El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

Anastasia

Capítulo 8

La mansión Volkov-Moretti rara vez era un lugar tranquilo.

Siempre había reuniones, informes, llamadas o asuntos relacionados con el imperio.

Sin embargo, aquella mañana era diferente.

Por unas horas, el mundo criminal parecía estar en silencio.

Y Anastasia pensaba aprovecharlo.

—Buenos días, señorita Anastasia.

—Buenos días, Viktor.

La joven apareció en la cocina con el cabello aún despeinado.

Viktor ya preparaba el desayuno.

—¿Y mi hermano?

—En su despacho.

Anastasia suspiró.

—Por supuesto que está en su despacho.

—Son las siete de la mañana.

—Exactamente.

Ella tomó una taza de café.

—Un día de estos se va a convertir en una computadora.

—Eso sería una mejora.

—¡Viktor!

El anciano soltó una carcajada.

Mientras tanto, en el despacho principal, Aleksei revisaba informes.

Movimientos financieros.

Rutas comerciales.

Posibles amenazas.

Todo parecía estar bajo control.

Hasta que la puerta se abrió de golpe.

—No.

Dijo Anastasia.

Aleksei levantó una ceja.

—¿No qué?

—No vas a trabajar hoy.

—Sí voy a trabajar.

—No.

—Sí.

—No.

—Anastasia…

—Ni siquiera lo intentes.

Diez minutos después.

Contra toda lógica.

Y contra toda estrategia.

Aleksei se encontraba caminando junto a su hermana por el centro de la ciudad.

Todavía no entendía cómo había perdido aquella discusión.

—Necesitas salir más.

Dijo Anastasia.

—Salgo todos los días.

—La universidad no cuenta.

—¿Por qué?

—Porque vas con cara de funeral.

—No voy con cara de funeral.

—Claro que sí.

Ella imitó una expresión seria.

Aleksei no pudo evitar soltar una pequeña risa.

Anastasia sonrió inmediatamente.

—¡Lo sabía!

—¿Qué?

—Todavía recuerdas cómo reír.

—No exageres.

—Es una victoria histórica.

Por un momento caminaron en silencio.

Observando la ciudad.

Disfrutando algo que ambos habían perdido durante años.

Normalidad.

Finalmente, Anastasia habló.

—¿Piensas mucho en él últimamente?

Aleksei supo inmediatamente de quién hablaba.

Su padre.

—Sí.

—Yo también.

La sonrisa desapareció del rostro de ambos.

—A veces todavía recuerdo su voz.

Dijo Anastasia.

—Yo también.

—Y recuerdo cómo nos llevaba de viaje.

—Y cómo te compraba dulces cuando Viktor no miraba.

Ella soltó una pequeña risa.

—Siempre me descubrían.

—Porque eras terrible ocultándolo.

—Y tú eras demasiado bueno.

La conversación continuó.

Recordando momentos felices.

Momentos simples.

Momentos familiares.

Por primera vez en años, hablaron del pasado sin dolor.

Sin ira.

Sin deseos de venganza.

Solo recuerdos.

Más tarde.

Se sentaron en un parque cercano.

Anastasia observó a su hermano durante varios segundos.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Eres feliz?

La pregunta tomó a Aleksei por sorpresa.

No porque fuera difícil.

Sino porque nadie se la hacía jamás.

Los líderes le preguntaban por estrategias.

Los comandantes por órdenes.

Los consejeros por negocios.

Pero nadie le preguntaba eso.

—No lo sé.

Respondió finalmente.

Anastasia bajó la mirada.

—Eso pensé.

El silencio apareció entre ambos.

—Desde que murió papá…

Continuó ella.

—Has cargado todo tú solo.

—Era mi responsabilidad.

—Eras un niño.

Aleksei no respondió.

Porque una parte de él sabía que tenía razón.

—No tienes que hacerlo solo.

Dijo Anastasia.

—Nunca más.

Por primera vez en mucho tiempo, la voz de Aleksei perdió parte de su dureza.

—Lo sé.

Y lo decía en serio.

Porque si había alguien en quien confiaba completamente…

Era ella.

Esa misma noche.

Mientras la familia cenaba junta, Viktor observó la escena en silencio.

Aleksei.

Anastasia.

Riendo.

Conversando.

Pareciendo una familia normal.

Durante unos segundos, el anciano sintió algo que no había sentido en años.

Paz.

Pero la paz no duró mucho.

Un agente de seguridad entró rápidamente en el comedor.

La expresión de su rostro lo decía todo.

Había problemas.

Aleksei se puso de pie inmediatamente.

—¿Qué ocurrió?

El hombre tragó saliva.

—Recibimos un mensaje.

—¿De quién?

—No lo sabemos.

El agente entregó una tableta.

Aleksei observó la pantalla.

Y su expresión cambió.

Por primera vez en mucho tiempo…

Parecía verdaderamente sorprendido.

En la pantalla solo había una imagen.

Una fotografía antigua.

La fotografía de su padre.

Tomada pocos días antes de morir.

Y debajo de ella una frase.

Una sola frase.

“Si quieres conocer la verdad, deja de mirar el pasado.”

La habitación quedó en silencio.

Aleksei observó el mensaje durante varios segundos.

Luego levantó lentamente la mirada.

Sus ojos se habían vuelto fríos.

Peligrosamente fríos.

Porque alguien acababa de demostrar algo imposible.

Alguien sabía cosas que jamás debió conocer.

Y eso significaba que el juego acababa de cambiar.




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