Capítulo 10
La guerra aún no había comenzado oficialmente.
No había declaraciones.
No había comunicados.
No había bandos definidos.
Pero Aleksei sabía la verdad.
Las guerras más peligrosas siempre comenzaban en silencio.
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Dos días después de descubrir la red de conexiones internacionales, una nueva alerta llegó al centro de operaciones.
Esta vez era diferente.
Mucho más grave.
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—Tenemos un problema.
Informó uno de los analistas.
Aleksei levantó la vista.
—Habla.
—Perdimos contacto con una de nuestras bases del norte.
La sala quedó en silencio.
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—¿Dónde?
—Siberia.
Los ojos de Aleksei se estrecharon.
Aquella base no era importante por su tamaño.
Era importante por lo que protegía.
Información.
Rutas.
Contactos.
Secretos.
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—¿Última comunicación?
—Hace cuarenta minutos.
—¿Ataque confirmado?
—Creemos que sí.
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Aleksei observó el mapa.
Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente tomó una decisión.
—Preparen el avión.
Viktor levantó una ceja.
—¿Vas personalmente?
—Sí.
—Es peligroso.
—Precisamente por eso.
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Horas más tarde.
Un jet privado cruzaba los cielos cubiertos por tormentas de nieve.
Aleksei observaba por la ventana.
A su lado viajaban algunos de sus mejores hombres.
Todos sabían que aquella misión era importante.
Pero ninguno imaginaba cuánto.
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La base apareció entre montañas cubiertas por nieve.
El paisaje parecía sacado de otro mundo.
Blanco.
Frío.
Hostil.
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Cuando llegaron, encontraron destrucción.
Vehículos calcinados.
Edificios dañados.
Equipos destruidos.
Y sangre.
Mucha sangre.
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Uno de los comandantes se acercó.
—¿Supervivientes?
—Pocos.
—¿Quiénes fueron?
—No lo sabemos.
—¿Símbolos?
—Ninguno.
—¿Mensajes?
—Nada.
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Aleksei caminó entre los restos.
Observando cada detalle.
Cada marca.
Cada impacto.
Cada error.
Porque incluso los mejores atacantes cometían errores.
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Finalmente se detuvo.
Algo llamó su atención.
Una huella.
No una huella de pie.
Una huella estratégica.
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Observó la distribución del ataque.
Los movimientos.
Las rutas utilizadas.
Las posiciones elegidas.
Y comprendió algo.
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—No vinieron a destruir la base.
Dijo.
Los presentes se miraron confundidos.
—¿Entonces?
—Vinieron a buscar algo.
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Inmediatamente ordenó revisar los archivos.
Las bóvedas.
Los servidores.
Los depósitos.
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Treinta minutos después llegó la respuesta.
Uno de los oficiales apareció corriendo.
—Encontramos la brecha.
—¿Qué falta?
Preguntó Aleksei.
El hombre tragó saliva.
—Un archivo.
—¿Cuál?
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El oficial entregó una carpeta digital.
Aleksei la abrió.
Y por primera vez en toda la operación…
Su expresión cambió.
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El archivo robado contenía información relacionada con los últimos movimientos de su padre antes de morir.
Nada más.
Nada menos.
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El silencio se volvió absoluto.
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—Ahora sabemos qué buscan.
Murmuró Aleksei.
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Viktor lo observó.
—¿La verdad?
—Sí.
—La misma que nosotros.
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Aquello cambiaba todo.
Porque significaba que el enemigo no solo estaba interesado en destruir el imperio.
También estaba interesado en el pasado.
En el asesinato de su padre.
En los secretos enterrados hace años.
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Mientras tanto.
A miles de kilómetros de distancia.
Un helicóptero aterrizaba en una instalación secreta.
Un hombre descendió llevando un maletín.
Custodiado por soldados armados.
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La carga fue entregada a una figura oculta entre las sombras.
—¿Lo consiguieron?
Preguntó la voz.
—Sí.
El maletín fue abierto.
Dentro había una copia del archivo robado.
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El anciano que observaba el contenido permaneció en silencio.
Durante largos segundos.
Finalmente cerró la carpeta.
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—Entonces ya comenzó.
Dijo.
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—¿Qué hacemos ahora?
Preguntó uno de sus subordinados.
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El anciano levantó lentamente la mirada.
—Lo mismo que hace veinte años.
—Prepararnos para la llegada de un Volkov.
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Aquellas palabras provocaron tensión inmediata.
Porque todos conocían la historia.
Todos conocían al padre.
Y todos sabían lo que había sido capaz de hacer.
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Pero ninguno de ellos conocía completamente al hijo.
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Esa misma noche.
La nieve seguía cayendo sobre Siberia.
Aleksei permanecía solo observando las ruinas de la base.
El viento golpeaba su abrigo.
La oscuridad cubría las montañas.
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Por primera vez, las piezas comenzaban a encajar.
El símbolo.
El mensaje.
La alianza internacional.
El archivo robado.
Todo estaba conectado.
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Y por primera vez desde el inicio de la historia…
Aleksei sintió algo que rara vez experimentaba.
No era miedo.
No era duda.
No era ira.
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Era emoción.
La emoción de un estratega que finalmente encontraba un rival digno.
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Miró el horizonte blanco y sonrió.
Una sonrisa fría.
Peligrosa.
La sonrisa del Fantasma.
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—Ya veo.
Murmuró.
—Así que ustedes también estaban esperándome.
La nieve continuó cayendo.
Y en algún lugar del mundo, una guerra silenciosa acababa de entrar en una nueva fase.