El Juego Maldito (Ñahui)

A Las Tres De La Madrugada

Jeanine junto con Mirla estaban sentadas en el sillón que compro en una venta de garage. Mirla fue por unas palomitas de maíz mientras miraban una película. Tábata deseaba ver una película de terror, pero Mirla se opuso a ver una película de ese tipo ya que más tarde harían una tontería. Jeanine insistió que Mirla decida que película ver pero no contaron que la chica pondría un aburrido documental. Tábata al final decidió por quedarse con su teléfono y enviarse mensajes de texto con un joven abogado.


Tábata, es una chica muy liberal, alguien que no le importa meterse en problemas con tal de sentir el vibrante respiro de la vida. Es conocida por su par de amigas como "la chica que no puede retener parejas", cosa que a la misma Tábata no le interesa, su lema siempre ha sido: «Cámbialo si no es el indicado». Tábata es una joven universitaria de moda, entre telas y cocidos elabora vestidos que para los ojos de Mirla son indecentes y que muestran demás, no dejando nada para la imaginación. 


Por otro lado Mirla siempre es el cerebro de las tres, es la que piensa por lo menos tres veces la decisión que se debe de tomar y no es segura de si misma, siempre le ve los factores de riesgos y beneficios, y si los primeros son superiores a los segundos, tendrás una negativa por parte de ella.
Tábata cree que Mirla es una pobre chica aburrida que no sabe lo bueno de la vida. Ella nunca ha tenido un novio o pareja, y es muy común verla sola o que desaparezca sin que te des cuenta. Mirla estudia cine y le fascinan los documentales y las películas históricas; Tábata cree que para estudiar cine tiene un pésimo gusto por las películas y Mirla cree que Tábata no tiene el estilo como para algún día ser una diseñadora de modas brillante.
Dos chicas que no se soportan, pero que las unen una misma y sola persona, Jeanine.


Jeanine tiene un espíritu igual de liberal que Tábata para la toma de decisiones, pero también tiene ese sexto sentido que le permite saber que es lo correcto y que no, pero no tan extremo como el de Mirla.
Tábata y Jeanine se conocieron desde la escuela, desde ese día no se han separado y han jurado ser mejores amigas, mientras que con Mirla se conocieron en una exposición de la universidad, Tábata fue quien planto la semilla de la amistad y Jeanine quien la cosechó.


Jeanine miraba sus pies, con la esperanza de que la sacaran de ese profundo aburrimiento, pero era como ver algo estúpido, en sí prefería sus pies antes que el absurdo documental de Mirla.
El sonido de la televisión encendida inundaba al lugar. Eran las dos y treinta de la madrugada, Tábata había acomodado todo. Necesitaba unas velas, específicamente eran tres las que tenía que conseguir y trajo las que uso esa noche en la que jugó por primera vez. 
Un amigo de un familiar suyo llevó el juego, o mejor dicho se le explicó. No era tan difícil de entender o de conseguir los instrumentos, y eso provocaba que el juego sea sencillo y al mismo instante peligroso.


Se encargó de cerrar todas las puertas y obligó a sus amigas a entrar al dormitorio de la dueña del hogar, Mirla se resistió por un par de minutos pero Jeanine logró convencer a la insegura chica.
Tábata encendió las velas que sacó de su mochila, eran de tres colores diferentes, una roja, la otra negra y la última de un color púrpura. Saco una hoja y le pidió a Mirla que la corte como un triángulo.


La chica tomó las tijeras e hizo lo que su amiga demandó. De esa misma mochila, Tábata sacó los dos pedacitos de madera. La curiosidad de Jeanine la venció y miró que en las tablillas tenían escrito una palabra diferente en cada una. La una era Ari y la otra Mana.  Jeanine estaba muy segura que nunca había escuchado o visto esas palabras, pero lo pensó mejor y decidió preguntarle después a su amiga el significado. 
De la misma mochila sacó un vaso brillante, por un momento Tábata pensó en tomar uno de la cocina pero ese desconocido chico le dijo que era mejor con un vaso de aluminio o negro, o tal vez una tasa. Así que decidió tomar sin permiso el vaso de aluminio de su primo.


Mirla le dió el triángulo y esta tomó un marcador de tinta roja y tras del triángulo escribió la palabra «SUTIN» y a lado «ÑAHUI», por un momento esas palabras le provocaron miedo, no las había escuchado nunca. El triángulo lo puso en el suelo. Las velas encendidas fueron colocadas en cada uno de los extremos. 
Con muecas y raras señas demandaba que cada una de las chicas se coloqué en el espacio entre cada vela. Pero la única que logró entender fue Jeanine.


—¡Habla claro! —grito Mirla irritada y con sueño—. No me hables en lenguaje de señas.

—¿Te pongo subtítulos? —ironizó la chica con una coqueta sonrisa—. Ponte entre las jodidas velas.
Jeanine soltó una leve risita que provoco el enojo de Mirla y también un golpe en su brazo.


»—El juego es mucho más simple de lo que parece. Les explico —Mirla soltó un bufido muy pesado y llenó de cansancio—: Faltan casi siete minutos para que empecemos, el cuarto debe de estar completamente oscuro y antes de cinco minutos tenemos que poner una sonata muy especial. Necesitamos que esté completamente oscuro. Y estos pedacitos de tablillas son el secreto del juego, en cada una de los pedacitos y a los dos lados están escritos mana que significa no y Ari significa sí. Los metemos dentro del vaso de aluminio y hacemos una pregunta cualquiera, la que ustedes quieran. Y está nos contestará. El pedacito que quede sobre el triángulo es la respuesta y sí son dos palabras que caen del mismo lado, es mejor aún, la respuesta es segura. Pero si por rarezas, los dos pedacitos quedan en un mana y un ari sobre el triángulo es una señal que debemos terminar el juego, no me explicaron por qué. A nosotros nunca nos quedaron una de cada uno sobre el triángulo. Siempre fueron una encima del triángulo




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