El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Primer Movimiento

Capítulo 9

El mensaje permanecía proyectado sobre la pantalla.

Nadie hablaba.

Nadie se movía.

La fotografía del padre de Aleksei parecía observar la habitación desde el pasado.

“Si quieres conocer la verdad, deja de mirar el pasado.”

Aquellas palabras no parecían una amenaza.

No parecían una burla.

Parecían una advertencia.

Y eso era lo que más inquietaba a Aleksei.

Una hora después, la sala de estrategia estaba completamente activa.

Analistas revisaban servidores.

Expertos rastreaban señales.

Agentes examinaban cada detalle del mensaje.

Sin resultados.

Nada.

Era como si el remitente hubiera aparecido de la nada y desaparecido de la misma forma.

—¿Alguna pista?

Preguntó Aleksei.

—Ninguna.

Respondió uno de los especialistas.

—La transmisión fue redirigida por más de treinta servidores internacionales.

—¿Origen?

—Desconocido.

—¿Idioma original?

—Imposible determinarlo.

Aleksei cruzó los brazos.

Aquello no era trabajo de aficionados.

Viktor observó la pantalla.

—¿Qué significa?

—No lo sé.

—¿Crees que es una trampa?

—Todo puede ser una trampa.

La respuesta fue inmediata.

Como siempre.

Durante varios minutos nadie habló.

Finalmente Aleksei tomó una decisión.

—Quiero todos los informes relacionados con los últimos seis meses.

—¿Todos?

Preguntó uno de los analistas.

—Todos.

—Movimientos financieros.

—Reuniones.

—Operaciones.

—Contactos internacionales.

—Todo.

La sala comenzó a moverse inmediatamente.

Horas después.

Montañas de información aparecieron sobre la mesa principal.

Miles de páginas.

Miles de registros.

Miles de datos.

La mayoría de las personas tardaría semanas en revisar aquella cantidad de información.

Aleksei tardó tres horas.

Mientras observaba los informes, algo llamó su atención.

Era pequeño.

Casi insignificante.

Un detalle que cualquier otra persona habría ignorado.

Pero no él.

Durante los últimos meses varias organizaciones aparentemente independientes habían comenzado a comunicarse entre sí.

Nada ilegal.

Nada sospechoso por separado.

Pero vistas en conjunto…

Formaban un patrón.

Aleksei amplió el mapa digital.

Las líneas comenzaron a conectarse.

China.

Japón.

México.

Turquía.

Los Balcanes.

Estados Unidos.

América del Sur.

Cada conexión llevaba a otra.

Y luego a otra.

Y otra más.

Viktor observó el resultado.

—Dios mío…

Por primera vez incluso él parecía impresionado.

La red era gigantesca.

Mucho más grande de lo que habían imaginado.

—No es una alianza temporal.

Dijo Aleksei.

—Están construyendo algo.

—¿Qué?

—Una estructura.

—Una organización.

—Una coalición.

La sala quedó en silencio.

Uno de los comandantes habló.

—¿Y si atacamos primero?

La propuesta era tentadora.

Golpear antes de ser golpeados.

Era una estrategia antigua.

Y muchas veces efectiva.

Pero Aleksei negó lentamente.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque aún no sabemos quién dirige el tablero.

Aquellas palabras hicieron que todos guardaran silencio.

Era cierto.

Habían identificado las piezas.

Pero no al jugador.

Esa misma noche.

A miles de kilómetros de distancia.

En una sala privada protegida por múltiples sistemas de seguridad.

Varios líderes criminales observaban un informe.

Uno de ellos sonrió.

—Está investigando.

—Era inevitable.

Respondió otro.

Un tercer hombre abrió una carpeta.

Dentro había una fotografía reciente de Aleksei.

—¿Cuánto tiempo creen que tardará en descubrirlo?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Finalmente respondió el más anciano de todos.

—Menos del que imaginan.

—Es más inteligente que su padre.

Aquella afirmación provocó incomodidad en varios presentes.

—Entonces debemos acelerar los preparativos.

Dijo uno de ellos.

—Aún no.

Respondió el anciano.

—Todavía necesitamos más miembros.

—¿Cuántos?

—Todos los que podamos reunir.

La respuesta sorprendió incluso a los demás.

—¿Tanto le temes?

Preguntó uno de los líderes.

El anciano observó la fotografía.

Y por primera vez mostró una expresión seria.

—No.

—Le temo a lo que puede convertirse.

Mientras tanto, en la mansión Volkov-Moretti, Aleksei observaba el mapa mundial.

Las conexiones.

Las reuniones.

Los movimientos.

Todo apuntaba hacia algo enorme.

Algo que estaba creciendo en las sombras.

Entonces tomó una ficha de ajedrez que descansaba sobre su escritorio.

Un caballo negro.

La giró entre sus dedos.

Pensativo.

Finalmente sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero peligrosa.

Porque acababa de tomar una decisión.

Su primera decisión real en esta guerra.

—Si quieren jugar…

Murmuró.

Colocó el caballo sobre el tablero.

—Entonces empecemos la partida.

En alguna parte del mundo, los enemigos del Fantasma continuaban preparando sus movimientos.

Lo que no sabían era que acababan de captar completamente la atención de Aleksei Volkov-Moretti.

Y una vez que eso ocurría…

Ya era demasiado tarde para retirarse.




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