El Juego de Dos Reinos

Prólogo

Un hombre de cabello azabache y traje elegante entró a su estudio ubicado en la parte menos concurrida del palacio. Sus pasos se encaminaron a la gigantesca pintura que estaba colgada al lado de la ventana que daba al jardín.

Para ese entonces, la guerra entre los dos reinos ya había terminado, acabando con la victoria de uno y la vida de miles de personas.

El hombre suspiró y miró con cuidado el retrato de la mujer en la pintura. Era una mujer de cabello rojo brillante y de asombrosos y encantadores ojos azules. Estaba vestida con un hermoso vestido del mismo color que su cabello, que tenía adornos dorados y negros cubriéndolo. Realmente era una pintura asombrosa que lograba retratar la belleza de la mujer, pero lo mejor de todo era la miraba que lograba transmitir su feroz personalidad.

El corazón del hombre titubeó y se llenó de dolor cuando los recuerdos de su esposa fallecida lo embargaron.

Cuando sus ojos se llenaron de lágrimas y el dolor comenzaba a hacerse insoportable, sus piernas fallaron y terminó cayendo de rodillas frente a la pintura que los retrataba a los dos el día de su boda.

Sus dedos acariciaron el lienzo con delicadeza, deseando que en lugar de sentir los trazos del pincel, pudiera sentir la piel suave de su amada. Realmente deseaba poder sentirla y verla, al menos en sus sueños, quería sentir su calidez una vez más, pero era imposible, pues ella no aparecería más frente a sus ojos a menos que sea en una de todas las pinturas que decoraban todo el palacio.

 




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