Capítulo 5
El sonido de la alarma rompió el silencio de la mañana.
Aleksei abrió los ojos lentamente.
Por unos segundos permaneció acostado mirando el techo de su habitación.
Aquellos pocos instantes eran los únicos momentos del día en los que no era el Fantasma.
No era el heredero de un imperio.
No era un líder.
No era un estratega.
Solo era Aleksei.
Pero la sensación duró poco.
Su teléfono vibró.
Tres mensajes nuevos.
Dos informes internacionales.
Una alerta de seguridad.
La realidad había regresado.
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—Buenos días.
Anastasia apareció en el comedor con una sonrisa sospechosa.
Aleksei la observó.
—¿Qué hiciste?
—¿Por qué asumes que hice algo?
—Porque tienes esa cara.
—¿Qué cara?
—La de cuando estás planeando algo.
Viktor casi se atragantó con el café intentando ocultar una risa.
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Anastasia se sentó frente a su hermano.
—Escuché que conociste a una chica.
Aleksei cerró los ojos.
Sabía que esto iba a pasar.
—Viktor.
—Yo no dije nada.
—Mentira.
—Técnicamente solo respondí una pregunta.
—Traidor.
—Después de cuarenta años de servicio, aceptaré ese título.
Anastasia comenzó a reír.
—¿Cómo se llama?
—No importa.
—¿Cómo se llama?
—Danna.
—¡Ah!
La sonrisa de Anastasia se volvió enorme.
—Tiene nombre.
—Voy a la universidad.
—Está sonrojado.
—No estoy sonrojado.
—Está sonrojado.
—No lo estoy.
⸻
Media hora después.
Aleksei caminaba por el campus intentando ignorar la conversación del desayuno.
Era imposible.
Su hermana probablemente seguiría molestándolo durante semanas.
Mientras avanzaba por uno de los jardines principales, escuchó una voz familiar.
—¿Aleksei?
Se giró.
Era Danna.
Llevaba varios cuadernos en los brazos y una pequeña sonrisa.
Por alguna razón, aquella sonrisa le resultó agradable.
—Hola.
—Hola.
Un silencio breve apareció entre ambos.
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—¿Vas a clase?
—Sí.
—Yo también.
—Entonces vamos en la misma dirección.
—Parece que sí.
Comenzaron a caminar juntos.
La conversación fluyó de forma sorprendentemente natural.
Hablaron de profesores.
Materias.
Libros.
Películas.
Pequeñas cosas normales.
Cosas que Aleksei casi nunca podía experimentar.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Lo disfrutó.
⸻
Mientras tanto.
En otro extremo de la ciudad.
Un hombre observaba fotografías extendidas sobre una mesa.
Fotografías de Aleksei.
Fotografías de la universidad.
Fotografías de la mansión.
Fotografías de Danna.
—Así que ella es la chica.
Otro hombre asintió.
—Sí.
—¿Es importante para él?
—Todavía no lo sabemos.
—Averígüenlo.
La fotografía de Danna quedó sobre la mesa.
Y aquello no era una buena señal.
⸻
Horas después.
Las clases terminaron.
Danna salió de uno de los edificios sosteniendo varios dibujos enrollados.
Aleksei la esperaba cerca de la salida.
Ni siquiera sabía exactamente por qué.
Simplemente había decidido hacerlo.
Cuando ella lo vio, sonrió.
—¿Me estabas esperando?
—Quizás.
—Eso significa sí.
—Quizás.
—Eres raro.
—Me lo han dicho.
Ella volvió a reír.
Y nuevamente Aleksei sintió algo extraño.
Algo que no experimentaba desde hacía años.
Tranquilidad.
⸻
—¿Quieres ver algo?
Preguntó Danna.
—¿Qué cosa?
Ella le mostró uno de sus dibujos.
Era un retrato de la ciudad al atardecer.
Los detalles eran impresionantes.
Los edificios.
Las sombras.
Las luces.
Todo parecía cobrar vida sobre el papel.
Aleksei observó el dibujo durante varios segundos.
—Es increíble.
Danna bajó la mirada.
—Gracias.
—Deberías dedicarte profesionalmente a esto.
—Tal vez algún día.
—Lo harás.
La seguridad con la que lo dijo la sorprendió.
Y también a él.
⸻
Aquella noche.
La mansión Volkov-Moretti permanecía en silencio.
Aleksei estaba solo en su despacho.
Frente a él había informes sobre organizaciones criminales.
Movimientos financieros.
Posibles amenazas.
Pero sus pensamientos estaban lejos de allí.
Sobre el escritorio descansaba un pequeño papel.
Uno de los bocetos que Danna había olvidado guardar.
Lo había encontrado cuando se despidieron.
Y aún no se decidía a devolverlo.
⸻
Entonces la puerta se abrió.
Viktor entró.
—Tenemos problemas.
La expresión de Aleksei cambió inmediatamente.
La calma desapareció.
El Fantasma regresó.
—Habla.
—Nuestros informantes confirman que varias organizaciones están celebrando reuniones secretas.
—¿Cuántas?
—Más de las que esperábamos.
Aleksei se puso de pie.
—Muéstrame todo.
Viktor colocó una carpeta sobre el escritorio.
Dentro había nombres.
Muchos nombres.
Organizaciones de Asia.
Europa.
América.
Medio Oriente.
Por primera vez, la magnitud de la amenaza comenzaba a hacerse visible.
Y lo que Aleksei vio no le gustó.
Porque aquello ya no parecía una simple alianza.
Parecía el inicio de algo mucho más grande.
Mucho más peligroso.
Una guerra.
Y esa guerra se acercaba cada día más.