Valeria ahora se encuentra entre la espada y la pared, nunca pensó que su primer día en la ciudad causaría un problema tan grave. No quiere ir a la cárcel, pero tampoco le parece bien que por su culpa los patrones echen del trabajo a su madrina.
Media hora más tarde, los señores se fueron a trabajar a la empresa. Hoy también es día de compras, así que la madrina tomó la lista y se marchó junto al chofer, no sin antes advertirle a la chica que no fuera a cometer ningún error, que si no quería estar en la cocina se fuera a la habitación, pero que no fuera a rondar la mansión por ningún motivo.
Había tantas cosas que preparar para el almuerzo, es por eso que la chica decidió quedarse en la cocina para avanzar por mientras llegaba su madrina. El teléfono en la cocina timbró, Valeria dudó en responder, pero luego se armó de valor creyendo que eran los patrones.
—¡Quiero agua, tráela de inmediato, por favor! —ordenó el joven Cristofer.
Valeria se estremeció, dejó de hacer lo que estaba haciendo y fue a la habitación de aquel fastidioso hombre que se está empeñando en hacer que ella esté a su completa disposición, aun conociendo el peligro que eso conlleva.
Suspiró al estar frente a la puerta del demonio, arregló su delantal y tomó impulso para ir a humillarse frente al hijo de sus patrones.
—Te he dicho que tengo prohibido verte. Mi madrina no está, y si alguien se entera de que yo he venido, serás el culpable. —se quejó.
—Yo sé que tu madrina no está y por eso te pedí que vinieras. —respondió con una sonrisa de lado.
—Tu agua está servida, me marcho si el joven de la familia no necesita más. —Ella lo dijo a modo de burla.
—No te he dicho que puedes salir.
—¿Por qué lo haces? —le cuestionó con tristeza.
Él sonrió en silencio.
—Tú comenzaste a meterte conmigo, ahora te aguantas o, si no, mis padres se enterarán de que me golpeaste sin razón alguna. ¿Y qué crees? En la cárcel no te visitará tu madrina. —Le amenazó.
—¿Qué quieres que haga para que ese incidente quede en el pasado? Ya te pedí perdón, te hice saber que no fue mi culpa, solo creí que eras un secuestrador.
—Esta noche habrá una fiesta, quiero asistir, pero tú me acompañarás.
—¡No lo haré!
—Si no lo haces, ya sabes cuáles serán las consecuencias. Por mí no hay problema, yo no pierdo nada.
Te espero a las 10 de la noche, a dos cuadras de la entrada a la propiedad. ¡Sal de mi habitación, ahora! —ordenó.
Valeria salió enseguida y al cerrar la puerta, pataleó furiosa. ¿Cómo cree ese idiota que ella saldrá por la noche arriesgándose a ser descubierta por su madrina?
Las horas transcurrieron y ella seguía nerviosa. Por la noche, a la hora de dormir, se acostó en su cama mientras su madrina descansaba en la otra, casi al lado de la suya. Quería dormir, pero no podía conciliar el sueño por estar preguntándose en su mente lo que hará; si hacerle caso al idiota o dejar que él revelase la verdad.
Finalmente, faltando diez minutos para la hora que el imbécil le mencionó, ella se vistió en silencio y salió sigilosamente de la casa de empleados. Se aseguró de que todas las luces en la mansión estuviesen apagadas y nadie estuviera rondando afuera.
Caminó a paso rápido con miedo a ser descubierta o que alguien viniera tras ella para hacerle daño. En la siguiente cuadra vio un auto estacionado, estaba con las vías encendidas; de inmediato lo reconoció; era el idiota que ya la estaba esperando.
—¿Por qué tardaste tanto? —le reclamó.
—No seas dramático, solo me he pasado diez minutos. —se defendió ella.
—Diez minutos son oro para mí. Sube, date prisa, que llegamos tarde.
—No necesito que me estés dando órdenes. —renegó ella, quedándose aún de pie.
—Entonces la princesa quiere que baje del auto, le abra la puerta, la tome en mis brazos y la acomode en el asiento, ¿eso es lo que quieres?
—No. —le respondió ella, y a continuación abrió la puerta y subió al lado de él.
—Escucha, iremos a una fiesta en la cual estarán mis amigos, por favor, compórtate como una persona decente.
—Está bien, pero ¿no crees que esto es demasiado estúpido de tu parte? Nunca he salido a una fiesta… nunca he tenido amigos que les guste salir a divertirse, no sé cómo van a reaccionar ellos y si te da vergüenza no es mi culpa.
Cristofer sonrió, la chica había salido mucho más tímida e ingenua de lo que se imaginó. Al llegar a la dichosa fiesta y, al ser el más popular del grupo, todos se le acercaron a él.
Sus amigos eran hijos de empresarios millonarios, algunos ya habían tomado el control en sus empresas y otros como en el caso suyo estaban a punto de hacerlo, solo que por su inmadurez, su padre no le permitía tomar el control de ellas hasta que formara una familia, él creía que solo así sentaría cabeza y tomaría en serio el tema de los negocios.
—Amigo, ¿pero quién es la chica que ahora te acompaña? —preguntaron los varones, refiriéndose a Valeria, mientras que las chicas la observan de mala gana, quizá hasta se sienten opacadas con su belleza y están celosas.
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Editado: 29.08.2026