Camila no dejó de pensar en el mensaje durante todo el día.
"Si quieres saber quién era realmente Valeria, ve al invernadero esta noche."
Lo leyó tantas veces que terminó aprendiéndolo de memoria.
Aunque el mensaje había desaparecido, seguía grabado en su mente.
A las nueve de la noche salió de casa.
No le contó a nadie adónde iba.
Ni siquiera a Diego.
Algo le decía que debía hacerlo sola.
Sin embargo, mientras caminaba hacia el viejo invernadero abandonado, una sensación incómoda la acompañó todo el camino.
Como si alguien estuviera observándola.
El invernadero estaba en las afueras del pueblo.
Llevaba años cerrado.
Las ventanas estaban cubiertas de polvo.
Y varias partes del techo estaban rotas.
La luna iluminaba apenas la estructura.
Camila respiró hondo.
Y entró.
El lugar estaba lleno de plantas secas.
Macetas rotas.
Y muebles cubiertos por sábanas viejas.
El silencio era inquietante.
—¿Hola? —preguntó.
Nadie respondió.
Solo el viento colándose por los cristales rotos.
Camila avanzó lentamente.
Mirando a cada lado.
Esperando encontrar a la persona que le había enviado el mensaje.
Pero no había nadie.
Entonces escuchó un ruido.
Un golpe.
Provenía del fondo del invernadero.
Camila caminó hacia allí.
Y encontró una caja metálica escondida debajo de una mesa.
El corazón comenzó a latirle con fuerza.
La abrió.
Dentro había fotografías.
Docenas de fotografías.
Todas de Valeria.
Algunas recientes.
Otras antiguas.
Pero había algo extraño.
En muchas de ellas aparecía la misma persona.
Sofía.
Camila comenzó a revisarlas.
Fiestas.
Excursiones.
Reuniones.
Sofía aparecía en casi todas.
Parecían inseparables.
Hasta que encontró una foto diferente.
Una donde ambas estaban discutiendo.
La imagen era borrosa.
Pero era evidente que estaban peleando.
Y detrás había una fecha.
Dos días antes del asesinato.
—¿Qué estás haciendo aquí?
La voz hizo que Camila soltara las fotografías.
Se giró rápidamente.
Y se quedó paralizada.
Porque frente a ella estaba Sofía.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Camila.
Sofía parecía nerviosa.
Muy nerviosa.
—Eso debería preguntarlo yo.
—Recibí un mensaje.
—¿Qué mensaje?
—Uno que me decía que viniera.
Los ojos de Sofía se abrieron.
Como si aquello la sorprendiera de verdad.
De repente se escuchó un fuerte golpe.
Las luces del invernadero parpadearon.
Y una sombra cruzó detrás de ellas.
Las dos se giraron al mismo tiempo.
Pero ya era demasiado tarde.
La figura desapareció.
Camila corrió hasta la salida.
No había nadie.
Solo oscuridad.
Cuando regresó al interior, Sofía estaba observando una de las fotografías.
Su rostro había perdido todo color.
—No puede ser...
—¿Qué ocurre? —preguntó Camila.
Sofía levantó la imagen con manos temblorosas.
—Esta foto no debería existir.
—¿Por qué?
Sofía tragó saliva.
Y por primera vez desde que la conocía...
Parecía realmente asustada.
—Porque la persona que tomó esta fotografía...
Murió hace tres años.
Y nadie sabe quién se quedó con su cámara.
Editado: 01.07.2026