El jefe, mi mayor error

Capítulo 41

Sara

 

 

Me tensé inmediatamente y apegué más a Danielle hacía mí ¿Qué padre podría dañar a su hijo sin importarle que consecuencia traería ese acto? Definitivamente John no era una persona cuerda.

 

No comenté mí opinión mientras hablaban. Lo único que pensaba era que me lo esperaba, con todo lo que me habían contado Magdalena y Ninoska del comportamiento de John, era algo de lo que podrías dudar, era algo predecible, mas no dejaba de sorprenderme.

 

- ¿Podremos tomar alguna acción legal contra él? –preguntó Ninoska. – ¿O podría ganar algún caso con el argumento de no estar bien psicológicamente hablando y por eso hizo lo que cometió contra Kennet?

-Sería lo mejor para él irse con ese cuento para no arriesgarse a sufrir cargos más graves. Ahora, lo que más me preocupa a mí en este momento es que él está suelto y podría atentar contra cualquiera de ustedes.

 

Magdalena paso sus manos por su rostro en un claro gesto de preocupación y observe como sus manos comenzaban a temblar, enseguida le recomendamos que se sentará. No podía imaginar cómo se estaba sintiendo en estos momentos. El hombre que alguna vez amo y quien era padre de sus hijos, había dañado gravemente a uno de ellos. No podía entender que había visto Magdalena en un hombre como John.

 

-No puedo creer que esa mierda haya venido a perturbar nuestra paz –se lamentó Ninoska. Tomó a Gabriel y se sentó a mi lado. - ¿Ahora tendremos que quedarnos encerradas hasta que aparezca?

-No sería una mala idea.

-Disculpa, pero yo lo haría –dijo Magdalena y nos miró a Ninoska y a mí. –Creo que por nuestra seguridad y la de los niños evitaría salir por cosas que no sean necesarias.

-Me da rabia tener que resguardarnos porque estamos amenazadas por ese demente. No es justo.

-No es justo, pero es necesario. Solamente será por un tiempo –replicó su madre.

-Podemos asignarles guardaespaldas –opinó Alan. –En especial a Sara que debe salir todos los días a trabajar.

 

Los tres se quedaron viéndome ante mí silencio durante toda la conversación.

- ¿Qué piensas, cariño? –pregunto Magdalena y posó una mano sobro la mía.

-Creo que –respiré profundamente –Estoy de acuerdo con ello.

-Claro que si –me sonrió, alargó su mano y acarició el cabello de Danielle, luego suspiró. –Por favor Alan, encárgate de asignar a una persona de confianza.

-Por supuesto, no se preocupen.

 

Alan se despidió y Ninoska lo acompaño hasta la salida. Luego, La rubia se asomó por la entrada de la sala.

 

-Comenzaré a preparar la cena, si quieren ayudarme las esperó en la cocina –expresó Ninoska y nos guiño el ojo.

 

Danielle estaba cayendo en un profundo sueño, mas sus ojos se resistían a cerrarse completamente. Los mellizos se mantenía entretenidos con sus juguetes.

 

- ¿Qué viste en John? –solté de repente. Cuando me di cuenta de lo que había dicho, de inmediato me arrepentí. –Lo siento…

-Yo misma me lo pregunto todos los días. Él siempre fue muy adulador y encantador, creo que eso termino por flecharme. Después me di cuenta que realmente no era así –susurró y acomodo un mechón de cabello rojizo detrás de su oreja. –Era el padre perfecto cuando nació Kennet, él corría cuando Kennet lloraba y nunca podía dejarlo sólo –río. –Así fue hasta que Kennet cumplió los seis años y luego unos meses después cuando nació Giancarlo él cambio totalmente, llegaba todos los días después del trabajo estando borracho o drogado.

>Nos separamos durante dos años debido a su comportamiento, luego él volvió prometiendo que cambiaría. Por unos meses fue todo perfecto nuevamente, hasta que quede embaraza de Ninoska y John volvió a ser el de antes, solamente que esta vez todo se agravaba cuando él regresaba a la casa, llegando a agredirme varias veces. Sabía que ese no era un buen ambiente para dos niños y un bebé en camino, no iba a permitir que mis niños vivieran eso, así que me fui.

>Me negué mirar hacia atrás, y dejé a familiares y amigos que negaban que John se comportará así. Desde ese día tuve que arreglármelas para mantener a mis hijos, estaba sola.

 

 

No me di cuenta que estaba llorando cuando sentí mis mejillas completamente húmedas por las lágrimas derramadas. Con algo de vergüenza pase la manga de mi suéter para secar mi rostro. Desde hace días que estaba muy sensible.

 

Magdalena era el claro ejemplo de que no necesitábamos a un hombre para criar a nuestros hijos y lograr surgir en la vida.

 

No podía imaginarme todas las adversidades que le toco enfrentar en su vida, y de las que ahora podía sentirse orgullosa de haberlas superado, convirtiéndola en la gran persona que es.

 

-Fuiste muy valiente en hacerlo –opiné aun con mi voz un poco ronca por el llanto. –Yo no hubiese tenido la fuerza que tú tuviste para comenzar de nuevo con tres pequeños.

-No tenía otra alternativa –se lamentó. –De ninguna manera iba a dejar a mis hijos con John. Peleé con uñas y dientes para darle a mis niños todo lo que necesitarán, y ahora yo me siento totalmente pagada viendo cuan exitosos son. Todo el sufrimiento valió la pena.

-Deberías estar orgullosa de todo lo que lograste, eres admirable.

-Lo estoy –sonrió apretando ligeramente mi mano. –Ahora que ya sabemos quién fue el responsable de este horrible hecho, solamente falta pedir por la salud de Kennet. Él es fuerte, saldrá de esta.

>Él no podría dejar a su adorada hija, ni a ti, Sara –dijo y levantó mi mentón hacía su rostro. –Kennet te ama con locura, puedo verlo en sus ojos cada vez que él te mira, nunca lo dudes. Pero mi hijo a veces puede ser un idiota sobre la manera que tiene de resolver los problemas, tenle un poco de paciencia.

 

 Asentí, agradecí cuando Magdalena me entrego un pañuelo para secar mis reciente lágrimas.




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