El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

Bajo la Lluvia

Capítulo 16

La tormenta comenzó al caer la tarde.

Nubes oscuras cubrieron la ciudad.

El viento agitó los árboles de la universidad.

Y poco después, la lluvia empezó a caer.

Primero suave.

Luego intensa.

La mayoría de los estudiantes corrió a refugiarse.

Los pasillos se llenaron rápidamente.

Las cafeterías quedaron abarrotadas.

Pero Danna seguía en uno de los edificios de arte, terminando un proyecto que debía entregar al día siguiente.

Cuando finalmente salió, el campus estaba casi vacío.

Miró el cielo.

Luego la lluvia.

Y suspiró.

—Genial.

Murmuró.

—Parece que no soy el único atrapado.

Dijo una voz detrás de ella.

Danna se giró.

Y sonrió inmediatamente.

—Aleksei.

—Danna.

Por alguna razón, ambos parecían alegrarse de encontrarse.

—¿Esperando que deje de llover?

Preguntó él.

—Lo intentaba.

Pero creo que la lluvia tiene otros planes.

Aleksei observó el cielo.

—Probablemente.

Durante varios minutos permanecieron bajo el techo de la entrada principal.

Escuchando la lluvia golpear el suelo.

Era un momento simple.

Tranquilo.

Y precisamente por eso era especial.

Porque en la vida de Aleksei los momentos tranquilos eran extremadamente raros.

—¿Sabes?

Dijo Danna.

—¿Qué?

—Antes me gustaba la lluvia.

—¿Antes?

—Cuando era niña.

Ella observó las gotas caer.

—Después dejó de gustarme.

—¿Por qué?

Danna tardó unos segundos en responder.

—Porque me recordaba que estaba sola.

La respuesta fue sincera.

Demasiado sincera.

Aleksei permaneció en silencio.

Porque comprendía perfectamente lo que significaba sentirse solo.

—Yo también la odiaba.

Dijo finalmente.

Danna lo miró sorprendida.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Por qué?

Aleksei observó la lluvia.

—Porque uno de los peores días de mi vida ocurrió bajo una tormenta.

Danna no preguntó más.

No hacía falta.

Ambos sabían que estaban hablando de heridas que todavía no habían sanado.

La lluvia siguió cayendo.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

La electricidad del edificio se apagó durante unos segundos.

Algunas personas se sobresaltaron.

Otras comenzaron a quejarse.

Pero Danna soltó una pequeña risa.

—Perfecto.

—¿Qué tiene de perfecto?

Preguntó Aleksei.

—Ahora parece una película.

—¿Una película?

—Sí.

Lluvia.

Oscuridad.

Dos personas atrapadas.

Aleksei negó con la cabeza.

—Ves demasiadas películas.

—Probablemente.

Ambos comenzaron a reír.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Aleksei sintió que podía olvidar el peso que llevaba sobre los hombros.

Aunque fuera por unos minutos.

Finalmente la lluvia disminuyó.

Lo suficiente para caminar.

—Creo que ya puedo volver a casa.

Dijo Danna.

—Te acompaño.

Ella levantó una ceja.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Y si digo que puedo sola?

—Diré que igual voy a acompañarte.

Una sonrisa apareció en el rostro de Danna.

—Qué terco eres.

—Me lo han dicho.

Comenzaron a caminar bajo la lluvia ligera.

Las calles estaban tranquilas.

Las luces de la ciudad reflejaban sobre el asfalto mojado.

Durante varios minutos ninguno habló.

No porque faltaran palabras.

Sino porque el silencio era cómodo.

Cuando llegaron al edificio donde vivía Danna, ambos se detuvieron.

Por un instante nadie dijo nada.

Solo se escuchaba la lluvia.

Solo existía aquel momento.

—Gracias por acompañarme.

Dijo ella.

—No fue nada.

—Para mí sí.

Aleksei sintió algo extraño en el pecho.

Algo cálido.

Algo que no estaba acostumbrado a sentir.

Danna lo observó durante unos segundos.

—¿Sabes algo?

—¿Qué?

Ella sonrió.

—Me alegra haberte conocido.

Aquellas palabras fueron simples.

Pero golpearon más fuerte que cualquier amenaza.

Porque eran honestas.

Y porque nadie se las había dicho en mucho tiempo.

Durante un breve instante, ninguno apartó la mirada.

El mundo pareció detenerse.

La lluvia siguió cayendo.

Las luces siguieron brillando.

Y por primera vez…

Aleksei olvidó completamente la guerra.

Olvidó el Círculo de Obsidiana.

Olvidó los enemigos.

Olvidó el poder.

Solo veía a Danna.

Y ella solo lo veía a él.

Finalmente, Danna sonrió una vez más.

—Buenas noches, Aleksei.

—Buenas noches, Danna.

Ella entró al edificio.

Y Aleksei permaneció allí unos segundos más.

Observando la puerta cerrarse.

Sin darse cuenta de que alguien los observaba desde un vehículo estacionado al otro lado de la calle.

Una cámara tomó varias fotografías.

Una tras otra.




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