El jardín de mentiras

Capitulo 6 la primera pista

Camila no pudo dejar de pensar en la tarjeta.

"El jardín guarda la verdad."

La frase se repetía una y otra vez en su mente.

Mientras caminaba hacia su casa después de clases, sentía que estaba olvidando algo importante.

Algo relacionado con Valeria.

Algo que había visto antes.

Pero no lograba recordar qué era.

Esa noche, Diego la llamó.

—Necesito mostrarte algo.

—¿Ahora?

—Sí. Es importante.

—¿Dónde estás?

—Frente a tu casa.

Camila miró por la ventana.

Y allí estaba.

Esperándola.

Diez minutos después caminaban juntos hacia el antiguo jardín abandonado.

La luna iluminaba apenas el sendero.

Todo parecía más inquietante de noche.

Más oscuro.

Más peligroso.

—¿Qué querías mostrarme? —preguntó Camila.

Diego sacó una fotografía doblada de su bolsillo.

—La encontré entre las cosas de Valeria.

Camila tomó la imagen.

En ella aparecía Valeria sonriendo junto a tres personas.

Dos chicos.

Y una chica.

Nada extraño.

Hasta que observó el fondo.

Detrás de ellos estaba el jardín.

Y algo llamó su atención.

—Espera...

—¿Qué viste?

Camila señaló una esquina de la fotografía.

Había una pequeña estatua cubierta de rosas.

Y sobre ella estaba grabado un símbolo extraño.

Una rosa negra.

—He visto ese símbolo antes —dijo Diego.

—¿Dónde?

—En la cadena que encontramos.

Camila sintió un escalofrío.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Aquello no podía ser una coincidencia.

La cadena.

La fotografía.

La tarjeta.

Todo apuntaba al jardín.

Decidieron acercarse a la vieja estatua.

La encontraron después de varios minutos de búsqueda.

Cubierta de musgo.

Olvidada por el tiempo.

Camila pasó la mano sobre la piedra.

Y descubrió algo grabado detrás.

Unas iniciales.

V.M.

Valeria Montes.

—Esto era suyo —susurró.

Diego asintió.

—Pero ¿por qué?

Antes de que pudieran seguir investigando, un ruido los hizo sobresaltarse.

Un sonido metálico.

Muy cerca.

Ambos se giraron.

Y vieron una linterna apagarse entre los árboles.

Alguien estaba allí.

Observándolos otra vez.

—¡Corre! —gritó Diego.

Esta vez ambos salieron detrás de la figura.

La persona corría rápido.

Demasiado rápido.

Pero cuando estuvo a punto de escapar, tropezó.

Algo cayó al suelo.

Y la silueta desapareció entre la oscuridad.

Camila llegó jadeando.

Miró el objeto abandonado.

Era un llavero.

Pequeño.

Plateado.

Con una inscripción grabada.

Cuando leyó las palabras sintió que el corazón le daba un vuelco.

Porque pertenecía a una persona que conocía perfectamente.

Sofía.

La exnovia de Diego.

Y de repente, todas las sospechas comenzaron a apuntar hacia ella.



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En el texto hay: misterio, romance, tracion

Editado: 01.07.2026

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