El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Mensaje

Capítulo 17

La mañana siguiente llegó acompañada por una extraña sensación de calma.

Demasiada calma.

Y Aleksei había aprendido hacía mucho tiempo que la calma excesiva casi siempre ocultaba una tormenta.

Mientras desayunaba junto a Anastasia y Viktor, intentó concentrarse en algo diferente.

Pero su mente seguía regresando a la noche anterior.

A la lluvia.

A la sonrisa de Danna.

A aquellas palabras.

“Me alegra haberte conocido.”

—Estás sonriendo.

Dijo Anastasia de repente.

Aleksei levantó la vista.

—No estoy sonriendo.

—Sí lo estás.

—No.

—Sí.

Viktor tomó un sorbo de café.

—Confirmo el diagnóstico.

—Ustedes dos son insoportables.

Anastasia soltó una carcajada.

Por unos instantes, todo parecía normal.

Hasta que el teléfono cifrado de Aleksei vibró.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Aquella secuencia solo se utilizaba para emergencias de máxima prioridad.

La sonrisa desapareció inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

Preguntó Anastasia al notar el cambio.

Aleksei ya se había puesto de pie.

—Problemas.

Diez minutos después.

La sala de estrategia estaba completamente activa.

Analistas corriendo.

Pantallas encendidas.

Comunicaciones abiertas.

Y en el centro de todo…

Una imagen.

Aleksei observó la pantalla principal.

Su expresión se volvió fría.

Muy fría.

—¿Cuándo llegó?

—Hace treinta minutos.

Respondió uno de los agentes.

—¿Origen?

—Desconocido.

—¿Rastreo?

—Imposible.

Otra vez.

Como siempre.

La pantalla mostraba un sobre negro.

Sin remitente.

Sin firma.

Sin huellas.

Solo un mensaje.

Una sola frase.

“El rey protege su corona. Nosotros atacaremos su corazón.”

La habitación quedó en silencio.

Nadie necesitó preguntar qué significaba.

Todos entendieron perfectamente.

Era una amenaza.

Pero no contra el imperio.

No contra los negocios.

No contra los territorios.

Era una amenaza contra las personas cercanas a él.

Viktor observó la pantalla.

—Han cambiado de estrategia.

—Lo sé.

Respondió Aleksei.

—Quieren obligarte a cometer errores.

—Lo sé.

—Quieren provocarte emocionalmente.

—Lo sé.

Cada respuesta era más fría que la anterior.

Porque la ira comenzaba a crecer dentro de él.

Una ira silenciosa.

Peligrosa.

—Incrementen la seguridad.

Ordenó.

—Nivel máximo.

Los agentes se pusieron en movimiento inmediatamente.

—Protección adicional para Anastasia.

—Sí, señor.

—Duplicar la vigilancia en todas nuestras propiedades.

—Entendido.

—Y quiero un equipo discreto siguiendo a Danna.

El silencio apareció durante un instante.

Era la primera vez que mencionaba su nombre en una reunión de seguridad.

Pero nadie hizo comentarios.

Porque todos comprendían la situación.

Horas después.

Danna caminaba por el centro de la ciudad sin saber nada de lo ocurrido.

Sin saber que varios agentes encubiertos vigilaban discretamente la zona.

Sin saber que acababa de convertirse en una posible pieza dentro de una guerra que ni siquiera conocía.

Mientras tanto, en la universidad, Aleksei apenas podía concentrarse.

Por primera vez en mucho tiempo, algo estaba afectando su juicio.

No era miedo.

Era preocupación.

Y aquello era mucho más peligroso.

Cuando terminó la última clase, encontró a Danna sentada cerca del lago.

Dibujando.

Como siempre.

Ella sonrió al verlo acercarse.

—Hola.

—Hola.

Danna inclinó la cabeza.

—Te ves preocupado.

Aleksei guardó silencio.

—¿Pasó algo?

La pregunta era sencilla.

La respuesta no.

Porque no podía decirle la verdad.

No podía decirle que una organización internacional había amenazado indirectamente a las personas que amaba.

No podía decirle que estaba en peligro.

No podía decirle quién era realmente.

—Solo estoy cansado.

Mintió.

Danna lo observó unos segundos.

Más de los que le gustaban.

Porque parecía estar intentando leerlo.

Y cada vez lo conseguía mejor.

—No eres muy bueno mintiendo.

Dijo finalmente.

Aquella frase sorprendió a Aleksei.

—¿Perdón?

—Cuando mientes miras hacia otro lado.

Por primera vez en mucho tiempo…

Aleksei no supo qué responder.

Y eso hizo sonreír a Danna.

—Lo sabía.

Por unos momentos lograron reír.

Pero incluso entonces…

La amenaza seguía presente.

Invisible.

Esperando.

Esa misma noche.

En una ubicación desconocida.

El anciano líder de la coalición observaba nuevas fotografías.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.