El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Fantasma Caza

Capítulo 14

La máscara comenzaba a agrietarse.

Pero la guerra no esperaba.

Ni el amor.

Ni los sentimientos.

Ni los sueños.

El mundo de Aleksei jamás se detenía.

A las tres de la madrugada, una llamada cifrada llegó a su teléfono privado.

Solo tres personas en el mundo tenían acceso a esa línea.

Viktor.

Anastasia.

Y el jefe de inteligencia del Imperio Volkov-Moretti.

Aleksei respondió inmediatamente.

—Habla.

—Lo encontramos.

Sus ojos se abrieron.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

La llamada terminó.

Durante semanas habían estado rastreando a los responsables del ataque en Siberia.

El grupo que había robado información relacionada con los últimos movimientos de su padre.

Hasta ahora solo habían encontrado sombras.

Intermediarios.

Mensajeros.

Peones.

Pero esta vez era diferente.

Habían localizado a uno de los organizadores.

Un hombre llamado Marko Draganic.

Uno de los principales enlaces entre varias organizaciones criminales de los Balcanes y la coalición que se estaba formando contra él.

Por primera vez.

Tenían una pieza importante.

Y Aleksei pensaba moverla.

Horas después.

Un avión privado cruzaba el cielo nocturno rumbo al este de Europa.

Viktor observó a Aleksei.

—Podrías enviar a alguien.

—Podría.

—Entonces, ¿por qué vienes tú?

La respuesta llegó sin emoción.

—Porque necesito respuestas.

Y porque, en el fondo, algo más lo impulsaba.

La necesidad de acercarse a la verdad sobre su padre.

Dos días después.

Una antigua ciudad industrial cubierta por la niebla despertaba lentamente.

En un edificio abandonado, Marko Draganic se reunía con varios socios.

No sabía que lo estaban observando.

No sabía que el Fantasma había llegado.

Desde un edificio cercano, Aleksei observaba con unos binoculares.

—Confirmen las salidas.

—Confirmadas.

Respondió un agente.

—¿Francotiradores?

—Posicionados.

—¿Equipo de captura?

—Listo.

Todo estaba preparado.

Como siempre.

Porque Aleksei jamás dejaba nada al azar.

Marko salió del edificio acompañado por cuatro escoltas.

Aleksei observó cada movimiento.

Cada gesto.

Cada ruta.

Y entonces habló.

—Ahora.

La operación comenzó.

En menos de diez segundos.

Dos vehículos bloquearon la calle.

Las comunicaciones fueron inutilizadas.

Las rutas de escape quedaron cerradas.

Los escoltas intentaron reaccionar.

Pero ya era tarde.

Todo había sido calculado.

Todo.

Cinco minutos después.

Marko Draganic estaba sentado en una habitación oscura.

Atado a una silla.

Frente a él.

Aleksei Volkov-Moretti.

El hombre tragó saliva.

—¿Sabes quién soy?

Preguntó Aleksei.

Marko asintió lentamente.

—El Fantasma.

—Bien.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Quién te envió a Siberia?

Marko no respondió.

—¿Quién te ordenó robar los archivos?

Silencio.

—¿Quién está detrás de la coalición?

Nada.

Aleksei observó al hombre durante varios segundos.

Luego tomó una carpeta.

La abrió.

Dentro había fotografías.

Cuentas bancarias.

Nombres.

Direcciones.

Toda la vida de Marko.

Y la de sus asociados.

—Sabemos todo sobre ti.

Dijo Aleksei.

—Todo.

Por primera vez el hombre mostró miedo.

Porque entendió algo.

El Fantasma no estaba adivinando.

Sabía.

—Voy a hacerte una sola pregunta más.

La habitación quedó completamente en silencio.

—¿Qué es el Círculo de Obsidiana?

El color desapareció del rostro de Marko.

Y esa reacción fue más valiosa que cualquier respuesta.

Porque confirmó algo.

Lo conocía.

—Ya veo.

Murmuró Aleksei.

Marko comenzó a temblar.

—No debería haber dicho ese nombre.

—Entonces existe.

El hombre cerró los ojos.

Como si hubiera cometido un error fatal.

—No entiendes.

Susurró.

—No entiendes con quién estás jugando.

Aleksei se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Explícamelo.

Pero antes de que pudiera responder…

Una explosión sacudió el edificio.

¡BOOM!

Las paredes temblaron.

Los cristales estallaron.

Las alarmas comenzaron a sonar.

—¡Ataque!

Gritó uno de los agentes.

Otra explosión.

Y otra más.

El enemigo había llegado.

Aleksei se puso de pie inmediatamente.

—Sáquenlo de aquí.

—¡Sí, señor!

Pero ya era tarde.

Un disparo atravesó una ventana.

Y alcanzó a Marko en el pecho.

El hombre cayó de la silla.

La sangre comenzó a extenderse por el suelo.

Aleksei se acercó rápidamente.

Marko respiraba con dificultad.




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