Capítulo 6
La noche avanzaba lentamente sobre la mansión Volkov-Moretti.
El despacho de Aleksei permanecía iluminado mientras el resto de la residencia dormía.
Sobre su escritorio se acumulaban documentos, fotografías e informes de inteligencia provenientes de distintos países.
Pero había una carpeta que destacaba entre todas.
Una carpeta vieja.
Gastada por el tiempo.
Una carpeta que Aleksei había abierto cientos de veces.
El expediente de la muerte de su padre.
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Aleksei observó una fotografía.
Su padre aparecía sonriendo junto a Anastasia cuando aún era una niña.
Era una de las pocas imágenes familiares que habían sobrevivido.
Durante unos segundos, el joven cerró los ojos.
Todavía recordaba aquel día.
Todavía recordaba la llamada.
El caos.
Los disparos.
Los gritos.
Y después…
El silencio.
Un silencio que jamás abandonó completamente su vida.
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La puerta se abrió.
Viktor entró sin hacer ruido.
—Sabía que te encontraría aquí.
Aleksei no respondió.
El anciano observó la fotografía.
—Han pasado muchos años.
—Y todavía no tenemos todas las respuestas.
—No.
—Pero estamos más cerca que antes.
Viktor asintió.
—Eso es cierto.
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El mayordomo colocó una pequeña caja de madera sobre el escritorio.
Aleksei levantó la mirada.
—¿Qué es eso?
—Pertenecía a tu padre.
El joven abrió la caja.
Dentro había varios objetos personales.
Un reloj antiguo.
Un anillo familiar.
Algunos documentos.
Y una llave.
Una llave pequeña y plateada.
Aleksei frunció el ceño.
—Nunca la había visto.
—Porque tu padre la escondió poco antes de morir.
—¿Lo sabías?
—Lo descubrí hace unos días.
La expresión de Aleksei se volvió seria.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—Porque primero quería asegurarme de que fuera auténtica.
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El silencio llenó la habitación.
Aleksei sostuvo la llave entre sus dedos.
—¿Sabemos qué abre?
—No.
—¿Sabemos dónde estaba escondida?
—Sí.
—¿Dónde?
—Dentro de un compartimento secreto en el despacho de tu padre.
Aquello hizo que Aleksei se pusiera de pie inmediatamente.
Si su padre había ocultado algo antes de morir…
Entonces debía ser importante.
Muy importante.
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Horas más tarde.
Los dos descendieron hacia una zona restringida de la mansión.
Un lugar que llevaba años cerrado.
El antiguo despacho del patriarca Volkov-Moretti.
La puerta se abrió lentamente.
El aire olía a tiempo detenido.
Nada había sido movido desde aquel día.
Nada.
El escritorio.
Las estanterías.
Los muebles.
Todo seguía exactamente igual.
Como si el dueño fuera a regresar en cualquier momento.
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Aleksei caminó por la habitación.
Recordaba aquel lugar.
De niño había pasado horas allí escuchando las historias de su padre.
Historias sobre estrategia.
Poder.
Responsabilidad.
Y familia.
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—Busca cualquier cosa extraña.
Dijo Aleksei.
Viktor comenzó a revisar los estantes.
Mientras tanto, Aleksei examinó el escritorio.
Durante varios minutos no encontró nada.
Hasta que vio algo.
Un pequeño símbolo grabado en la parte inferior de un cajón.
No pertenecía a la familia.
No pertenecía a la Bratvá.
No pertenecía al Clan Moretti.
Era diferente.
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—Viktor.
El anciano se acercó.
—¿Qué ocurre?
Aleksei señaló el símbolo.
La expresión del mayordomo cambió.
—No puede ser.
—¿Lo reconoces?
—Sí.
—¿De dónde?
Viktor guardó silencio unos segundos.
Como si estuviera recordando algo que preferiría olvidar.
—Lo vi una sola vez.
—Hace muchos años.
—Poco antes de la muerte de tu padre.
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La tensión aumentó.
—¿Qué significa?
Preguntó Aleksei.
—No estoy seguro.
—Pero recuerdo que tu padre estaba investigando una organización.
—Una organización extremadamente poderosa.
—Más poderosa que cualquier mafia individual.
—Más rica que muchos gobiernos.
Aleksei sintió cómo su atención se agudizaba.
—¿Nombre?
Viktor negó lentamente.
—Nunca me lo dijo.
—Solo recuerdo este símbolo.
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Aleksei observó nuevamente la marca.
Aquello era la primera pista verdaderamente nueva en años.
Y algo dentro de él le decía que era importante.
Muy importante.
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Mientras tanto…
A miles de kilómetros de distancia.
En una sala privada protegida por seguridad extrema.
Un anciano observaba un informe recién recibido.
Uno de sus hombres acababa de hablar.
—Han encontrado algo.
—¿Qué encontraron?
—El símbolo.
El anciano permaneció inmóvil.
Por primera vez en mucho tiempo, parecía preocupado.
—Entonces el hijo finalmente empezó a buscar en la dirección correcta.
—¿Debemos actuar?
Preguntó otro hombre.
El anciano cerró lentamente el informe.
—No.
—Todavía no.
—Quiero ver hasta dónde llega.
Sus ojos se oscurecieron.
—Después de todo…
—Es hijo de su padre.
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Esa misma noche.
Aleksei seguía observando el extraño símbolo.
No sabía qué representaba.
No sabía quién estaba detrás de él.
Pero sí sabía una cosa.
Aquella marca estaba conectada con los últimos días de su padre.
Y eso significaba que estaba más cerca de la verdad de lo que había estado en años.
Sin darse cuenta, acababa de dar el primer paso hacia un secreto que podría cambiarlo todo.