El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

Secretos Compartidos

Capítulo 11

La nieve seguía cayendo sobre Siberia cuando Aleksei abordó el avión de regreso.

La investigación en la base destruida había confirmado sus sospechas.

El ataque nunca tuvo como objetivo el dinero.

Ni las armas.

Ni los recursos.

El enemigo buscaba información.

Información relacionada con su padre.

Información relacionada con un pasado que alguien estaba desesperado por mantener oculto.

Y eso significaba una sola cosa.

Aleksei estaba acercándose a la verdad.

Sin embargo, cuando el avión aterrizó varias horas después, el joven tomó una decisión inesperada.

Por una noche…

No sería el Fantasma.

No sería el heredero de un imperio.

No sería el hombre más buscado por las organizaciones criminales del mundo.

Intentaría ser simplemente Aleksei.

Al día siguiente, la universidad parecía ajena a cualquier guerra.

Los estudiantes caminaban por los pasillos.

Los profesores impartían clases.

La vida continuaba.

Como si el mundo no estuviera cambiando en las sombras.

—Parece que sobreviviste.

Dijo una voz familiar.

Aleksei levantó la vista.

Danna estaba frente a él.

Sonriendo.

Aquella sonrisa logró algo que pocas cosas conseguían.

Relajar ligeramente la tensión que llevaba acumulada durante días.

—¿Sobreviví a qué?

Preguntó.

—Desapareciste varios días.

—Tenía asuntos pendientes.

—¿Asuntos secretos?

Aleksei arqueó una ceja.

—¿Siempre haces tantas preguntas?

—Solo cuando alguien parece sospechoso.

—Entonces debo preocuparme.

—Definitivamente.

Ambos comenzaron a caminar por el campus.

La conversación fluyó con naturalidad.

Algo que empezaba a convertirse en una costumbre.

Y algo que comenzaba a gustarle más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—¿Puedo preguntarte algo?

Dijo Danna.

—Depende.

—¿Siempre has sido tan reservado?

Aleksei permaneció unos segundos en silencio.

Era una pregunta sencilla.

Pero la respuesta no lo era.

—Supongo que sí.

—No te creo.

—¿Por qué?

—Porque a veces pareces alguien que aprendió a guardar silencio.

No alguien que nació así.

Aquellas palabras lo sorprendieron.

Más de lo que ella imaginaba.

Porque eran ciertas.

Completamente ciertas.

Danna continuó caminando.

—No tienes que responder.

—Hay cosas que simplemente se sienten.

Aleksei observó el suelo durante unos segundos.

Pensando.

—Cuando era niño…

Comenzó.

La propia frase lo sorprendió.

Hacía años que no hablaba de sí mismo.

—Perdí a alguien importante.

Danna guardó silencio.

Escuchando.

—Después de eso muchas cosas cambiaron.

—¿Tu padre?

Preguntó ella con suavidad.

Aleksei la miró.

Sorprendido.

—¿Cómo lo supiste?

—La forma en que hablaste.

—La forma en que bajaste la mirada.

—Y porque conozco esa expresión.

Por un instante ambos permanecieron en silencio.

—Yo también perdí personas importantes.

Dijo ella.

—Cuando era pequeña.

Por primera vez, era Danna quien compartía parte de su historia.

—Aprendí a vivir sola.

—A no depender de nadie.

—A seguir adelante.

Incluso cuando parecía imposible.

Aleksei escuchó cada palabra.

Porque comprendía perfectamente aquel sentimiento.

Dos personas diferentes.

Dos vidas completamente distintas.

Y sin embargo…

Compartían heridas parecidas.

Por primera vez desde que se conocieron, ninguno estaba hablando de clases.

Ni de dibujos.

Ni de temas superficiales.

Estaban hablando de ellos mismos.

Secretos pequeños.

Verdades reales.

Y aquello los acercó más de lo que cualquiera de los dos esperaba.

Más tarde.

Se sentaron cerca del lago artificial de la universidad.

El sol comenzaba a ponerse.

Tiñendo el agua de tonos dorados.

Danna observó el horizonte.

—¿Sabes algo curioso?

—¿Qué?

—La primera vez que te vi pensé que eras arrogante.

Aleksei soltó una pequeña risa.

—¿Arrogante?

—Mucho.

—Eso es injusto.

—Y ahora pienso que eres raro.

—Eso es peor.

—Sí.

Ella comenzó a reír.

Y él también.

A varios metros de distancia, oculto entre la multitud, un hombre observaba la escena.

Tomó una fotografía.

Luego otra.

Y una tercera.

Las imágenes fueron enviadas inmediatamente.

Minutos después llegaron a una ubicación desconocida.

Una sala oscura.

Un escritorio.

Una pantalla.

Un anciano observó las fotografías.

Aleksei.

Danna.

Sentados juntos.

Sonriendo.

—Interesante.

Murmuró.

Uno de sus subordinados habló.

—¿La eliminamos?

La pregunta fue directa.

Fría.

Cruel.

El anciano negó lentamente.

—No.

—¿Por qué?

Los ojos del hombre permanecieron fijos en la imagen.

—Porque aún no entendemos qué significa para él.

—Y jamás se mueve una pieza importante sin conocer su valor.

La fotografía permaneció sobre la mesa.

Mientras tanto, lejos de allí, Aleksei y Danna seguían conversando sin imaginar que alguien observaba cada paso.

Sin imaginar que la guerra silenciosa seguía avanzando.

Sin imaginar que el enemigo ya había comenzado a estudiar a las personas más cercanas al Fantasma.

Cuando finalmente llegó la noche y ambos se despidieron, Danna sonrió.




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