La lluvia no había dejado de caer desde la noche del asesinato.
Todo el pueblo parecía más gris.
Más triste.
Más silencioso.
Camila observó el ataúd blanco desde la última fila de la iglesia mientras intentaba controlar los nervios.
No podía dejar de pensar en el mensaje.
"Si mañana no aparezco, busca la verdad."
Aquellas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza.
Frente al altar, la fotografía de Valeria estaba rodeada de rosas blancas.
Sonreía.
Como si nada malo hubiera ocurrido.
Como si no estuviera dentro de aquel ataúd.
La madre de Valeria lloraba desconsoladamente.
Su padre permanecía inmóvil.
Con los ojos vacíos.
Camila sintió un nudo en la garganta.
Por un momento se preguntó qué habría pasado realmente aquella noche.
Porque algo no encajaba.
Y cada minuto que pasaba estaba más segura de ello.
Cuando terminó la ceremonia, la gente comenzó a salir de la iglesia.
Algunos lloraban.
Otros susurraban rumores.
Todos parecían tener una teoría diferente.
Camila caminó hacia la salida.
Pero entonces escuchó una conversación.
—Dicen que Valeria estaba asustada los últimos días.
—Mi hija dice que discutió con alguien.
—¿Con quién?
—Nadie lo sabe.
Camila se detuvo.
Escuchó atentamente.
Pero las mujeres se alejaron antes de decir algo más.
Afuera el aire era frío.
Las nubes cubrían el cielo.
Camila bajó los escalones de la iglesia cuando sintió una mirada sobre ella.
Levantó la cabeza.
Era el mismo chico que había visto durante la ceremonia.
Diego.
Estaba apoyado contra un árbol observándola.
Sin sonreír.
Sin apartar la vista.
Camila sintió un extraño escalofrío.
Era como si él supiera algo que nadie más sabía.
Minutos después volvieron a encontrarse.
Esta vez lejos de la multitud.
—¿Por qué me estabas mirando? —preguntó Camila.
Diego cruzó los brazos.
—Porque tú recibiste un mensaje de Valeria.
Camila palideció.
—¿Cómo sabes eso?
Diego sacó su teléfono.
La pantalla se iluminó.
Camila leyó las palabras.
"Si mañana no aparezco, busca la verdad."
Era exactamente el mismo mensaje.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
—No puede ser...
—Yo pensé lo mismo —respondió Diego.
—¿Por qué nos escribiría a nosotros?
—Eso es lo que intento descubrir.
Camila observó el teléfono.
Después miró a Diego.
Por primera vez sintió miedo.
Porque si Valeria les había enviado aquel mensaje a ambos...
Entonces sabía que algo iba a ocurrir.
Y si lo sabía...
Tal vez también sabía quién quería hacerle daño.
Esa noche, mientras revisaba nuevamente la conversación en su celular, Camila descubrió algo extraño.
Debajo del último mensaje había una notificación que no había visto antes.
Era un archivo eliminado.
Un archivo enviado por Valeria minutos antes de morir.
Pero alguien lo había borrado.
Camila sintió que la sangre se congelaba.
¿Quién había eliminado ese archivo?
¿Y qué contenía?
Sin perder tiempo tomó su teléfono y escribió a Diego.
"Necesitamos hablar. Acabo de encontrar algo."
La respuesta llegó apenas unos segundos después.
"Yo también."
Y por primera vez desde el asesinato, Camila comprendió que estaba entrando en algo mucho más peligroso de lo que imaginaba.
Editado: 01.07.2026