El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Precio del Poder

Capítulo 15

Las llamas consumían lentamente el edificio abandonado.

Las sirenas se escuchaban a lo lejos.

El humo cubría la noche.

Y en medio del caos, Aleksei observaba el cuerpo sin vida de Marko Draganic.

Había estado a segundos de obtener respuestas.

A segundos.

Y alguien se había asegurado de silenciarlo para siempre.

—La zona está asegurada.

Informó uno de sus hombres.

Aleksei no respondió.

Seguía pensando en las últimas palabras de Marko.

“Ellos ya están dentro de tu mundo.”

Aquella frase era demasiado específica para ignorarla.

—Señor.

Viktor se acercó.

—Debemos irnos.

Aleksei finalmente asintió.

Pero algo había cambiado.

Hasta ese momento la guerra era un problema lejano.

Una amenaza creciendo en las sombras.

Ahora era personal.

Muy personal.

El vuelo de regreso fue silencioso.

Nadie se atrevía a interrumpir sus pensamientos.

Durante horas observó por la ventana.

Repasando cada detalle.

Cada conversación.

Cada pista.

Cada error.

Porque alguien había anticipado sus movimientos.

Y eso significaba que el enemigo era mucho más peligroso de lo que había imaginado.

Cuando regresó a la mansión, Anastasia lo esperaba despierta.

—¿Cómo salió todo?

Preguntó.

Aleksei permaneció en silencio unos segundos.

—Mal.

La respuesta sorprendió a su hermana.

Porque rara vez lo escuchaba admitir algo así.

—¿Qué ocurrió?

—Perdimos la oportunidad.

Anastasia notó inmediatamente el cansancio en sus ojos.

No era cansancio físico.

Era el agotamiento de alguien que llevaba años luchando solo.

—Ven.

Dijo ella.

—¿Qué?

—Ven.

Sin darle tiempo a responder, lo llevó hasta la cocina.

Viktor ya estaba allí.

Preparando café.

—¿Ustedes dos están conspirando contra mí?

Preguntó Aleksei.

—Todo el tiempo.

Respondió Viktor.

Por primera vez en varios días, Aleksei sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero real.

Durante la siguiente hora no hablaron de mafias.

No hablaron de guerras.

No hablaron del Círculo de Obsidiana.

Hablaron de cosas normales.

Recuerdos.

Historias familiares.

Momentos del pasado.

Y aunque nunca lo admitiría…

Aleksei necesitaba aquel momento.

Porque incluso los reyes más poderosos se cansaban.

Y él llevaba años sosteniendo una corona invisible.

Dos días después.

La universidad parecía exactamente igual que siempre.

Danna encontró a Aleksei sentado bajo un árbol.

Leyendo.

O al menos fingiendo leer.

—¿Problemas?

Preguntó.

—¿Por qué todos me preguntan eso?

—Porque tienes cara de problemas.

—Tal vez sea mi cara normal.

—Eso sería preocupante.

Ella se sentó a su lado.

Durante unos minutos ninguno habló.

Y curiosamente…

El silencio no resultó incómodo.

—A veces creo que llevas una guerra dentro de la cabeza.

Dijo Danna.

Aquellas palabras hicieron que Aleksei la mirara.

—¿Por qué dices eso?

—Porque incluso cuando estás tranquilo…

Parece que estás peleando contra algo.

El corazón de Aleksei se tensó por un instante.

Porque ella estaba más cerca de la verdad de lo que imaginaba.

Mucho más cerca.

—Quizás todos peleamos contra algo.

Respondió finalmente.

Danna sonrió.

—Tal vez.

Mientras tanto…

A miles de kilómetros.

En una sala de reuniones protegida por seguridad extrema.

Los miembros de la coalición observaban informes recientes.

La muerte de Marko.

La operación de captura.

La velocidad de respuesta de Aleksei.

Todo estaba documentado.

—Es mejor de lo esperado.

Dijo uno de los líderes.

—Lo sabemos.

Respondió el anciano.

—¿Entonces cuándo atacamos?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Todos querían lo mismo.

Eliminar al Fantasma antes de que fuera demasiado tarde.

El anciano observó una fotografía reciente de Aleksei.

Luego habló.

—Pronto.

—¿Qué tan pronto?

El anciano sonrió.

—Cuando el costo sea lo suficientemente alto.

Nadie preguntó a qué se refería.

Porque todos entendieron.

No planeaban atacar su dinero.

No planeaban atacar sus territorios.

Planeaban atacar algo mucho más valioso.

Aquella misma noche.

Aleksei observaba el tablero de ajedrez que descansaba sobre su escritorio.

Las piezas estaban colocadas.

Negras contra blancas.

Tomó un peón entre sus dedos.

Y recordó algo que su padre le había enseñado años atrás.

“El verdadero precio del poder no es la sangre de tus enemigos, hijo.

Es el miedo constante de perder a quienes amas.”

Por primera vez en mucho tiempo…

Aquellas palabras le parecieron peligrosamente reales.

Porque la guerra seguía acercándose.

Y cuanto más se acercaba…

Más personas corrían peligro.




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