El jardín de mentiras

Capitulo 1 la noche del asesinato

Dicen que la verdad siempre sale a la luz.

Lo que nadie te cuenta es cuántas personas pueden resultar heridas antes de que eso ocurra.

La primera vez que escuché el nombre de Valeria Montes aquel día, no imaginé que terminaría cambiando mi vida para siempre.

Era jueves.

Uno de esos días agotadores en los que los profesores parecían haberse puesto de acuerdo para llenar a los estudiantes de trabajos imposibles.

Estaba sentada en la biblioteca de la Universidad San Victoria intentando terminar un informe para la clase de Periodismo Investigativo cuando mi mejor amiga, Sofía, apareció frente a mí con dos cafés en la mano.

—Pareces un cadáver —dijo dejando uno de los vasos sobre la mesa.

—Gracias por tu apoyo emocional.

—Siempre para servirte.

Sonreí.

Sofía tomó asiento y comenzó a revisar sus apuntes.

A nuestro alrededor reinaba el silencio.

Solo se escuchaba el sonido de las hojas al pasar y el tecleo constante de los computadores.

Era una tarde completamente normal.

O al menos eso creía.

Hasta que la vi.

Valeria Montes.

Entró en la biblioteca con paso apresurado.

Llevaba el cabello recogido y una expresión extraña en el rostro.

Parecía nerviosa.

Asustada.

Algo que no era común en ella.

Valeria era la clase de persona que siempre parecía tener el control.

Segura.

Perfecta.

Intocable.

Sin embargo, aquella tarde era diferente.

Miraba constantemente por encima del hombro.

Como si temiera que alguien la estuviera siguiendo.

—¿La viste? —preguntó Sofía.

—Sí.

—Lleva días rara.

Volví a observarla.

Valeria se acercó a uno de los computadores del fondo.

Encendió la pantalla.

Tecleó algo rápidamente.

Luego imprimió varias hojas.

Y antes de marcharse guardó todo dentro de una carpeta negra.

Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron.

Y juro que vi miedo en sus ojos.

Miedo real.

Después desapareció.

Las clases terminaron cerca de las seis de la tarde.

El cielo estaba cubierto por nubes oscuras.

Se acercaba una tormenta.

Me despedí de Sofía y caminé hacia el estacionamiento.

Estaba buscando las llaves en mi bolso cuando escuché una voz detrás de mí.

—Camila.

Me giré.

Era Valeria.

Su respiración estaba agitada.

Como si hubiera corrido.

—¿Valeria?

—Necesito preguntarte algo.

—Claro.

Miró alrededor antes de acercarse.

—Si alguien quisiera ocultar algo importante... ¿qué haría una periodista?

Parpadeé confundida.

—¿Qué?

—Solo responde.

Su tono era urgente.

—Supongo que buscaría pruebas antes de que desaparezcan.

Valeria bajó la mirada.

Parecía estar pensando.

—¿Y si esas pruebas ponen en peligro a muchas personas?

—Entonces son más importantes todavía.

Durante varios segundos permaneció en silencio.

Luego asintió lentamente.

—Gracias.

Y se marchó.

Así.

Sin más explicaciones.

Me quedé observándola alejarse bajo las primeras gotas de lluvia.

Sin saber que aquella sería la última vez que la vería con vida.

Esa noche intenté concentrarme en mis tareas.

No pude.

La conversación con Valeria no dejaba de rondar en mi cabeza.

Algo estaba pasando.

Algo serio.

Y ella parecía estar atrapada en medio de ello.

A las once y treinta y ocho de la noche mi celular vibró.

Tomé el teléfono distraídamente.

Lo que vi hizo que mi corazón se detuviera.

Valeria Montes.

Un mensaje.

Fruncí el ceño.

Abrí el chat.

"Necesito hablar contigo. Es urgente."

Me incorporé de inmediato.

¿Qué estaba ocurriendo?

Respondí enseguida.

"¿Qué pasa?"

Pasaron varios minutos.

Nada.

Entonces llegó otro mensaje.

Uno que me hizo sentir un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo.

"Si mañana no aparezco, busca la verdad."

Mi respiración se cortó.

Leí la frase una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Esperando haber entendido mal.

Pero las palabras seguían allí.

Inmutables.

Amenazantes.

"Valeria, ¿de qué estás hablando?"

No respondió.

Intenté llamarla.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Directo al buzón.

Comencé a sentir un mal presentimiento.

Uno horrible.

Como si algo estuviera a punto de suceder.

A la mañana siguiente desperté con el sonido constante de las notificaciones.

Mi teléfono no dejaba de vibrar.

Tomé el aparato medio dormida.

Y entonces vi los mensajes.

Decenas de ellos.

En el grupo de estudiantes.

En redes sociales.

En chats privados.

Todos hablando de lo mismo.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

Abrí uno de los mensajes.

Y sentí que el mundo se detenía.

"Encontraron el cuerpo de Valeria Montes cerca del antiguo jardín del campus."

No.

No podía ser.

Leí la noticia otra vez.

Y otra.

Pero las palabras no cambiaron.

Valeria estaba muerta.

La misma chica que me había escrito horas antes.

La misma que me pidió buscar la verdad.

La misma que parecía aterrada.

La misma que había intentado decirme algo.

El teléfono resbaló de mis manos.

Y por primera vez comprendí que aquel mensaje no era una broma.

Era una advertencia.

Una advertencia enviada por alguien que sabía que iba a morir.

Y mientras observaba la lluvia caer tras la ventana, una pregunta comenzó a perseguirme.

¿Qué era tan importante que Valeria prefirió arriesgarlo todo antes que guardar silencio?

Porque estaba segura de algo.

Valeria no había muerto por casualidad.

Y tarde o temprano...



#5424 en Novela romántica
#741 en Thriller
#310 en Misterio

En el texto hay: misterio, romance, tracion

Editado: 01.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.