El lado oscuro de la Luna

Capítulo 24

 

Un nuevo comienzo

 

Nunca se había sentido tan pleno como en el momento en que pudo decirle lo que llevaba tantos meses deseando, ella estaba tan cerca, el deseo de abrazarla y besarla y amarla era cada vez más fuerte…

—Layla si estás dispuesta... y espero con toda el alma que lo estés; quiero un nuevo comienzo... contigo, te amo, siempre te he amado

Layla solo lo miró...

—Puedes responder cuando estés lista —le dijo él.

—Ahora lo estoy...  —la miró, sus ojos verdes brillaban de una manera distinta.

—Adelante… —soltó él, sintiéndose sumamente nervioso.

—Cada vez que pensé en dejar de quererte supe que era imposible, así que no puedo decirte que me has dejado completamente herida y que no quiero verte de nuevo, porque… no creo que ninguna de esas cosas sea verdad, sin embargo, no quiero que esto se apresure, no quiero que por comenzar de pronto nos precipitemos y… sé que esto… es algo que hemos querido ambos por tanto tiempo y… vayamos lento, solo eso… —ella lo miró, sus ojos sinceros brillaban con la luz del sol.

Ella en medio de aquel jardín de su infancia, representando todas las posibilidades del futuro, era todo lo que quería recordar como el mejor comienzo de lo que sea que fueran a tener…

—Yo haré lo que pidas, haré lo que quieras que haga…

—Sólo quiero que seas feliz, que seamos… juntos —Daniel sonrió, la sonrisa más brillante y emocionada y se inclinó para abrazarla, ella rodeo sus hombros y cuando sintió sus labios apretarse contra la piel de su cuello se alejó.

—Muy lento… —soltó, recordándole la única parte que a Daniel le parecía tan difícil como dolorosa y cruel, porque en aquel momento, lo único que quería era ir todo lo rápido que los años los obligaron a ir lento.

Pero asintió, mirándola, sonriendo, se puso de pie y tendió la mano en su dirección, ella la tomo y lo miró de frente…

—Solo… un abrazo —soltó él y ella soltó una risita, consciente de lo que estaba causando en Daniel, rodeo su torso y posó su mejilla contra su pecho, mientras él la rodeaba.

Llenó su pecho del aire limpio en aquel jardín, imaginando que algún día, cuando fuesen tan viejos; él un poco más que ella, claro, tan viejos que necesitaran usar bastón, vivirían en aquella casa…

Se dio cuenta de que su madre asomaba la cabeza por la ventana y sonreía, cuando sus ojos chocaron ella sonrió, había estado tan emocionada cuando le dijo que moría por presentarle a la persona de su vida… ella le había repetido con voz triunfal que la idea de que fuesen amigos había sido suya y que merecía nietos por ello… como si fuese cuestión de solo desear.

Daniel rio de forma inconsciente y cuando ella lo miró y siguió la dirección de su mirada, Hildy levantó una mano en forma de saludo, sonriendo y Layla comenzó a reír también…

Aun cuando tenían un largo camino que recorrer, aun cuando había mucho que perdonar, hablar y sanar, jamás se habían sentido tan completos, aquel era el nuevo comienzo correcto que sus almas tanto anhelaban.

Ahí estaban por fin, libres de mentiras, dudas y negación, estaban viviendo y estaban frente a su gran amor, frente a su gran nuevo comienzo.




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