Capítulo 2
La mañana siguiente comenzó como cualquier otra.
Aleksei asistió a sus clases, tomó notas y escuchó a sus profesores hablar sobre economía, política y comercio internacional.
Lo irónico era que gran parte de lo que enseñaban en aquellas aulas él ya lo aplicaba a una escala mucho mayor.
Mientras los estudiantes analizaban empresas multimillonarias, Aleksei controlaba un imperio que movía más dinero que muchas naciones.
Y nadie lo sabía.
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Esa misma tarde, un helicóptero privado aterrizó sobre una plataforma oculta en una de las propiedades de la familia Volkov-Moretti.
Aleksei descendió acompañado por Viktor.
Frente a ellos se alzaba una gigantesca instalación subterránea.
No aparecía en ningún mapa.
No existía oficialmente.
Pero desde allí se coordinaban operaciones en varios continentes.
Las puertas de acero se abrieron.
Al entrar, decenas de personas se pusieron de pie.
—Buenos días, señor.
—Buenos días, jefe.
—Buenos días, Fantasma.
Aleksei respondió con un simple movimiento de cabeza.
No necesitaba hablar.
Su presencia era suficiente.
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En el centro de operaciones, una enorme pantalla mostraba un mapa mundial.
Decenas de luces brillaban sobre distintos países.
Rusia.
Italia.
Alemania.
Francia.
España.
Estados Unidos.
México.
Brasil.
Argentina.
Japón.
China.
Corea del Sur.
Turquía.
Serbia.
Albania.
Grecia.
Emiratos Árabes.
Y muchos más.
Cada luz representaba una operación bajo el control del imperio Volkov-Moretti.
Uno de los consejeros se acercó.
—Los informes del último trimestre son positivos.
—Continúe.
—Hemos aumentado nuestra influencia en Europa Oriental.
—Las rutas marítimas funcionan sin problemas.
—Los ingresos superaron todas las previsiones.
—Y nuestros aliados continúan ampliando su presencia en Asia.
Aleksei observó el mapa.
Pensativo.
No veía territorios.
Veía posiciones estratégicas.
Ventajas.
Debilidades.
Posibles amenazas.
Como un jugador observando un tablero antes de la partida.
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Horas después.
Una reunión extraordinaria comenzó en la sala principal.
Alrededor de una enorme mesa circular se encontraban algunos de los hombres y mujeres más poderosos de la organización.
Muchos de ellos duplicaban o triplicaban la edad de Aleksei.
Sin embargo, todos lo respetaban.
Porque todos conocían la verdad.
Aquel joven jamás había perdido una guerra.
Jamás.
Uno de los comandantes habló.
—Hemos detectado movimientos extraños.
Aleksei levantó la mirada.
—Explíquese.
—Varias organizaciones internacionales están reuniéndose.
—¿Cuáles?
—Algunas familias japonesas.
—Grupos balcánicos.
—Representantes de organizaciones mexicanas.
—Y ciertos intereses chinos.
La sala quedó en silencio.
Aquello no era normal.
Organizaciones tan distintas rara vez cooperaban.
Aleksei apoyó las manos sobre la mesa.
—¿Motivo?
—Aún no lo sabemos.
—Pero creemos que están formando una alianza.
Otro consejero intervino.
—Quizás sea una coincidencia.
Aleksei negó lentamente.
—No creo en las coincidencias.
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Más tarde, Viktor encontró a Aleksei observando una antigua fotografía.
En ella aparecía junto a su padre.
Era una de las pocas imágenes que conservaba.
—Sigues pensando en él.
Aleksei permaneció en silencio.
—Cada día.
Viktor asintió.
—Estaría orgulloso de ti.
—No lo sé.
—Lo estaría.
El anciano se acercó.
—Has protegido todo lo que él construyó.
—Y algún día descubriré quién ordenó su muerte.
La mirada de Aleksei se endureció.
—Lo juro.
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Esa misma noche.
A miles de kilómetros de distancia.
En una lujosa sala privada.
Varias figuras observaban documentos clasificados.
En el centro de la mesa apareció una carpeta negra.
Sobre ella había una única palabra.
FANTASMA.
Un hombre abrió el expediente.
Las fotografías comenzaron a pasar.
Territorios.
Operaciones.
Fortunas.
Influencias políticas.
Contactos internacionales.
Cada página aumentaba la tensión en la habitación.
Finalmente uno de los presentes habló.
—Si dejamos que siga creciendo…
—Será imposible detenerlo.
Otro asintió.
—Ya controla demasiado.
—Su poder económico es absurdo.
—Y apenas tiene veinte años.
Un anciano de cabello blanco cerró la carpeta.
—Entonces solo queda una opción.
Todos lo miraron.
—Antes de que se convierta en el rey absoluto del inframundo…
—Debemos destruirlo.
La propuesta fue aprobada.
Una tras otra.
Todas las manos se levantaron.
La decisión quedó sellada.
La mayor coalición criminal de la historia acababa de dar su primer paso.
Y su objetivo tenía un solo nombre.
Aleksei Volkov-Moretti.
Mientras tanto, lejos de allí, el Fantasma observaba las luces de la ciudad desde la ventana de su mansión.
Sin saberlo, la tormenta ya había comenzado.