El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Último Consejo

Capítulo 3

La lluvia golpeaba los enormes ventanales de la mansión Volkov-Moretti.

El sonido era constante.

Pesado.

Como un presagio.

Aleksei permanecía de pie frente al mapa digital que ocupaba una pared entera de la sala de estrategia.

Sus ojos recorrían lentamente cada territorio bajo su control.

Miles de hombres.

Cientos de empresas.

Decenas de países.

Todo conectado por una sola red.

Su red.

Sin embargo, algo no encajaba.

Y cuando algo no encajaba, Aleksei jamás lo ignoraba.

—Han llegado.

La voz de Viktor rompió el silencio.

Aleksei asintió.

—Que entren.

Las enormes puertas de acero se abrieron.

Uno por uno comenzaron a ingresar los líderes más importantes del Imperio Volkov-Moretti.

Hombres y mujeres que gobernaban regiones enteras.

Veteranos de guerras criminales.

Estrategas.

Financieros.

Comandantes.

Algunos habían servido bajo las órdenes de su padre.

Otros habían jurado lealtad directamente a Aleksei.

Todos ocuparon sus lugares.

Era una reunión que rara vez ocurría.

Y cuando sucedía, significaba que algo importante estaba por ocurrir.

La sala quedó completamente en silencio.

Aleksei observó a cada uno de los presentes.

—Comencemos.

Uno de los comandantes europeos fue el primero en hablar.

—Nuestros contactos en los Balcanes reportan movimientos extraños.

—¿Qué tipo de movimientos?

—Reuniones secretas.

—Intercambio de recursos.

—Movilización de hombres.

Otro líder intervino.

—Nuestros informantes en Asia reportan exactamente lo mismo.

—China.

—Japón.

—Corea.

—Todos están moviéndose.

La tensión aumentó.

No era normal.

Aquellas organizaciones rara vez cooperaban entre sí.

Un enorme holograma apareció sobre la mesa.

Puntos rojos comenzaron a iluminar distintas partes del mundo.

Aleksei observó en silencio.

Rusia.

China.

Japón.

México.

Brasil.

Serbia.

Turquía.

Estados Unidos.

Francia.

Alemania.

Italia.

Cada punto representaba una organización potencialmente hostil.

Y cada semana aparecían más.

Uno de los consejeros habló con preocupación.

—Se están organizando.

—Lo sabemos —respondió Aleksei.

—¿Y qué hacemos?

La mirada de todos se dirigió hacia él.

Esperando órdenes.

Esperando respuestas.

Esperando al Fantasma.

Aleksei caminó lentamente alrededor de la mesa.

—¿Qué ven?

Nadie respondió.

—Díganmelo.

Un comandante habló.

—Amenazas.

Otro agregó.

—Una posible guerra.

Un tercero respondió.

—Una alianza contra nosotros.

Aleksei sonrió levemente.

La primera sonrisa de toda la reunión.

—Yo veo miedo.

La sala quedó confundida.

—¿Miedo?

—Sí.

Se detuvo frente al holograma.

—Estas organizaciones llevan años luchando entre ellas.

—Se odian.

—Compiten.

—Se traicionan.

—Se asesinan.

Sus ojos recorrieron cada punto rojo.

—Y aun así están intentando unirse.

—¿Por qué?

Nadie respondió.

Porque todos comprendían la respuesta.

—Porque nos temen.

El silencio se volvió absoluto.

Uno de los veteranos se levantó.

Había servido junto al padre de Aleksei durante décadas.

—Tu padre solía decir algo parecido.

Aleksei lo observó.

—¿Ah sí?

—Decía que el día que los enemigos dejaran de pelear entre ellos para unirse…

—Significaría que la familia se había vuelto demasiado poderosa.

Las palabras quedaron flotando en el aire.

Entonces otro líder preguntó:

—¿Declaramos la guerra?

La pregunta era inevitable.

Todos querían saberlo.

Aleksei observó nuevamente el mapa.

Pensó unos segundos.

Y negó con la cabeza.

—No.

Algunos quedaron sorprendidos.

—¿No?

—Todavía no.

—¿Por qué?

Aleksei apagó el holograma.

Toda la sala quedó oscura.

—Porque aún no conocemos a todos los jugadores.

Su voz era fría.

Calculadora.

—Y jamás comienzo una partida de ajedrez sin ver el tablero completo.

Más tarde.

La reunión terminó.

Los líderes comenzaron a abandonar la sala.

Solo Viktor permaneció allí.

—¿Qué piensas realmente?

Aleksei observó la lluvia caer tras los ventanales.

—Que esto es mucho más grande de lo que parece.

—¿Crees que van contra nosotros?

—No.

Viktor frunció el ceño.

—¿No?

—Estoy seguro.

Esa misma noche.

En una ubicación secreta.

Un grupo de hombres observaba una transmisión en directo de la reunión que acababa de celebrarse.

Habían infiltrado uno de los sistemas secundarios.

No escucharon todo.

Pero escucharon suficiente.

Uno de ellos apagó la pantalla.

—Es más peligroso de lo que imaginábamos.

Otro respondió:

—Entonces debemos actuar rápido.

El líder del grupo se levantó.

Sobre la mesa colocó una fotografía antigua.

En ella aparecía el padre de Aleksei.

La fotografía tenía una marca roja atravesando el rostro.

—Cometimos un error hace años.

Todos guardaron silencio.

—Pensamos que eliminando al padre destruiríamos el futuro del imperio.

Sus ojos se endurecieron.

—Pero el hijo resultó ser mucho peor.

Mientras tanto, en la mansión Volkov-Moretti, Aleksei seguía observando la lluvia.

Algo dentro de él le decía que una tormenta se acercaba.

Una tormenta capaz de cambiar el mundo criminal para siempre.

Y cuando finalmente llegara…

No habría vuelta atrás.




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