El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

La Decisión

Capítulo 22

El silencio dominó la habitación.

Nadie se atrevía a hablar.

Ni Anastasia.

Ni Viktor.

Ni siquiera Aleksei.

Danna permanecía inmóvil.

Sus ojos seguían fijos en él.

Como si intentara reconocer a la persona que tenía delante.

Porque todo lo que creía saber había cambiado en una sola noche.

El estudiante reservado.

El hombre que la acompañó bajo la lluvia.

El joven que escuchaba sus problemas.

El hombre que la hacía sonreír.

Y el Fantasma.

Ahora sabía que eran la misma persona.

—¿Desde cuándo?

Preguntó finalmente.

Su voz era apenas un susurro.

—Desde siempre.

Respondió Aleksei.

La respuesta dolió.

Mucho más de lo que esperaba.

Porque significaba que desde el primer día él había conocido la verdad.

Y ella no.

—¿Entonces todo fue una mentira?

Aleksei sintió el golpe de aquellas palabras.

—No.

—¿No?

—Lo que sentí contigo jamás fue una mentira.

Danna apartó la mirada.

Porque una parte de ella quería creerle.

Y otra parte estaba herida.

—Debiste confiar en mí.

Aquella frase atravesó todas las defensas de Aleksei.

Porque era verdad.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

Aleksei guardó silencio unos segundos.

Y luego respondió con honestidad.

—Porque tenía miedo.

Aquella respuesta sorprendió a todos.

Incluso a Anastasia.

Porque pocas veces había escuchado a su hermano admitir algo así.

—¿Miedo?

Preguntó Danna.

—Sí.

Aleksei la observó directamente.

—Miedo de que te alejaras.

La sinceridad de aquellas palabras hizo que el corazón de Danna se estremeciera.

Porque por primera vez veía algo que nadie más veía.

No al líder.

No al estratega.

No al Fantasma.

Veía al hombre.

Pero el dolor seguía allí.

—Necesito tiempo.

Dijo finalmente.

Aquellas palabras hicieron que la habitación quedara en silencio.

Porque todos sabían lo que significaban.

Danna se giró.

Y caminó hacia la salida.

Sin embargo, antes de cruzar la puerta se detuvo.

—Una última pregunta.

Aleksei levantó la mirada.

—¿Cuál?

Danna respiró profundamente.

—Si hubieras podido elegir…

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—¿Me habrías contado la verdad?

La pregunta golpeó más fuerte que cualquier enemigo.

Porque no tenía una respuesta perfecta.

Solo una respuesta sincera.

—Sí.

Danna permaneció inmóvil.

—Pero quería hacerlo cuando pudiera protegerte de las consecuencias.

Ella cerró los ojos.

Y durante unos segundos no dijo nada.

Luego salió de la habitación.

La puerta se cerró lentamente.

Y Aleksei sintió algo que rara vez experimentaba.

Impotencia.

Aquella noche fue larga.

Demasiado larga.

Danna caminó sola por la ciudad.

Intentando ordenar sus pensamientos.

Todo parecía confuso.

Por un lado estaba la mentira.

Por otro lado estaban los recuerdos.

Las conversaciones.

Las risas.

La lluvia.

Los momentos compartidos.

Nada de eso había sido falso.

Ella lo sabía.

Y precisamente por eso tomar una decisión era tan difícil.

Mientras tanto…

En la mansión.

Anastasia encontró a su hermano en el balcón.

Observando la oscuridad.

—¿Crees que volverá?

Preguntó.

Aleksei tardó varios segundos en responder.

—No lo sé.

Era una respuesta honesta.

Y eso la hacía aún más dolorosa.

—La amas.

Dijo Anastasia.

No era una pregunta.

Aleksei permaneció en silencio.

Pero aquella vez no negó nada.

Muy lejos de allí…

La coalición también recibía noticias.

Uno de sus informantes había confirmado algo importante.

Danna ya conocía parte de la verdad.

El anciano líder escuchó el informe atentamente.

Luego sonrió.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

Preguntó uno de sus hombres.

—Las emociones crean grietas.

Sus ojos brillaron con frialdad.

—Y las grietas rompen imperios.

Pero el anciano estaba cometiendo un error.

Porque creía que Danna era una debilidad.

Cuando en realidad estaba a punto de convertirse en algo mucho más peligroso.

La madrugada llegó lentamente.

Y en algún lugar de la ciudad, sentada sola en un banco frente al mar, Danna observaba las olas.

Pensando.

Recordando.

Decidiendo.

Porque ahora conocía la verdad.

Y la pregunta que debía responder era simple.

¿Debía alejarse del hombre que le había ocultado su identidad?

¿O quedarse al lado del hombre del que se había enamorado?

La respuesta definiría sus vidas para siempre.




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