El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

Jaque

Capítulo 20

La noche de las sombras había terminado.

Pero para Aleksei Volkov-Moretti, la verdadera partida acababa de comenzar.

Durante cuarenta y ocho horas seguidas, la sala de estrategia permaneció encendida.

Analistas entrando.

Analistas saliendo.

Pantallas cambiando constantemente.

Miles de datos cruzando fronteras.

Y en el centro de todo…

Aleksei.

Sin dormir.

Sin descansar.

Sin apartar los ojos del tablero.

Porque ahora tenía algo que antes no poseía.

Una pista.

La huella dejada por el enemigo.

—¿Estás seguro?

Preguntó Viktor.

Aleksei amplió varios mapas digitales.

—Míralo.

Los presentes observaron la pantalla.

Al principio no entendieron.

Luego comenzaron a verlo.

Cada ataque había sido ejecutado por grupos diferentes.

Diferentes países.

Diferentes organizaciones.

Diferentes métodos.

Pero todos habían utilizado exactamente la misma secuencia de comunicación durante los últimos seis minutos previos a la operación.

Una coincidencia imposible.

—Alguien los coordinó.

Murmuró Anastasia.

—Exacto.

Respondió Aleksei.

—Y cometió el error de utilizar la misma estructura en todos los ataques.

La sala quedó en silencio.

Porque acababan de encontrar el hilo que conectaba toda la red.

—¿Quién es?

Preguntó uno de los comandantes.

Aleksei observó la pantalla.

—Todavía no lo sé.

—Pero sé dónde está.

Las siguientes horas fueron una tormenta.

Equipos movilizados.

Operaciones encubiertas activadas.

Contactos despertados en varios continentes.

Información comprada.

Información robada.

Información arrancada mediante amenazas.

El Fantasma había comenzado su contraataque.

Mientras tanto…

En una lujosa mansión de Europa Oriental.

Un hombre observaba tranquilamente una copa de vino.

Era uno de los estrategas encargados de coordinar los ataques contra el imperio Volkov-Moretti.

Y estaba convencido de que habían ganado la iniciativa.

No sabía que estaba equivocado.

A las 2:17 de la madrugada.

Su teléfono sonó.

—¿Sí?

Nadie respondió.

Solo se escuchó una respiración.

Luego una voz.

Fría.

Controlada.

Peligrosa.

—Jaque.

La llamada terminó.

El hombre se puso de pie inmediatamente.

El miedo recorrió su espalda.

Porque conocía aquella voz.

Había escuchado grabaciones.

Había escuchado historias.

Había escuchado leyendas.

Y todas hablaban del mismo hombre.

El Fantasma.

—¡Activen seguridad!

Gritó.

Pero ya era tarde.

Muy tarde.

A cientos de kilómetros de distancia.

Tres de sus cuentas secretas acababan de ser vaciadas.

Dos de sus principales aliados habían sido arrestados por información filtrada anónimamente.

Y una de sus rutas financieras había desaparecido.

Todo al mismo tiempo.

Todo perfectamente coordinado.

Era exactamente el mismo tipo de ataque que habían usado contra Aleksei.

Solo que ejecutado mejor.

Mucho mejor.

En la sala de estrategia.

Las noticias seguían llegando.

—Objetivo uno neutralizado.

—Objetivo dos comprometido.

—Objetivo tres aislado.

—Objetivo cuatro sin capacidad operativa.

Los comandantes observaban impresionados.

Porque estaban presenciando una de las mayores demostraciones de estrategia de los últimos años.

Aleksei no estaba atacando al enemigo.

Estaba destruyendo la capacidad del enemigo para coordinarse.

Era una diferencia enorme.

Viktor sonrió.

—Tu padre hacía exactamente lo mismo.

Aleksei no respondió.

Pero escuchó aquellas palabras.

Porque entendía la lección.

No se gana una guerra destruyendo soldados.

Se gana destruyendo la estructura que los une.

Esa misma noche.

Los líderes de la coalición comenzaron a recibir malas noticias.

Una tras otra.

Operaciones fallidas.

Pérdidas financieras.

Agentes descubiertos.

Contactos desaparecidos.

Y todos los caminos conducían al mismo responsable.

Aleksei Volkov-Moretti.

En la reunión de emergencia de la coalición, el ambiente era tenso.

—¿Cómo hizo esto tan rápido?

Preguntó uno de ellos.

—Porque encontró algo.

Respondió el anciano líder.

—¿Qué encontró?

El anciano observó los informes.

Su expresión era sombría.

—Nuestro error.

El silencio llenó la sala.

Porque comprendieron algo aterrador.

Habían atacado al hombre más peligroso del tablero.

Y le habían dado una pista.

Mientras tanto.

La madrugada llegaba a su fin.

Aleksei observaba el mapa mundial.




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