DEDICATORIA
A mi padre, mi cómplice fiel de las dos de la mañana. Me enseñaste que todo sirve en la vida y manejaste medio país para rescatarme en mi peor momento. Fuiste mi único roble, y aunque hoy lloro tu ausencia, tus raíces siguen vivas en mí.
A mis tres columnas: Sofía, Camila y mi pequeña pollita Lucía. Este libro es para ustedes. No les heredé riqueza material, pero les dejo mi dignidad intacta y la prueba viviente de que con esfuerzo se puede vencer cualquier tormenta.
A Carlos, mi esposo. El hombre de oro que se puso en segundo lugar por cuidar de mi padre y que jamás me ha soltado la mano en el barro.