El Jaque Mate del Fantasma: Imperio de Sangre

El Enemigo Despierta

Capítulo 24

La paz duró exactamente tres días.

Tres días en los que Aleksei y Danna pudieron respirar.

Tres días en los que el mundo pareció normal.

Pero las guerras no esperan.

Y los enemigos tampoco.

Era poco después de medianoche cuando todas las líneas de emergencia del Imperio Volkov-Moretti se activaron al mismo tiempo.

Las alarmas iluminaron la sala de estrategia.

Los analistas corrieron hacia sus puestos.

Las pantallas comenzaron a llenarse de información.

Y Aleksei supo inmediatamente una cosa.

Algo grande estaba ocurriendo.

Muy grande.

—Informe.

Ordenó.

Uno de los jefes de inteligencia levantó la vista.

Su expresión era grave.

—Acabamos de perder contacto con tres de nuestros informantes internacionales.

—¿Dónde?

—Uno en Shanghái.

La pantalla mostró el punto.

—Otro en Osaka.

Otro punto apareció.

—Y otro en Belgrado.

Un tercer punto iluminó el mapa.

Aleksei frunció el ceño.

Aquellos lugares estaban separados por miles de kilómetros.

No era una coincidencia.

—Continúa.

—También recibimos informes de movimientos inusuales.

Nuevos puntos aparecieron.

México.

Turquía.

Brasil.

Estados Unidos.

Hong Kong.

Italia.

La sala comenzó a quedarse en silencio.

Porque el mapa estaba llenándose demasiado rápido.

—¿Qué significa esto?

Preguntó Anastasia.

Nadie respondió inmediatamente.

Hasta que Viktor habló.

—Significa que alguien está reuniendo un ejército.

Las palabras cayeron como una piedra.

Porque todos comprendieron lo que implicaban.

No se trataba de una organización.

No se trataba de una familia.

No se trataba de una sola mafia.

Era algo mucho más grande.

Horas después.

La investigación continuó.

Y poco a poco comenzaron a surgir los nombres.

Nombres que llevaban décadas inspirando miedo.

Grupos criminales de Asia.

Organizaciones de Europa Oriental.

Sindicatos de contrabando internacionales.

Redes financieras clandestinas.

Carteles poderosos.

Familias históricas.

Por separado eran peligrosos.

Juntos eran aterradores.

—Es imposible.

Murmuró uno de los analistas.

—No.

Respondió Aleksei.

Sus ojos permanecían sobre el mapa.

—Es real.

Durante años aquellas organizaciones habían competido entre sí.

Habían luchado.

Se habían traicionado.

Se habían asesinado mutuamente.

Y sin embargo…

Ahora parecían estar cooperando.

Solo existía una razón para algo así.

Un enemigo común.

La puerta de la sala se abrió.

Uno de los agentes de inteligencia llegó apresuradamente.

Traía una carpeta.

Una carpeta que cambió todo.

—Acabamos de descifrar parte de los documentos recuperados en Siberia.

Aleksei levantó la vista.

—Habla.

El agente tragó saliva.

—El Círculo de Obsidiana no es una organización.

La sala quedó en silencio.

—¿Qué quieres decir?

Preguntó Viktor.

El hombre abrió la carpeta.

Mostrando decenas de documentos.

—Es una alianza.

Aquellas palabras paralizaron la habitación.

—Una alianza formada hace décadas.

—Creada para influir en conflictos internacionales.

—Mercados.

—Gobiernos.

—Y organizaciones criminales.

Cada nueva frase empeoraba la situación.

—¿Quién la dirige?

Preguntó Anastasia.

El agente negó lentamente.

—No lo sabemos.

—Los nombres fueron eliminados.

—Pero sabemos una cosa.

Todos lo observaron.

—La muerte de su padre aparece relacionada varias veces en los documentos.

El silencio fue absoluto.

Por primera vez.

La muerte de su padre quedaba conectada directamente con algo global.

Algo inmenso.

Algo que llevaba décadas oculto.

Aleksei observó el mapa.

Y comprendió finalmente la magnitud de lo que enfrentaba.

Todo este tiempo había pensado que estaba persiguiendo a un grupo de enemigos.

Pero estaba equivocado.

No era un grupo.

Era una red.

Una red extendida por todo el planeta.

Esa misma noche.

A miles de kilómetros.

En una sala privada protegida por la máxima seguridad.

Varias figuras observaban una enorme pantalla.

En ella aparecía una fotografía de Aleksei Volkov-Moretti.

Nadie hablaba.

Hasta que una voz rompió el silencio.

—Entonces ya lo sabe.

—Sí.

Respondió otra figura.

—¿Y ahora?

La persona sentada en la cabecera de la mesa observó la fotografía durante varios segundos.




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