Lo primero que Sasuke hizo fue ir a ver a Naruto.
—El señor Sasuke ha venido a verlo —dijo un sirviente mientras lo hacía pasar.
Naruto, al verlo, se emocionó y comenzó a caminar hacia él con la intención de abrazarlo.
Pero Sasuke se percató.
Antes de que pudiera acercarse, hizo una reverencia.
Eso bastó para que Naruto se detuviera en seco.
—No hay necesidad de que me hagas reverencia —dijo mientras intentaba acercarse para tocar su hombro.
El consejero, al notar el gesto, intervino de inmediato.
—Señorito Hokage, no lo toque. El señor Sasuke viene con impurezas.
Naruto frunció el ceño.
—¿Impurezas?
Sasuke habló con tranquilidad.
—Se refiere a que no comparto su exquisito gusto por las mujeres.
La palabra no aludía a suciedad real.
Era solo una forma educada de insinuar que había regresado del exterior... y que sus preferencias no encajaban con lo que la corte consideraba "puro".
Naruto parpadeó, todavía confundido.
—Entonces... ¿vienes "impuro" por eso...? —murmuró, pensativo—. ¿Porque eres de los raritos...?
El silencio cayó al instante.
Apenas terminó de hablar, Naruto se dio cuenta de lo que había dicho.
Abrió los ojos.
—¡No! Espera, no quise decirlo así —se apresuró a corregirse—. No estaba insultándote, yo solo... yo...
Se rascó la nuca, nervioso.
—Siempre hablo sin pensar. Lo siento.
Sasuke lo observó en silencio.
Serio. Recto. Como siempre.
—No se preocupe —respondió con calma—. Estoy acostumbrado.
No sonó molesto.
Solo objetivo.
Como si fuera un hecho más.
— Son simplemente normas de la corte —añadió—. Nada que deba preocuparle, Hokage.
Naruto frunció el ceño.
—A mí sí me importa.
Naruto frunció el ceño.
—A mí sí me importa.
Sasuke seguía inclinado frente a él, manteniendo la reverencia sin moverse, como dictaban las normas.
Naruto suspiró.
—Ya basta... no tienes que hacer eso.
Dio un paso al frente y extendió la mano, con la intención de tomarlo del brazo y hacerlo incorporarse.
Pero antes de tocarlo—
—Señor Hokage.
El consejero intervino con firmeza.
—Le he dicho que no lo toque. El señor Sasuke aún porta impurezas del exterior.
Naruto se detuvo a mitad del movimiento.
—Solo iba a levantarlo —protestó—. Ni siquiera es para tanto.
—Aun así, no es apropiado.
La mano de Naruto quedó suspendida un momento, hasta que finalmente la bajó.
Sasuke permaneció inclinado, serio e inmóvil, respetando el protocolo como si nada de eso le afectara.
Tras unos segundos, Sasuke finalmente se incorporó.
El consejero dio un paso atrás, pero habló con firmeza:
—Ahora que se ha enderezado, mantenga la distancia. No se acerque más a la residencia hasta que se le autorice.
Sasuke asintió sin discutir.
—Entendido.
Naruto lo observó, todavía confundido.
—Entonces... ¿qué haces aquí?
Sasuke alzó la vista.
—Vine a verlo.
Naruto parpadeó.
—¿A mí?
—Quería comprobar cómo se encontraba. Han pasado varios años.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—También vine porque alguien que conozco ha dejado de responder mis mensajes. Supuse que debía estar ocupado, así que decidí presentarme personalmente.
El silencio se extendió un instante.
—Pero mi intención principal era verlo, Hokage.
Naruto no supo qué decir.
Sasuke continuó, sereno:
—Si me lo permite, me gustaría quedarme unos días en la residencia.
Sus ojos recorrieron brevemente el lugar.
La casa del Hokage no era pequeña. Era casi un complejo entero: amplios pasillos, patios internos, varias alas, habitaciones para sirvientes y visitantes.
—Hay espacio de sobra... puedes quedarte.
Sasuke inclinó levemente la cabeza, respetuoso.
—Gracias, Hokage. Le prometo que no ocasionaré ningún problema.
Naruto permaneció en silencio unos segundos, como si recordara algo de pronto.
—Ah... es cierto —murmuró—. Supongo que no te enteraste.
Sasuke lo miró.
—¿De qué?
Naruto se rascó la nuca, un poco torpe.
—Me casé.
La noticia salió más simple de lo que parecía.
—La ceremonia fue hace poco.
Sasuke no mostró sorpresa.
—Ya veo. Felicitaciones, Hokage.
—Gracias... —respondió Naruto—. Es Hinata.
Luego, como si acabara de tomar una decisión impulsiva, añadió:
—Ya que estás aquí... quiero que te quedes para el protocolo final.
Sasuke ladeó apenas la cabeza.
—¿Protocolo?
—Sí. Ya sabes... la confirmación formal del matrimonio.
Era una antigua norma de la residencia del Hokage.
Algunos sirvientes y consejeros debían estar presentes como testigos para certificar que el matrimonio había sido consumado, tal como dictaban las tradiciones de la aldea.
Nada público.
Solo ceremonial.
—Quiero que estés presente —dijo Naruto con naturalidad—. Como parte de la casa.
El consejero pareció sorprendido, pero no interrumpió.
Sasuke guardó silencio un momento.
Luego asintió.
—Entendido. Permaneceré.
Su voz fue tranquila, profesional.
—Si esa es su orden, estaré presente
Editado: 27.01.2026