La lluvia comenzó a caer nuevamente.
Camila observó el lugar vacío donde minutos antes había estado la cadena.
No podía creerlo.
La única pista que habían encontrado había desaparecido.
—Esto no es normal —susurró.
Diego pasó una mano por su cabello mojado.
—Alguien nos siguió.
—Y sabía exactamente dónde estaba la cadena.
—Sí.
Los dos guardaron silencio.
Cada vez era más evidente que alguien estaba vigilando todos sus movimientos.
Al día siguiente, el colegio parecía diferente.
Más silencioso.
Más tenso.
La muerte de Valeria seguía siendo el único tema de conversación.
Camila caminó por los pasillos observando a los estudiantes.
Algunos lloraban.
Otros susurraban rumores.
Y unos cuantos evitaban hablar del tema por completo.
Como si tuvieran miedo.
Durante el descanso decidió acercarse al casillero de Valeria.
Todavía estaba cerrado.
Cubierto de flores.
Fotografías.
Cartas.
Y mensajes de despedida.
Camila observó cada detalle.
Hasta que algo llamó su atención.
Entre las flores había una pequeña tarjeta doblada.
Parecía diferente a las demás.
La tomó discretamente.
La abrió.
Y sintió que su corazón se aceleraba.
Solo tenía una frase.
"El jardín guarda la verdad."
Nada más.
Sin firma.
Sin fecha.
Sin explicación.
—¿Qué encontraste?
Camila dio un salto.
Era Diego.
—No hagas eso.
—Perdón.
Camila le mostró la tarjeta.
Diego la leyó varias veces.
—El jardín guarda la verdad...
—¿Qué significa?
—No lo sé.
—Pero alguien quería que la encontráramos.
Diego asintió.
Y por primera vez desde que se conocieron, sus ojos se encontraron durante varios segundos.
Demasiados segundos.
Camila apartó la mirada primero.
Sintiendo las mejillas calientes.
Pero aquel momento duró poco.
—¡Diego!
Una voz femenina interrumpió el silencio.
Los dos se giraron.
Una chica rubia caminaba hacia ellos.
Alta.
Elegante.
Y demasiado segura de sí misma.
Cuando llegó junto a Diego, lo abrazó sin siquiera mirar a Camila.
—Te estuve buscando toda la mañana.
Diego pareció incómodo.
—Hola, Sofía.
Camila frunció el ceño.
¿Sofía?
La chica sonrió.
Pero la sonrisa no llegó a sus ojos.
—¿Y ella quién es?
—Camila —respondió Diego.
—Ah.
Sofía la observó de arriba abajo.
Como si la estuviera juzgando.
—He escuchado hablar de ti.
Camila no respondió.
Algo en aquella chica le producía desconfianza inmediata.
Cuando Sofía finalmente se marchó, Camila cruzó los brazos.
—¿Quién es?
Diego suspiró.
—Mi exnovia.
—Oh.
—No es lo que parece.
—No dije nada.
—Pero lo pensaste.
Por primera vez, Diego sonrió.
Y aunque Camila intentó evitarlo...
Ella también.
Sin darse cuenta de que alguien los observaba desde el otro extremo del pasillo.
Alguien que apretó los puños al verlos juntos.
Y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantener ocultos los secretos que rodeaban la muerte de Valeria.
Editado: 01.07.2026