Temprano en la aldea, ya se escuchaban rumores de que el Kageho había regresado.
—¿En serio el Kageho regresó?
—Sí, después de cinco años.
—¿Crees que haya regresado para quedarse?
—Se cree que solo vino a ver cómo se encontraba el Hokage.
Las conversaciones se repetían en distintos puntos de la aldea, siempre con el mismo tono tranquilo. No había sorpresa exagerada ni reproche alguno. Su partida nunca fue motivo de escándalo.
El Kageho se había marchado cuando tenía quince años.
Para entonces, el heredero al cargo ya contaba con la edad suficiente para comprender su posición. Aunque aún era joven, había demostrado la madurez necesaria para continuar su formación sin la sombra constante de quien había sido su guía desde la infancia.
Fue por eso que se le permitió decidir.
El Kageho solicitó apartarse de su rol, no por desacuerdo ni conflicto, sino porque había llegado el momento de tomar su propio camino. La decisión fue aceptada de manera formal y respetuosa. No abandonó su deber; simplemente lo concluyó.
—Se fue con permiso —comentaban algunos—.
—Nunca rompió ninguna norma.
Desde entonces, siguió un rumbo distinto, lejos del centro político de la aldea, mientras el heredero continuaba su ascenso.
Ahora, con veinte años, el antiguo Kageho había regresado.
Y el niño al que una vez acompañó ya no era un sucesor en formación, sino el Hokage, con apenas dieciocho años, ocupando el cargo que tantos habían esperado verlo alcanzar.
—El tiempo pasó rápido.
—Demasiado.
El regreso del Kageho no significaba una ruptura del pasado, sino un reencuentro con una etapa que ambos habían dejado atrás... aunque quizá no del todo.
No todos en la aldea comprendían realmente lo que implicaba haber ocupado ese título.
Un Kageho es un niño que fue seleccionado para acompañar y servir al futuro Hokage durante sus años de aprendizaje.
De edad cercana a la del heredero, el Kageho se elige para guiar el desarrollo del noble, tanto en términos académicos como sociales.
Por lo general, los Kageho suelen provenir de clanes influyentes, familias cercanas al poder de la aldea, o incluso de linajes que han servido directamente al Hokage durante generaciones...
...y reciben la misma educación que el heredero al cargo de Hokage.
Para alcanzar dicha posición, un niño debía poseer un sinfín de cualidades excepcionales.
Por esta razón, ser Kageho era una posición de privilegio que muchos deseaban.
Debía ser maduro, para así servir de ejemplo al heredero.
No podía ser frívolo...
ni arrogante.
Ni tampoco podía entregarse a sus deseos mundanos.
Su voz debía ser gentil y sosegada, pero a la vez debía exhibir firmeza y determinación.
Debía conocerse las normas del liderazgo de la aldea como la palma de su mano...
...y actuar siempre acorde a ellas, para convertirse en un modelo a seguir para el futuro Hokage.
Por lo tanto, el niño que se eligiera como Kageho no solo debía ser brillante...
...sino también íntegro, y poseer el valor suficiente para orientar al Hokage en la dirección correcta.
Para resumir, debía ser un prodigio entre prodigios, sin igual alguno capaz de superarlo entre todas las grandes aldeas que conformaban el mundo shinobi.
Editado: 25.01.2026