hacia los monitores.

Varios contenedores estaban siendo cargados en una embarcación privada.

A medianoche.

Sin registros oficiales.

Sin documentación.

Perfecto para ocultar algo.

—Tenemos objetivo.

La operación avanzó.

Los hombres del Imperio se acercaron.

Silenciosos.

Precisos.

Todo parecía estar funcionando.

Hasta que una explosión iluminó el puerto.

BOOM.

Las ventanas temblaron.

Las alarmas comenzaron a sonar.

Y el caos se extendió inmediatamente.

—¡Emboscada!

Las comunicaciones explotaron en actividad.

Varias posiciones enemigas aparecieron al mismo tiempo.

Francotiradores.

Vehículos blindados.

Equipos armados.

Todo preparado.

—Nos estaban esperando.

Murmuró Anastasia.

Pero Aleksei no parecía sorprendido.

Porque él también lo había previsto.

—Activen el plan B.

Los operadores obedecieron de inmediato.

En cuestión de segundos.

Los drones ocultos comenzaron a moverse.

Nuevas rutas fueron abiertas.

Y los verdaderos equipos de infiltración entraron por sectores que el enemigo había ignorado.

La emboscada se convirtió en una trampa para quienes la habían preparado.

—Ahora.

Dijo Aleksei.

Los agentes irrumpieron en el almacén principal.

Lo que encontraron dentro sorprendió a todos.

No eran armas.

No era dinero.

No eran drogas.

Era tecnología militar avanzada.

Sistemas de comunicación.

Equipos de vigilancia.

Servidores cifrados.

Material suficiente para coordinar operaciones internacionales.

—Esto es enorme.

Dijo Anastasia.

—Sí.

Respondió Aleksei.

Pero entonces algo llamó su atención.

Un archivo.

Oculto dentro de uno de los servidores.

Un solo nombre aparecía repetido una y otra vez.

OBSIDIANA

La sala quedó completamente en silencio.

Era la primera prueba concreta.

La primera conexión real con la organización que parecía moverse detrás de toda la guerra.




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