El discurso fue retransmitido en directo por casi todas las cadenas informativas.Durante varios minutos tras su conclusión, el mundo permaneció en silencio: las calles, los cafés, incluso las plazas públicas parecían suspendidas.Luego el rumor creció, una mezcla de asombro e inquietud.
Los mercados financieros se congelaron, después cayeron levemente antes de estabilizarse: el “shock LUMEN” fue breve.Pero las redes sociales estallaron: en menos de seis horas, la etiqueta #LUMENDay superó los cinco mil millones de menciones.Por primera vez en décadas, un mismo tema unía a toda la humanidad… pero no en una misma dirección.
La Unión Europea convocó de inmediato una reunión de urgencia en Bruselas.
La ESA, el CERN y el CNES confirmaron su adhesión al CICG.Los Estados miembros crearon células de vigilancia gravitacional con equipos mixtos militares y civiles. Se invitó a astrofísicos a los platós para divulgar nociones como “curvatura local del tiempo” y “halo atmosférico”.
Los gobiernos adoptaron un tono pedagógico:
“LUMEN no es una amenaza, sino una lección del universo.”
En Estados Unidos, la reacción fue más contrastada.
La NASA confirmó los datos del Centro de Vigilancia y anunció la instalación de una red de relojes cuánticos en todo el continente.Pero ciertos grupos evangélicos vieron en el acontecimiento la señal de la “segunda creación”.
Multitudes rezaron en las calles; otras se manifestaron contra “la injerencia de las Naciones Unidas en el plan divino”.
En América del Sur, varias universidades —Santiago, Quito, São Paulo— lanzaron un programa común de investigación: Proyecto Espejo Azul.
En China, el anuncio provocó una movilización científica sin precedentes: se reactivaron los observatorios de Yunnan y del Tíbet, y se fundó en Chongqing un centro dedicado a la gravimetría dinámica.Las autoridades difundieron un mensaje sobrio:
“El Cielo respira. Escucharemos su respiración.”
En Japón, la JAXA propuso coordinar la vigilancia orbital y poner a disposición la estación KAGRA para la red del CICG.Monjes budistas difundieron mensajes de serenidad, considerando el paso de LUMEN como un “retorno al equilibrio cósmico”.
Los gobiernos de Egipto, Sudán y Etiopía, largo tiempo en desacuerdo por el río, anunciaron una tregua y la creación de un consorcio científico del Nilo para proteger las zonas históricas susceptibles de reactivación, entre ellas Per-Baou y la región tebana.Las imágenes de reflejos azules sobre el río, difundidas por satélite, se volvieron emblemáticas: se formaron vigilias en las orillas, entre fervor y recogimiento.
En varios pueblos se informaron fenómenos luminosos discretos —pequeños halos efímeros— que los ancianos llamaron el Aliento regresado.
Los países del Golfo suspendieron temporalmente sus vuelos comerciales nocturnos en el corredor del desierto de Arabia.Las universidades de Al-Azhar y de Jerusalén publicaron un comunicado conjunto:
“La observación del Cielo no anula la fe: la ilumina.”
Un símbolo de apaciguamiento, saludado por la comunidad internacional.
El Kremlin no reaccionó públicamente.
Pero el CICG detectó señales radar de la red Oko-Lumen: Rusia vigilaba la trayectoria del MTN con precisión militar.
La prensa mundial habló de una “cita con el universo”.Los diarios más leídos sustituyeron sus portadas habituales por una imagen: la Tierra rodeada de un halo azul, sin títulos ni eslóganes.El Vaticano organizó una oración por “el equilibrio del mundo”, mientras el Dalái Lama publicó un texto titulado La luz que no debemos temer.
Músicos, pintores y cineastas se adueñaron del tema del “Aliento azul”. En las redes aparecieron miles de creaciones que mezclaban ciencia y mística.
Se instaló una extraña serenidad, atravesada por una angustia sorda.Las encuestas indicaban que el 72% de la población mundial consideraba el acontecimiento venidero “inevitable, pero no hostil”.
Al final de la primera semana, la fractura se delineó: algunos científicos hablaban de preparación racional, otros de preservación espiritual.Estados Unidos y Rusia contemplaron enfoques tecnológicos activos —“deflexión gravitacional” o “baliza de energía negativa”.
El CICG, respaldado por Anita Kern y el Centro de Vigilancia, se opuso con firmeza:
“No se neutraliza un fenómeno del tiempo. Se aprende a convivir con él.”
Por primera vez en siglos, el mundo entero compartía una misma espera.Ni guerra, ni crisis, sino un silencio suspendido entre dos latidos del cosmos.
Protocolo LUMEN — Fase de Aproximación
Los cálculos cruzados del CICG, confirmados por la red LIGO–VIRGO–KAGRA y por el Centro de Vigilancia de Darwin, indicaron con certeza, el 19 de noviembre de 2035, que el punto de mayor proximidad del MTN LUMEN-Δ1 se situaría a solo 3.800 kilómetros del centro de la Tierra, es decir, a unas decenas de kilómetros por encima de la corteza.Altitud exacta: 42 km, en vertical sobre el Main-Taunus-Kreis, región boscosa y densamente habitada cerca de Fráncfort.
La noticia cayó a las 09:14 UTC.
A mediodía, los mercados europeos cerraron.
El CICG activó el nivel de alerta gravitacional 4, umbral nunca alcanzado.
Los días siguientes estuvieron marcados por una tensión sorda, casi irreal.Los flujos de información, primero científicos, se volvieron emocionales.Fráncfort, metrópoli económica y corazón simbólico de Europa, se transformó en el foco de la atención planetaria.
Las imágenes satelitales mostraban ya una alteración atmosférica sobre el corredor renano: un tenue halo azulado, visible desde el espacio, que se desplazaba muy lentamente hacia el noreste, siguiendo el movimiento de rotación de la Tierra.Los físicos hablaban de un efecto de estela relativista: una onda precursora de la distorsión principal.