Capítulo 2: El Título Solitario y el Vuelo hacia Carlos
Determinada a demostrar que su existencia tenía un valor, Salome ingresó a la universidad. Sin embargo, su madre buscó apagar su fuego una vez más: «¿Para qué vas a estudiar si no lo vas a lograr?», le sentenció. Esas palabras se convirtieron en el motor para demostrarse de lo que era capaz. Salome dividió sus días entre el trabajo pesado y las largas horas de estudio, cargando con el cansancio físico y el desprecio emocional. Lo logró. Se graduó con honores, pero el día de su licenciatura, la fila de asientos reservados para su familia permaneció vacía. Nadie asistió. Salome disfrutó de su logro en una soledad conocida, pero con el orgullo de haber vencido las predicciones de su madre.
Entonces, la vida le dio un giro hermoso. Salome conoció a Carlos, un hombre de mirada paciente que vio en ella la joya que su propia familia había ignorado. Se enamoró profundamente de él y, cuando llegó el momento de irse a su lado, dar el paso no le costó trabajo. No costó cortar el cordón umbilical porque, en realidad, ese lazo jamás había existido con su madre. El único dolor real fue dejar la casa de su padre, su raíz y protector. Sin embargo, la distancia física nunca apagó su conexión; él siempre estuvo ahí, recordándole que su amor no dependía de un techo compartido. Carlos llegó para ser el compañero que la sostendría mientras ella se preparaba para el papel más importante de su vida: ser la madre que ella nunca tuvo.